jueves, 19 de octubre de 2017

Cáncer de mama: Una historia de supervivencia.

Corría el año 1979 y le empezó a crecer un bultito que tenía en la mama izquierda desde hacía años y al que los médicos no le habían dado ninguna importancia.
Acudió al ginecólogo y sin ninguna prueba previa, era lo habitual, decidieron extirpárselo con anestesia local. Al estar despierta, escuchó perfectamente como el cirujano indicaba a su ayudante, que no estaba aislado y que había un racimo detrás, del que tiró sin ningún miramiento y cerraron.
Lo enviaron a anatomía patológica y, quince días después, cuando acudió a la consulta para que le retirasen los puntos, la enfermera, hablando en un susurro, mientras la mujer se vestía, le dijo a su acompañante que volviese a hablar con el doctor, a última hora de la tarde.
Porque en 1979, del cáncer no se hablaba y menos, con el paciente.
Las noticias eran las peores imaginables. En ese momento comenzó a moverse una maquinaria silenciosa para ponerla en manos de uno de los mejores.
Un 19 de marzo, día de San José, festivo, la operaron en un sanatorio privado, practicándole una cirugía impensable en el siglo XXI, en el mismo acto quirúrgico le hicieron una mastectomía de la mama izquierda, una histerectomía y le extirparon la cadena ganglionar.
Al durísimo postoperatorio, que superó con una entereza increíble, siguió la quimioterapia, una gran desconocida. Se ponía directamente en vena, y cuando digo directamente es que no se diluía en suero, ni se administraba mediante goteo. Era una inyección que se introducía despacito.
Los efectos, como ahora, muy malos. La única diferencia es que no perdió el pelo. De hecho, quisieron hacer un estudio del porqué pero, a esas alturas, no estaba para más pinchazos, ni para más estudios. 
Sesiones quincenales, durante seis meses. Ahí estaba el límite porque no se tenía certeza los efectos secundarios con más sesiones. Se revisaba mediante analítica los leucocitos y las plaquetas y, si no estaban demasiado bajos, el oncólogo daba el visto bueno para la siguiente.
Para poner un ejemplo de lo poco que se conocía de este tratamiento, en el hospital de Girona, en un desplazamiento de la paciente, por vacaciones, no sabían administrarlo, y tuvieron que llamar a Madrid para que les informasen del método a seguir.
Pero todo acabó y se pudo respirar…durante seis meses.
Un día se descubrió un tumor en la otra mama y acudió rápidamente al ginecólogo que la había operado. Esta vez sí hubo pruebas previas, una mamografía y una termografía, ambas privadas, porque la sanidad pública iba demasiado despacio.
Como el diagnóstico no estaba claro, se montó un operativo de película. Se extirpó el tumor, se llevó en coche particular al hospital Clínico para hacer una biopsia intraoperatoria de urgencia y, por una línea privada que el hospital había facilitado para evitar que estuviese ocupada, no existían los móviles, ni los correos electrónicos, confirmaron que era benigno y cerraron a la paciente, a la que mantenían sedada pero con anestesia local.
La protagonista de esta historia, murió treinta y cinco años después, fue una de las excepciones a las estadísticas.

¿Os dais cuenta lo importante que es prevenir, investigar, hacer donaciones económicas? Entre todos hemos conseguido dar la vuelta a las estadísticas y que ahora las excepciones sean las mujeres que no lo superan.

lunes, 16 de octubre de 2017

Un café a las seis con Pilar Muñoz


Conocí a Pilar a través de las redes sociales, por ser amiga de Mayte Esteban y de María José Moreno, a las que ya trataba desde hacía más tiempo.
La pude desvirtualizar en una presentación a la que acudió para dar una sorpresa a su amiga María José.

Me pareció cercana, como ya lo había intuido a través del ordenador. Con una voz quebrada, con fuerte acento cordobés, y una mirada dulce a través de sus gafas.

Hemos aprovechado una escapada que hace a Madrid para sentarnos tranquilamente delante de un café, en el hotel en el que se hospeda, muy cercano a mi casa, en el Madrid castizo, con la Puerta de Toledo a un lado y la Plaza Mayor al otro.

Son las seis en punto, buena hora para merendar y hacer un guiño a su último libro, «Un café a las seis».

Pilar ya me está esperando en la cafetería del hotel. 

Decidimos merendar unas tortitas con caramelo para Pilar, muy golosa, y una tostada para mí.

-Estás feliz por todo lo que te está ocurriendo con tu nuevo libro, eso se nota. ¿Por qué crees que ha tenido esa acogida tan buena?

-¿Porque es una historia preciosa?, ja, ja, ja. No, hablando en serio. Fíjate que en la mayoría de las novelas lo que más llega es la historia principal, pero en este caso, creo que lo que más impacto está teniendo es lo que envuelve a la historia, lo que hay detrás de ella en forma de profundas reflexiones y de recuerdos; sobre todo en lectores que ya cuentan con edad suficiente como para recordar con nostalgia su época de instituto y de juventud (tan diferente a la de los jóvenes de hoy) y que, además, ya han vivido lo suficiente como para detenerse a pensar cuántos sueños dejaron en el camino, cuántos les quedan por cumplir, si pudieron equivocarse al tomar determinadas decisiones, si han vivido sus vidas conforme a su manera de sentir o se han visto demasiado condicionados por otros. Y si todavía tienen la oportunidad de reconducir lo que haga falta para ser felices, si es que no lo son, claro. Esa empatía hacia la protagonista y sus sentimientos, esos recuerdos de antaño y, por supuesto, la bonita relación de amor que se cuenta en la novela es lo que está provocando esta buena acogida. 

-¿Por qué tomaste la decisión de presentarla al concurso de Amazon?

-Ya tenía la novela escrita y corregida en el mes de junio y mi intención era publicarla de cara al verano; primero, porque al ser una novela corta, se presta más a leerla en esta época en la que nos movemos tanto de un lado a otro, y segundo, porque se avistaban novedades de peso para septiembre y ya sabemos que la autoedición no puede competir con el despliegue promocional de las grandes editoriales. Así es que decidí sacarla en el mes de julio. Entonces me encontré con que Amazon, al final, convocaba de nuevo el concurso para este año. En un principio pensé no participar, porque no quería sufrir una experiencia negativa como ya habían tenido otros autores en años anteriores; pero luego me dije que no tenía por qué pasar nada si me mantenía al margen de cualquier posible polémica, y de esta forma, la novela podría tener una mayor visibilidad. 

-Estás haciendo presentaciones que, me consta, te cuestan dinero en cuanto sales de Córdoba. ¿Merece la pena?

-Que algo merezca o no la pena es una cuestión subjetiva. A mí me merece la pena defender aquello en lo que creo, y darle una mayor oportunidad de vida hablando de ello de tú a tú, en la cercanía. Una novela no es solo ese montante de páginas que se muestran al lector. También lo son los detalles, secretos, dudas, dificultades, virtudes y muchas anécdotas o experiencias que la enriquecen y que interesa conocer de boca de quien la ha creado. Si yo escribiera pensando solo en la rentabilidad, ya lo habría dejado, Almudena. No voy a decirte que no me importe, porque mentiría. Pero a pesar de ello, y aunque pueda sonar poco creíble, te diré que para mí escribir y publicar, hoy por hoy, es mucho más un acto de amor hacia las letras que un acto lucrativo, y la prueba es que todavía soy capaz de sacrificar lo segundo (como haré cuando venga a Madrid), pero lo primero no. 

-¿Se decide en familia el futuro de tus libros, la forma de publicarlos, la necesidad de viajar?

-No. Mi familia está al tanto de todo lo que ocurre por lo que yo le voy contando, por lo que voy compartiendo en casa, pero en cierta forma, se mantiene al margen de los entresijos de este mundo literario y de todo lo que sucede en él. Esta es mi pasión, no la suya. Así es que, cuando llega el momento de las decisiones, no tienen suficientes elementos de juicio para poder tomar parte en ellas.Eso sí, siempre tengo la suerte de contar con su apoyo, decida lo que decida, sin objeciones ni cortapisas.

-Se que tienes un grupo de personas, escritores y lectores, muy cercanos, a los que les consultas y que te ayudan en las correcciones. ¿Tienen más peso en tus decisiones literarias?

-Sin duda. Mi familia literaria no solo conoce en qué posición estoy y lo que yo veo, siento y quiero, sino que además conoce muy de cerca este mundo en el que nos movemos. Con todos esos elementos bajo el brazo, es sensato pedirle opinión y dejarme aconsejar si no lo tengo claro. 

-Siempre digo de ti que escribes con sentimientos en lugar de con palabras. ¿Eres una mujer tan sensible como se perfila en tus libros?

-Sí, hija, sí. Y no sé si es un defecto o una virtud. Por un lado, me gusta, porque me permite empatizar muy fácilmente con muchísimas personas y ponerme en multitud de situaciones hasta llegar a entenderlas, aunque no todas las acepte o las comparta, por supuesto. Pero por otro lado, siento que el sufrimiento es mayor. Porque esa misma empatía hace que me afecten los problemas o los sinsabores de los demás en mayor medida de lo aconsejable, y sobre todo cuando hay algún tipo de afecto por medio. En esos casos ya…, ni hablamos. 

-Tus relatos de mujer abordan muchos temas: amor, desamor, vejez, Alzheimer, amistad, violación, cáncer, muerte, maternidad, dolor… Seguro que me dejo alguno. ¿Piensas en personas concretas cuando los escribes?

-En alguno, tal vez lo haya hecho, aunque no lo haya escrito siguiendo fielmente la historia de esa persona; en otros muchos no, no tengo a alguien con nombre y apellidos en la mente cuando me siento a escribirlos. Pero son tan reales y tan propios de la vida cotidiana, que a poco que me mueva encuentro alguna, aunque sea anónima. 

-¿A qué llamas tú amor? Escenas de sexo, dime lo que se te venga a la cabeza.

-Un reto. Eso es lo primero que se me viene a la cabeza. Y como estoy súper a gusto aquí contigo, charlando y comiendo tortitas, pues te voy a contar el porqué, que creo que todavía no lo he hecho, al menos públicamente.

»Mira, a mediados de 2012, más o menos, escribí un relato para el blog que contenía una escena erótica. Que yo recuerde era de las primeras veces, si no la primera, que publicaba algo así, y recibió muy buena acogida. Después de ese, publiqué en Face algunos post del mismo tipo, aunque mucho más cortitos, escritos a medias con una autora de erótica como parte de un juego producto del aburrimiento, ja, ja. Y a primeros de 2013, en marzo o así, volví a publicar un relato erótico en el blog cuyo objetivo principal, para mí, era el giro inesperado y sorprendente que se producía al final. Sin embargo, cuando leí los comentarios, vi que los lectores no se limitaban a alabar el relato y la forma en que estaba escrito —sutil y elegante—, sino que me animaban a tomarme en serio ese género y a dedicarme a él «profesionalmente». Recuerdo entonces que en una conversación privada —de las que suelo mantener con mi familia literaria, como tú la llamas—, haciendo alusión a lo que había leído en esos comentarios, dije —en broma, por supuesto— que me estaba planteando que mi próxima novela fuera de corte erótico, no de ficción contemporánea como había sido la última. ¿Y qué paso? Pues que me dijeron que no era capaz. Porque no es lo mismo escribir una escenita para un relato que centrar toda una novela entera, y larga, en ese género y, además, publicarla. Y tenían razón. Pero lo que muchos no saben es que cuando alguien me dice «no eres capaz», destapa la caja de los truenos en el acto, porque me pierden los retos. Vamos, que viene a ser como el «Ábrete sésamo» de Alí Babá y los cuarenta ladrones. Sobre todo, cuando yo misma también lo dudo, porque intentarlo es la mejor manera de probarme a mí misma hasta dónde puedo llegar. Así es que empecé a crear una trama y cuando ya la tenía lista, aunque aparcada, llegó la editora (ajena a todo) preguntándome si tenía alguna novela erótica inédita y disponible para valorarla. Y ahí fue cuando me dije: «Maripili, esto es una señal, los astros se han confabulado para que este proyecto siga adelante».

»Y fui capaz.

-Los colores de una vida gris, impactante. ¿Cómo se te ocurrió?

-Una noche, mientras planchaba, estuve viendo un documental en televisión (de los que utilizan cámara oculta para poder grabar) en el que se mostraba cómo disfrutaban los fines de semana algunos de los hijos de gente adinerada. Muy adinerada. En aquel entonces (y hablo de hace al menos diez años), estos chicos salían los viernes por la noche con una media de seis mil euros en el bolsillo para gastar. Pero lo peor no era la cantidad de dinero de la que disponían para despilfarrar, sino el tipo de actividades en las que lo invertían, ocultas al resto de la gente que no formara parte de su círculo por amorales, ilícitas y repulsivas. Chicos venidos de vuelta de todo, con todas las facilidades del mundo para vivir a cuerpo de rey sin dar un palo al agua y, sobre todo, con necesidad de emociones fuertes, porque las del resto de los jóvenes de a pie ya se le quedaban enormemente cortas. 

»Di por hecho, claro está, que todo aquel que goce de un nivel económico elevado no tiene por qué ser ni actuar así; pero después de ver el programa y lo que sus protagonistas eran capaces de hacer, me paré a pensar cuánto y qué se cocería en círculos sociales inaccesibles sin que el resto lo supiéramos, en qué medida el dinero, el sexo y el poder pueden llevar a la inmoralidad y a la ilegalidad a personas aparentemente normales movidos, simplemente, por la diversión. Reparar en las dificultades que tiene una parte importante de la población para poder subsistir y compararlo con aquella vida carente de valores por completo me revolvió las tripas. De ahí surgió la idea. Hay quienes han criticado el planteamiento de mi novela por inverosímil. Yo, después de ver aquello —y de dar por hecho que lo que no se conoce no implica necesariamente que no exista—, no creo que lo sea. 

-¿Cuántos libros tienes guardados en el cajón?

-Una novela de ficción contemporánea. La terminé en enero de este año, antes de empezar a escribir Un café a las seis, y ahora la estoy depurando de nuevo para ver lo que hago con ella.

-Acabo de leer que te ha asaltado una idea y no has tenido más remedio que sentarte a escribir. ¿Qué me puedes contar?

-Bueno, tanto como sentarme a escribir... Desde que me asalta una idea hasta que pongo la primera palabra puede pasar mucho tiempo. Es cierto que en este caso ya tenía parte del trabajo adelantado en cuanto a argumento, trama, personajes..., pero había algo que no terminaba de cuadrarme y eso había hecho que la mantuviera guardada para más adelante. 

»El otro día saltó una chispa espontánea dentro de mi cabeza, una solución aparente que me empujó a sacar de nuevo el boli y la carpeta de apuntes. Y me entusiasmé demasiado. Pero hay quien me frena cuando me desboco, ja, ja, ja, y lo agradezco, porque las cosas con calma salen mejor. 

-Tu escritorio está en un rincón del dormitorio. ¿Es tu lugar habitual para escribir, o te llevas el portátil al salón?

-El escritorio que hay en mi dormitorio es compartido, así es que hay veces que lo pillo y veces que no. Lo mío es andar de ruta con el portátil;como el Camino de Santiago, pero en casa. Me lo llevo al salón y a cualquier otra parte donde lo pueda apoyar. Hasta he traspasado fronteras y me he ido a la calle con él. 

-Dos hombres en tu casa, tu marido y tu hijo. ¿Son muy diferentes?

-Son diferentes, sí. Tienen algunas cosas en común, claro está, pero en general, su carácter y su forma de ser son muy distintos. 

-Tu hijo, este curso, ya es universitario. ¿Qué consejo le has dado?

-Que luche por lo que le gusta, sin pensar demasiado en lo que pueda venir después. El pensamiento práctico ya le llegará con el tiempo, ahora está en edad de creerse los sueños y perseguirlos. Y si en algún momento se equivoca, reorientamos el camino y seguimos adelante con las opciones que tengamos. 

-Tu hija, dieciséis años, en plena ebullición. ¿Se parece a ti cuando tenías su edad?

-Sí, como la noche y el día, como el sol y la luna, como el este y el oeste, ja, ja, ja. Yo a su edad era radicalmente distinta, Almudena. Hay aspectos en los que me alegro de no haber sido como ahora es ella, pero en otros la envidio. Coincidimos en cosas puntuales, pero en carácter y forma de ser..., nada que ver. 

-Y luego está Carlitos…(tu perrito)

-¡Ay, mi baby, el pequeño de la casa! ¡Qué coraje me da que no me desgrave Hacienda por familia numerosa, porque es un miembro más, ja, ja, ja! Me da mucho trabajo, porque, como viene siendo común, las promesas iniciales hasta conseguir traerlo a casa se las ha llevado el viento. Pero ya le tengo muchísimo cariño, no podría estar sin él. 

-Eres una persona muy familiar, primero se fue tu madre y luego tu padre, demasiado pronto, ¿qué te gustaría decir?

-Siempre nos parece demasiado pronto, pero me queda la tranquilidad de saber que vivieron su vida y que, además, vivieron bien. Los quiero muchísimo. Por cómo fueron, por la relación que tuvieron entre ellos y porque supieron crear una familia que siempre estuvo y que sigue estando unida como una piña. En muchos aspectos, son para mí un ejemplo y también un referente. 

-Acabas de cumplir cincuenta años. ¿Qué balance haces de tu vida?

-Muy positivo, soy una mujer con suerte. No necesito grandes cosas para ser feliz y lo más importante lo tengo, o lo he tenido. ¿Quisiera haber hecho otras cosas? Pues sí. Pero a veces pienso que si me hubiera ocupado de hacer esas otras, me habría perdido las que sí he disfrutado, con lo cual es lo mismo, no se puede acaparar todo. Hace diez años descubrí carencias en mi vida personal y, al igual que hizo Raquel, frené en seco y en lugar de lamentarme, reconduje lo que hizo falta para completarla. Eso me llevó a este mundo de letras en el que ahora también soy feliz. ¿Podría tener más de lo que tengo? Pues sí, pero tampoco tengo carencias, al contrario: tengo un trabajo que no me falla, una familia maravillosa, unos amigos de los que me siento orgullosa, tiempo libre para disfrutar, sueños que perseguir y muchos momentos buenos que le ganan por goleada a los malos. ¿Se puede pedir más?

-Has escrito recientemente:

“El mar y yo. Aliados. Amigos. El rumor de sus olas, con sus idas y venidas incansables, me infunden calma, me llenan de paz. La brisa me regala sus caricias y yo respiro. Hondo. Todo se olvida, nada importa. Me sumerjo en instantes de irrealidad. Necesarios para renovarse y seguir luchando. Para seguir buscando sueños que nos aporten felicidad.”

-¿Porqué es tan importante el mar para ti?

-Pues no lo sé, igual en otra vida he sido sirena, vete tú a saber, ja, ja, ja. No sé por qué me atrae tanto, pero lo cierto es que me transporta cuando estoy cerca de él. En esos momentos en que no hay bullicio, me relaja muchísimo y me produce todas esas sensaciones que describo en ese fragmento que has recuperado tú. Me encantan esos momentos de soledad en los que puedo pensar a su lado, reflexionar, tomar decisiones mientras doy un paseo por la orilla con el airecito en la cara. Se me cae el estrés al suelo y solo siento paz. 

-¿Qué dirías sobre Córdoba?

-Que la llevo en el corazón. Que es preciosa. Que tiene un embrujo único con sus cientos de rincones en los que perderse. Que es hospitalaria, alegre, silenciosa, misteriosa, cómplice, hasta solemne, cada cosa en su momento. No la cambiaría por nada.

»(Pd. Y calurosa, seamos realistas, calurosa también, ja, ja, ja). 

-¿Te consideras buena cocinera? 

-No sabe/no contesta :)

»Es que tengo tan poco tiempo para dedicarlo a la cocina, que ni siquiera he podido experimentar lo suficiente como para decirte si tengo buena mano o soy un desastre. Hombre..., tanto como un desastre no soy, pero buena, lo que se dice buena... 

»Lo que hago, se puede comer, dejémoslo ahí. 

-¿Tu comida preferida?

-El cocido tal y como lo hacía mi madre, que es como ahora lo hago yo. 

-Imagino que cocido andaluz, con caldo y judías verdes, como lo hacían mi madre y mi abuela, cordobesas de Rute…

-Sí, pero no con el caldo blanco de aquí. Con huesos de jamón. Y sin verdura, que mis niños no la quieren, jajajajja

-Una banda sonora para tu vida.

-Uffff... Me gusta tanto la música y la tengo tan presente para todo, que mi banda sonora sería un recopilatorio triple, por la parte más corta. Elijo lo que escuchar según el momento y/o el estado emocional, así es que tengo montones y montones de situaciones y experiencias asociadas a piezas musicales que me despiertan recuerdos y me emocionan una y otra vez cuando las oigo. Imposible elegir una. 

-Eres una gran lectora pero ¿qué libros te impactaron más en tu juventud?

-Todos los relacionados con lo paranormal.

»Yo he leído muchísimo, pero tengo que decir que se me ha ido una parte importante de mi vida sin leer literatura de ficción, porque había otros temas que me interesaban bastante más. La juventud fue una etapa en la que cambié la ficción, que era lo que había venido leyendo en la infancia y en la adolescencia, por la lectura de revistas y libros divulgativos relacionados con todos estos temas; me atraían muchísimo y, de hecho, me siguen atrayendo: la posibilidad de que exista vida después de la muerte, la reencarnación, el fenómeno de las proyecciones y los viajes astrales, los espíritus (este siempre me ha dado yuyu), las desapariciones en el Triángulo de las Bermudas, el fenómeno OVNI, los estudios de la Sábana Santa de Turín... 

»Un libro que me impactó mucho en aquel entonces fue "El enviado", de J.J. Benítez. Y en cuanto a revistas, no me perdía un solo número de "Mas allá", del profesor Jiménez del Oso.

-Una película que recuerdes siempre.

-Ghost. Qué mal lo pasé, Almudena. Eso de que al pobre Sam lo mataran en la flor de la vida y ya no pudiera estar nunca más con su amada Molly... Qué sofocón :)

-Yo soy muy llorona en el cine y en Ghost creo que lloré hasta con hipo, que triste.

»Tus frases son preciosas, pero la que encabeza tu página literaria me parece la más bonita de todas:“Escribir es una bonita forma de acariciar el alma y el corazón de quien te lee”

»¿Eres romántica?

-Sí, lo soy. ¡Pero no una romántica ñoña, ¿eh?, nada de corazoncitos rosas, cuentos de hadas, ni ser tratada como una princesita dulce, no!

»Yo soy romántica de sentimiento. Me gusta disfrutar del amor, no solo saber que lo llevo dentro. Me gusta sentirlo y hacerlo sentir a través de un roce, una caricia, un gesto, una palabra, un detalle, una canción... Creo que no hay nada más bonito en el mundo que sentir un afecto, en lugar de imaginarlo. Eso sin contar con que la demostración de afectos no solo contribuye a mejorar las relaciones, sino también nuestro equilibrio emocional. 

-¿Como psicóloga, cómo ves a la juventud actual?

-Inmersa en un conflicto entre lo que creen ser y lo que son en realidad. Pero la culpa la tenemos, en gran parte, los padres. Dárselo todo hecho y ponerlo todo al alcance de su mano les está dando una falsa sensación de seguridad y control que en realidad no tienen, porque si se lo quitas, se desmoronan. No necesitan aprender cómo buscarse la vida y viven tan felices sin darse cuenta de que, en el fondo, son completamente dependientes, si no inútiles en muchos aspectos importantes de la vida cotidiana. Están inmersos en la cultura del consumo, de lo material, de la apariencia, y les cuesta mucho desligar lo que merece la pena y lo que no, lo que en realidad es importante y lo que no lo es, porque no contemplan, en su repertorio de valores, muchos de los que no pueden comprarse con dinero. Y tampoco están entrenados en la práctica del esfuerzo, porque nosotros, con tal de evitarles una frustración que en realidad es necesaria para su aprendizaje, no dudamos en empujarlos cuánto y cómo haga falta para que consigan aquello que quieren lo antes y con la mayor facilidad posible. 

»De cualquier forma, yo tengo esperanzas, soy optimista. Quiero pensar que conforme vayan avanzando en edad, irán ganando la madurez necesaria para aprender, aunque sea a destiempo, lo que ya deberían haber asimilado antes. Puede que con mayores decepciones e incluso dificultades, pero lo harán. 

-¿Y el peligro de adicción al móvil y a las redes sociales?

-El término "peligro" implica "amenaza" o "posibilidad". Y la adicción al móvil y a las redes sociales ya no es una posibilidad o una amenaza, Almudena, es una realidad, y muy extendida, por cierto. Así es que tenemos un doble problema: afrontar los efectos colaterales negativos de estar todo el día con la nariz metida en una pantalla y protegerlos de todo lo malo que se mueve a través de ellos, que es mucho. 

-¿Qué te da miedo?

-Me da miedo verme afectada por situaciones que no dependen directamente de mí, porque en tales casos, pierdo el control tanto para evitar lo indeseable como para solucionar los problemas que puedan surgir. A mí me gusta coger el toro por los cuernos cuando hace falta; ir a remolque me produce ansiedad. 

»También me da miedo ver sufrir a los que quiero. 

-¿Estaban ricas las tortitas?

-¡Buenísimas! Yo las hago en casa más de una vez, sobre todo en esas tardes de lluvia y frío en las que no apetece salir. A los míos les encantan. 

Hace rato que ya no tenemos café, ni merienda, ni agua. El camarero nos mira con cara de ¿qué se estarán contando?

-Lo tenemos intrigado, porque estamos aquí como dos cotorras, charlando sin parar, y lo mismo reímos que nos ponemos serias, ja, ja, ja. Podríamos haberle dicho que se sentara con nosotras, pobrecillo...

Nuestra conversación está llegando a su fin, todo lo bueno se acaba.

-Sabes que contigo se cierra el ciclo de entrevistas a mis tres brujas amigas, Mayte, María José y tú. ¿Quieres decirles algo?

-Sí, que tengan presente que soy la bruja con más caché de las tres, porque soy la única que tiene escoba, bola y un manual de hechizos . (Se ríe a carcajadas)

»Y que las quiero un montón. 

Son las ocho, las dos tenemos cosas que hacer y nos tenemos que despedir. Nuestra próxima cita está muy cerca, el día de la presentación en Madrid de “Un café a las seis”, el próximo 3 de Noviembre.

Ha sido un placer compartir merienda y conversación con Maripili. Si habéis llegado hasta aquí, conoceréis un poco mejor a Pilar, la mujer, pero no dejéis de conocer a Pilar Muñoz, la escritora.

Sus libros:





Su blog :




martes, 19 de septiembre de 2017

Tiempos de cambio


Vuelvo a Madrid después de vivir durante todo el verano en la Sierra.

Los cambios siempre cuestan, colocar todo, poner la casa a punto, llenar la despensa y, sobre todo, acoplarse a horarios y costumbres diferentes.

Pero en esta ocasión, me he encontrado con algunos que no esperaba.
Las modistas que tenían local al lado de casa, se han ido. Han buscado un lugar con más encanto para recibir a sus clientes, hacen los arreglos de Hugo Boss y visten alguna serie de televisión. Habrán pensado que mi calle no tiene glamour y se han mudado al barrio de Salamanca. Ahora ya no puedo pasar un momento a que me modifiquen un abrigo o me acorten un vestido, que siempre me están muy largos.

El bar de la esquina, en el que tomaba mi café desde hace más de treinta años, ha cerrado. Alfonso, el dueño, se ha jubilado. Hay obras, y se reabrirá en breve, pero ya no será lo mismo. Nos conocíamos, sabíamos de nuestras vidas, de nuestras familias.

La tiendecita de zapatillas, lencería y bañadores, liquida porque se traspasa. La dueña está mayor y no quiere seguir con el negocio.

La entidad bancaria a la que acudía habitualmente, se ha trasladado.

Eso sí, han inaugurado una cafetería que, por cinco euros la media hora, te permite merendar rodeada de gatos (no sé si la merienda está incluida)

En mi mundo virtual, las redes sociales, también ha habido cambios importantes.
Los grupos son complicados porque los integran personas muy diferentes y es difícil que se mantengan en el tiempo y eso es lo que ha ocurrido con los que yo tenía en wasap y en facebook. Movimientos de personas, cambios de nombre, ya veremos lo que nos depara el futuro.

Mis amigas en las redes, las de verdad, se quieren tomar un respiro porque se pierde mucho tiempo y tienen razón, quizás debería yo también poner un poco de distancia para hacer muchas cosas que tengo pendientes y que me ilusionan. Proyectos relacionados con escribir mis cosas, sin ánimo de nada, para divertirme y llenar mis espacios. También bordar baberos, que tengo varios niños de gente querida en camino y mi trenecito se ha convertido en un clásico.

Este año el otoño comienza el 22 de septiembre a las 22 horas y 2 minutos, todo doses.

Será una estación de cambios, no sólo en lo meteorológico. Espero poder contar, dentro de noventa días, que todos ellos han sido para mejor.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Tomando un refresco con Maria José Moreno

Conocí a María José Moreno, la escritora, leyendo “Bajo los tilos”, un libro que me cautivó y me llevó a querer saber más de esta autora, algo que hoy es relativamente sencillo gracias a las redes sociales.
Me cuenta Facebook, que nos hicimos “amigas” en enero de 2014. Podría haber quedado en un trato amistoso como tengo con tantos escritores a los que sigo, leo y admiro, pero con ella fue diferente.
Nos unen muchas cosas: una edad similar, su Córdoba natal es la Córdoba de mi madre y de mis abuelos, nuestro amor incondicional por la familia, el orgullo que sentimos hacia los hijos, nuestra ilusión por tener unas personitas que nos llaman abuela, y nuestra pasión por la literatura.
Hemos compartido grandes momentos, agradables conversaciones, nos hemos sincerado en infinidad de ocasiones, y hemos ido fraguando una amistad verdadera.

Siempre que María José viene a Madrid -mi viaje a Córdoba está pendiente- procuramos compartir unas horas en las que charlar a solas, o en compañía de amigas comunes.
En esta ocasión, hemos quedado para tomar un refresco en una de las cafeterías de la Estación de Atocha. Tenemos por delante dos horas hasta que salga el AVE que la llevará de vuelta a su casa y hemos decidido hacer de nuestra conversación una pequeña entrevista.
La veo llegar a lo lejos, menuda, sonriendo, con su maleta de viaje y un libro en la mano.
Como solemos “dialogar” por escrito, siempre me sorprende con su acento cordobés, suave, envolvente.

-¿Qué tal ha ido la Feria? ¡Qué rabia no haber podido acudir!
-No ha estado mal. No he arrasado, pero algunas personas se han acercado a conocerme después de leer la Trilogía del Mal. Aunque ya sabes que lo mejor es el reencuentro con la gente de Madrid, en ese sentido, te he echado mucho de menos.

-Estás viviendo un año sabático, porque necesitabas descansar de la dureza que supuso escribir “La trilogía del Mal”, por ese motivo no me apetece hablar de tus libros, si no de tu vida.
-Por mí genial, pero el año ya se ha cumplido y ya es hora de que me meta a escribir algo, porque creo que como lo deje mucho me va a acostar adentrarme. Se está demasiado bien sin hacer nada, jajaja.

-¿Qué supone para ti la familia, tu familia?
-La familia lo es todo. Sin ellos, no sería como soy y por ellos me levanto cada día con ilusión por seguir haciéndolo bien.

-Cuando tu hija decidió estudiar Medicina y, posteriormente, especializarse en Psiquiatría, como tú, ¿qué le aconsejaste?
-Lo cierto es que nunca le insistí para que estudiara Medicina. Es una carrera muy larga, dura y además se necesitaba una nota de Bachillerato y Selectividad muy alta para entrar. Durante muchos años estuvo debatiéndose por otras carreras hasta que en el último (creo que cuando supo que iba a sacar nota suficiente) ya  se decidió por Medicina. Por otro lado, me preocupaba que la estudiara en Córdoba. Como sabes yo soy profesara de la Facultad de Medicina y temía que sus compañeros le hicieran la vida imposible. Sin embargo, no fue así. Ella estudió más que el resto y supo labrarse el respeto entre ellos. A lo largo de la carrera, también dudó en qué especializarse, pero al final lo tuvo claro, sin que yo le dijera nada, que quería ser psiquiatra. Yo la mandé a la Unidad de Agudos del Hospital, la más dura, para que viera si de verdad le gustaba y vino encantada. En realidad, nunca he intervenido en sus elecciones. Creo que hay que dejar que ellos escojan por sí mismos, se equivoquen o no.

-¿Qué se te viene a la cabeza del día que acabó la carrera?
-Para mí fue muy emocionante porque yo hice la conferencia de clausura en el acto de imposición de becas. Recuerdo como la voz casi no me salía del cuerpo, tenía un nudo que me atenazaba la garganta. Veía su carita toda emocionada y me sentía tan orgullosa de que lo hubiera logrado y de manera tan brillante, que no cabía dentro de mí. Igual me pasó cuando leyó su Tesis Doctoral.

-Las dos hemos vivido, como madres, los nervios del examen de MIR, la elección de plaza, los duros años de residencia.
»¿Cómo valorarías el sistema de especialización de la Medicina en España?
-Todos los sistemas tienen fallos pero dentro de lo peor este es de lo mejor porque si estudias puedes tener una plaza asegurada. Otra cosa es que saques un número que te asegure la plaza en concreto que deseas. Por eso son muchos los que después de terminar una especialidad vuelven a examinarse para ver si consiguen obtener nota y hacer lo que ellos querían. Es cierto que los años de residencia son muy duros, pero creo que son a los únicos licenciados, ahora graduados, que les pagan por formarse.

-Si tuvieses que resumir en un corto recuerdo el día de la boda de tu hija, ¿qué me contarías?
-Su sonrisa de felicidad y el brillo de sus ojos, nunca los olvidaré.

-En tus libros plasmas anécdotas y vivencias del día a día. Tu despacho, el portero de la finca en la que tienes tu consulta privada, están reflejados en la Trilogía del Mal. ¿Te has planteado escribir algo que se desarrolle en la Facultad de Medicina, con los estudiantes, tus alumnos, de protagonistas?
-Hasta ahora no lo había pensado, pero igual algún día puedo planear un asesinato en el campus, eso daría mucho juego. Me has dado una gran idea jajaja.

-Si te digo, háblame del mar, ¿qué se te ocurriría?
-Para mí el mar es vida. Representa las vacaciones, la tranquilidad, el disfrute, escribir, leer, compartir con familia y amigos. No puedo pasar mucho tiempo sin verlo, así que me escapo cuanto tengo unos días libres.

-¿Y qué me dirías de Córdoba?
-Una ciudad preciosa que a veces no valoro demasiado por aquello de la costumbre y la rutina. Cuando acompaño a alguien que no es de aquí y recorro con ellos su calles, callejas y monumentos es cuando vuelvo a apreciar el valor tan inmenso que tenemos y lo afortunados que somos de compartir tantas culturas diferentes.

-Tus comienzos en las redes sociales, en Facebook en particular, fueron con la famosa Granja, FarmVille. ¿Cómo era la granjera María José? ¿Qué te hizo dejarla?
-¡Dios mío, qué recuerdos! Nos juntamos unos pocos amigos, algunos nos reencontramos por Facebook y otros los hicimos a partir de la granja. Estábamos hasta altas horas de la noche jugando. Éramos vecinos, nos cuidábamos unos a otros, nos inventábamos perfiles falsos en FB de granjeros para obtener más recursos y entre todo eso, compartíamos y nos echábamos unas risas, que era lo más divertido. El problema estaba en que la granja necesitaba mucha dedicación para tenerla en condiciones y yo tenía poco tiempo, ya había comenzado a escribir, por lo que al final tuve que sacrificarla en pos de la escritura. Pero nunca olvidaré aquella época. Fue muy especial.

-Leí en una entrevista, al poco de conocerte, que tu gran ilusión era ser abuela. Esa ilusión se vio satisfecha en diciembre de 2015, con la llegada de Alberto. ¿Qué es tu nieto para ti? ¿Cómo te ha cambiado la vida?
-Es verdad, recuerdo haberlo dicho. Pero, aquella ilusión no tenía nada que ver con lo que luego sentí cuando nació Alberto. Fue un instante, cuando vi salir del paritorio a mi hija con su hijo entre los brazos y cómo lo miraba, sentí como si un ciclo se hubiera cumplido. Emocionada y con lágrimas en los ojos disfruté de aquella visión y desde entonces esa personita se me ha metido tan dentro que me ha cambiado la vida por completo. Verlo por la mañana es mi alegría de cada día y hasta ahora he podido disfrutar de ese privilegio. Pienso continuamente en él y estoy deseando ver su sonrisa. Además ahora que ya es más persona e interacciona se disfruta mucho más de su compañía, aunque está hecho un pequeño terremoto. Te confieso que cuando mi hija se quedó embarazada deseaba que fuera una niña, pero ahora no cambio a Alberto por nadie.

-¿Cómo te llama?
-Me llama yaya J

-Me emocionó cuando publicaste el cuento “Pepe Pepino”. Eso sí que era romper todos los esquemas de lo que habías escrito hasta entonces. ¿Por qué lo escribiste?
-Escribí el cuento pensando en ese futuro nieto/a que anhelaba tener. Era una manera de que supiera que su abuela escribía y que siempre pudiera tenerlo a mano y recordarme. Mi idea y, aún no la descarto completamente, era hacer una serie con el personaje. No sabía lo difícil que era tener que compaginarlo con una ilustradora.

-¿Qué pensaste cuando la Reina Sofía lo compró para sus nietos en la Feria del Libro de Madrid?
-Cuando Ramón Alcaraz me escribió y me lo dijo, no me lo creía. Recuerdo que estaba en casa de Mercedes Gallego, nos había invitado a comer a Mayte Esteban y a mí. Según Mayte, puse una cara de boba inmensa. Ni en sueños lo habría imaginado. Pensé que igual era el tirón que necesitaba para darse a conocer, pero no fue así. Pepe Pepino no ha encontrado aún su sitio, confío en que algún día sea suficientemente apreciado.

-Cuando iba a nacer tu nieto, nos sorprendiste haciendo cosas preciosas para su canastilla. ¿Haces labores habitualmente?
-De siempre me ha gustado mucho la costura, el punto de cruz, el petit point y el punto de media. Recuerdo desde muy pequeña ponerme a coser junto a mi madre, mientras ella lo hacía y me enseñaba. Me encantaba hacer vainica doble, me salía genial. Lo último que he hecho fue la canastilla de Alberto y no creo que pueda hacer muchas cosas más. Tengo artrosis de las manos desde que los cuarenta años y últimamente ha avanzado muchísimo (cosas de cumplir años), ya casi no puedo escribir a mano, y el médico me ha prohibido que haga esfuerzos con ellas. De todas maneras si viniera otro nieto o nieta, a pesar del dolor, algo le haría.

-También te encanta cocinar, sobre todo con la Thermomix. ¿Cuál es tu plato preferido?
-La Thermomix me encanta porque me ahorra tiempo. Mientras la máquina cocina yo puedo seguir leyendo o escribiendo. Sin embargo, mi plato preferido son los huevos fritos con patatas, pimientos y chorizo. Tanto nos gusta que es la comida que hacemos, clásicamente, el día de Navidad que celebramos desde hace muchísimos con los amigos.

-Nómbrame hasta tres escritores que hayas leído en tu juventud y que consideres que te han influido.
-Daphne du Maurier el autor de Rebeca.
»Emily Brönte y su novela Cumbres Borrascosas
»Maxence van der Meersch con la novela Cuerpos y almas
»Todas estas novelas las he leído un sinfín de veces.

-¿Qué tipo de cine te gusta?
-Cualquier película que sea buena y que no solo me entretenga sino que me haga pensar.

-¿Que te gustaría que se supiese de ti, que no hayas contado?
-Soy una mujer inquieta, disfruto con todo y me encanta aprender. Creo que es una de las facultades humanas más importante que no cesa con la edad.

-Me voy a poner seria que queda poco tiempo para que nuestra charla llegue a su fin. ¿Qué proyectos tienes?
-Como sabes he estado un tiempo sin escribir después de terminar la Trilogía del Mal. Ahora he vuelto a retomar un personaje muy querido para mí, Baldomero Puerto Casillas, el protagonista de Vida y milagros de un ex. Estoy escribiendo una nueva aventura y planeando de qué manera darla a conocer. También tengo otras cosas en mente que prefiero guardarme hasta que haya algo más concreto.

-¿Qué suponen las dos brujillas Pilar Muñoz y Mayte Esteban en tu vida?
-Son mi apoyo y sustento en este complicado mundo literario en el que normalmente te encuentras muy sola. Nos ayudamos mutuamente a la hora de escribir con idea de hacerlo cada vez mejor y presentar un producto final cuidado; en los malos momentos (suele haber muchos) nos sujetamos entre las tres y nos alegramos de los triunfos que cada una va consiguiendo con gran esfuerzo. En definitiva son mis «amigas».

-¿Cómo ves el panorama editorial y de autopublicación?
-No lo veo bien, Almudena. La autopublicación ya no es como cuando yo autopubliqué Bajo los tilos. Amazon cada vez está más repleto de novelas por lo que hay una gran competencia y pocas ventas. Por otro lado, la publicación por editorial tampoco te asegura las ventas a no ser que des un «pelotazo» como yo le digo a mis brujillas. Es decir, una editorial de las grandes que apueste al 200% por ti. Muchos lo intentan pero muy poco son los escogidos.

-Además de tus libros, has acudido a todos los medios de comunicación para explicar el peligro de las redes sociales en niños y adolescentes y la presencia del Mal a nuestro alrededor. ¿Crees que has conseguido que estemos más atentos? ¿Tiene solución el problema o va unido a las nuevas tecnologías?
-Siempre que acudo a la radio o a la televisión como ha ocurrido desde que se ha publicado la Trilogía del Mal, intento no solo hablar de mi novela sino de la aquellos aspectos preventivos que intento trasmitir también con ellas. Como sabes cada una de ellas trata de  aspectos muy concretos del mal: el maltrato psicológico, los abusos sexuales en la infancia, la pedofilia y el ciberacoso. Todos estos problemas me preocupan mucho porque se dan con excesiva frecuencia y, a veces, ni nos damos cuenta de que están pasando a nuestro lado. Y respecto al problema de las redes sociales, lo que estamos penando es nuestra ignorancia. Todos, adultos y niños, tenemos que aprender a movernos con seguridad en este mundo tecnológico.

-¿Cuál ha sido tu última lectura?
-Acabo de terminar una novela que me ha gustado mucho porque está muy bien tramada, con unos personajes bien trazados y con mucha carga psicológica bien llevada, se titula Tan tuyo como tu muerte de Emili Bayo, de Versátil ediciones. Un thriller psicológico que te  recomiendo.

-En tu consulta de psiquiatría verás todo tipo de pacientes. ¿En algún momento has sentido miedo?
-Llevo más de treinta años de profesión y creo que solo en dos o tres veces me he sentido vulnerable ante un paciente. Al contrario de lo que pensamos, el enfermo mental no es agresivo a no ser que tenga alucinaciones o delirios. Mucho más agresiva es la gente normal.

-Ahora que está muy de moda escribir sobre el arrepentimiento de algunas mujeres después de vivir la maternidad, como mujer, ¿qué opinas sobre este tema?
-Yo nunca he creído en el instinto maternal. La maternidad debe ser un hecho responsable, de manera que cuando uno se decide a traer un hijo al mundo debe de ser consciente de todo lo que eso conlleva. Quien es madre y se arrepiente es porque no ha valorado todos los pros y contras de lo que supone ese hecho; suelen ser personas muy egocéntricas.
-Hay autores que ven un error que se cuente en las redes sociales cosas de la vida privada, que defienden que hay que limitarse exclusivamente a la promoción de sus libros. ¿Qué opinas?
-En realidad, los expertos advierten que nadie debe de hablar de su vida privada en las redes sociales. El problema está en que el clásico espacio público ha desaparecido a favor de un nuevo espacio privado (el de las redes sociales) en el que a veces se airea hasta lo más íntimo. Un escritor utiliza normalmente las redes para promocionar sus novelas, pero es verdad que el hablar de tu vida privada te acerca a los lectores, que en definitiva son los que compran tus novelas.

-¿Piensas en tu jubilación? ¿A qué te gustaría dedicar tu tiempo?
-Mucho. A partir de los 60 años (el año que viene) ya me podría jubilar en la Facultad de Medicina. Pero aún no sé cuando lo haré. Depende de algunos factores que tengo que controlar antes de irme. Cuando me jubile me gustaría dedicarme a mí un poco más. Estoy tan liada siempre que apenas me escucho. Hacer algo de deporte, pasear, tomar café con los amigos, visitar exposiciones, librerías… y, por supuesto, dedicar más horas a mi nieto y a escribir.

Nuestro tiempo se está acabando. El AVE no espera.
Dejamos los últimos minutos para enseñarnos en nuestros móviles lo guapísimos que están nuestros nietos, aunque nos enviamos fotos muy a menudo, siempre está esa última que no hemos mostrado todavía.


Nos despedimos en el estanque de las tortugas con la promesa de vernos pronto y la seguridad de mantener nuestro contacto día a día.

Después de conocer un poco mejor a esta gran mujer, seguro que os apetece leer a esta magnífica escritora. Estos son sus libros publicados:
Su blog: blogdemjmoreno.blogspot.com/
Y acaba de estrenar otro en la revista Zendalibros «En el diván» 





martes, 12 de septiembre de 2017

Mi Doctora

Muchos desconocen lo que es hacer un Doctorado, que no está vinculado con la medicina, si no con cualquier área de estudio.
Es, según la RAE, el más alto grado académico universitario.
Mi hija, se ha doctorado hoy, con un trabajo de investigación en el tratamiento del cáncer de páncreas.
Han sido cuatro años de estudio, de dejarse los ojos en el ordenador con las bases de datos, de perder muchas horas de ocio y de sueño, para compaginar su trabajo y su vida con la preparación de la memoria.
Durante este tiempo, no se ha encontrado con un camino de rosas, ha habido muchos baches, en las instituciones, en las personas, en los trámites administrativos, incluso hoy lo ha sufrido con un ordenador obsoleto que no leía la presentación, y que se ha podido subsanar gracias a un bedel que ha puesto todo su empeño en solucionarlo.
Pero, como le ha dicho su amiga y colega, Esther, era su día y estaba preparada para lucirse.
Y lo ha hecho.
Una presentación magnífica, explicada haciendo docencia y dejando un halo de esperanza a un cáncer tan agresivo como el de páncreas.
Una tesis que, según el tribunal, es innovadora y abre la puerta para que otros sigan por ese mismo camino.
Después de leer sus conclusiones, han ido desgranando preguntas que aclarasen distintos temas tratados, algunos muy complejos para los que no somos médicos.
El tribunal se ha quedado sólo para deliberar y, unos minutos después, con todos los presentes en pie, han anunciado que la doctoranda se ha convertido en doctora, con la máxima nota que les está permitido comunicar, sobresaliente. Si es o no "cum laude", se vota en sobre cerrado y lo notificarán oficialmente pasados unos días.
Las fotografías, los besos, las sonrisas de felicidad, y la dedicatoria de su libro, que yo no quise que me hiciese hasta que no fuese doctora, ponen punto final a este acto.
Se cierra un ciclo que comenzó hace mucho tiempo, cuando una joven de diecisiete años, pisaba por primera vez la Facultad de Medicina.

Hace dos años, cuando su vida laboral dio un cambio radical, dejando la clínica y pasándose a la industria, escribí un cuento precioso, que no quiso que publicase, que se titulaba “Las alas de la princesa”.
Hoy ha vestido de oro esas alas y se volverá a preguntar si lo que ha hecho le acerca al lugar en el que quiera estar mañana, tal vez las alas puedan ayudar.

Yo solo puedo decir lo orgullosa que estoy de lo que es y, sobre todo, de cómo es.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Tiempos nuevos


Hoy siete de septiembre, quedará para siempre en mi recuerdo.

Hace aproximadamente dos años, decidí quedarme por las mañanas con Victoria, con poco más de siete meses. Contaba con la ayuda de mi marido, tenía tiempo y me apetecía disfrutar de la infancia de mi primera nieta.
Nuestra casa fue el sustituto perfecto de la guardería.

Lo que, en principio, iba a ser un año, lo alargamos con un «segundo curso» en el que mis paseos con la niña «Paseando con Victoria» fueron sustituidos con las mañanas en la Plaza de Oriente, en el parque a la que la llevaba su abuelo.

Durante los veranos, hemos compartido también mucho tiempo juntas, sobre todo este último, en el que se ha convertido en una señorita con la que mantener una conversación, jugar a cientos de cosas, o ser una magnífica escuchadora de cuentos.

Hemos vivido sus alegrías, sus rabietas, sus ilusiones, y todo aquello que, como padres, se nos escapó en muchas ocasiones con nuestros propios hijos, por falta de tiempo, inmadurez, inexperiencia…
Y ha llegado el día de hoy, y se ha trasformado en una colegiala en su primer día.

Ha acudido con ilusión a la Escuela Infantil de su colegio. Dice su maestra que no ha llorado y que le han gustado la cantidad de cuentos que había en las estanterías. Ella nos ha contado que, en el patio, ha jugado con una bicicleta amarilla y que todavía no tiene amigos y que ha llorado cuando ha visto que su mamá y su papá no estaban (por lo visto no ha pasado de ser un sollozo).

Lo que está claro es que ha decidido que no quiere volver.

Se me encoge el corazón, aunque sé que es lo mejor para ella.

Este es su primer gran cambio de los muchos que tendrá que asumir a lo largo de su vida y es duro, pero seguro que, en unos días, volverá a ser una niña feliz.

martes, 29 de agosto de 2017

Azul tormenta, lluvia añil. Mi opinión.

«Azul tormenta, lluvia añil» de A. V. San Martín.

No recuerdo cómo llegó a mi pequeña biblioteca digital esta novela, ni porqué empecé a seguir a su autora, conocida o amiga de alguien a quien ya conocía.
Si sé que elegí su lectura porque pasando páginas en mi lector electrónico,  para decidir cuál iba a leer, siempre se me abría ésta, sin yo querer, y me pareció que era la señal de que había llegado su momento.

Sinopsis:

¿Y si existiera la posibilidad de retroceder al pasado y corregir los errores cometidos? ¿Y si la mayor equivocación hubiera sido enamorarse de la persona incorrecta? ¿Cómo evitarías volver a hacerlo? ¿Cómo lo alejarías de tu vida?

Ana lleva escrito en su mirada la derrota. Su cuerpo soporta las huellas indelebles de los miles de golpes recibidos. Gastada y vencida deja que se escape cualquier signo de resistencia y deja de luchar por una vida que parece que ya no le pertenece, pero... a veces de los peores instantes y las épocas más lúgubres surgen las posibilidades más prodigiosas. ¿Se puede renacer de las cenizas? Ana descubre, tras despertar, que es 1999 de nuevo y vuelve a tener 18 años. Pese al misterio que entraña este retroceso en el tiempo, trata de sacar el máximo partido a esta segunda oportunidad reviviendo su etapa universitaria y sobretodo, alejando de su vida al hombre que la torturó, humilló y maltrató durante ocho años de matrimonio.


Mi opinión:

Partiendo de una premisa que me pareció absurda, la lectura me fue envolviendo en la historia, hasta hacerme casi olvidar ese comienzo, al que empecé a buscarle explicación.

Una historia dura, en la que se sufre con Ana, la protagonista, en cada desplante, en cada paliza.

Una historia tierna, en la que Ana tiene el privilegio de volver a tener dieciocho años, pero recordando todo lo vivido en los años posteriores, por lo que la amistad y el amor, se valoran de forma muy diferente.

Nos hace recordar un mundo que no es tan lejano en el tiempo, en el que los móviles estaban comenzando, las conexiones a internet no estaban generalizadas y el wasap no existía. 

Y así, página a página, nos va contando su historia, durísima, pero trasmitida de manera que no se convierta en una lectura desagradable.

Me han resultado pesados algunos pasajes en los que Ana, que cuenta la historia en primera persona, divaga por sus pensamientos.

Un par de giros importantes, poco antes del final, ponen un broche de oro a esta lectura.

A pesar de tener el maltrato como fondo es, ante todo, una novela de amor, amistad y compañerismo.

Bien escrita, muy cuidada.

Es una lectura muy recomendable.



domingo, 27 de agosto de 2017

Misa fin de verano.


Esta mañana se ha celebrado en la urbanización en la que paso el verano desde hace muchos años, la misa que marca el final de esta época vacacional. 

Es algo que ha quedado como recuerdo de lo que fue, y ya no es, esta comunidad. 
Esto era un como un pequeño pueblo, en el que nos conocíamos todos y, para la mayoría, era nuestra segunda residencia, en la que huir de Madrid, los fines de semana y las vacaciones.

En la actualidad, pocos quedamos de esos vecinos “fundadores” (nosotros o nuestros padres) y ahora es la vivienda habitual de muchos, un diez por ciento musulmanes, un veinte de búlgaros, algún sudamericano y, la última incorporación, una familia china. Viviendas humildes por su falta de infraestructura en unos edificios que se han quedado anticuados, con cuatro alturas sin posibilidad de ascensor, fachadas con cámara de aire escasa y rodeados de chalets, en lugar de prados, eso sí, con una magnífica zona común.

Antes, durante todo el mes de agosto, organizábamos diferentes fiestas y eventos, como olimpiadas infantiles, concursos, campeonatos de cartas y dominó, merendolas y fiesta de disfraces para los más pequeños. Todo esto se cerraba, el último sábado de agosto, con la celebración de la misa en la terraza del club social, la entrega de trofeos y una cena al aire libre.

Ahora, como digo, sólo queda la misa y por el empeño que pone la organizadora, Isabel, que año tras año, habla con el párroco del pueblo para que la oficie.
Yo acudo, por respeto hacia quien lo hace, y se mezclan en mi cabeza la nostalgia, el recuerdo y la pena.

Nostalgia de lo que fue y ya no es. Las niñas, nuestras hijas, hoy madres, ensayando varios días antes para acompañar con un magnífico coro; la gente de pie, porque no había sillas para todos; el altar decorado con rosas de nuestros rosales, que ya no existen porque el vandalismo de los chavales, que no respetan ningún espacio con los balones de fútbol, los han ido matando y nadie los ha repuesto.

Recuerdo de lo mucho que he disfrutado a lo largo de todos estos años.

Y pena porque, si hubiésemos puesto una silla vacía por cada miembro querido de nuestra comunidad que ya no está, incluidos mis padres, no habríamos tenido sillas suficientes.
Pero, como hay que ser positivo, un año más he asistido a esta misa diferente, en la que la media de edad es octogenaria, por lo que a mí me llaman la niña. Haciendo un cálculo rápido, los asistentes, pocos más de cincuenta, sumaban cuatro mil años.

Con la esperanza de la renovación, tanto arquitectónica como, lo que es más importante, viviendo la alegría de nuestros nietos disfrutando otra vez de estos espacios, empezamos a poner punto final a este verano, en este lugar especial.