jueves, 27 de abril de 2017

II Jornadas Madrileñas de Novela Histórica (II)


Madrid, Guerra y Paz.

La jornada del sábado comenzó con una interesante mesa moderada por Víctor Fernández Correas y tras la que veíamos a Juan Eslava Galán, Ana María Trillo, Francisco Núñez Roldán y Eduardo Valero.
Tras una breve introducción, Eduardo Valero nos presentó un vídeo «Madrid, estampas de guerra» en el que pudimos observar los estragos que la guerra hizo en la capital, la gente corriendo hacia los refugios y momentos en los que parecía que nada sucedía y que se podía llevar una vida normal, con el niño de la mano.
Eduardo nos contó anécdotas curiosas que demostraban que los madrileños no perdieron el sentido del humor en los 983 días de guerra. Al primer avión de la mañana le llamaban “el pajarito”, a la primera bomba “la lechera”. Pero, sobre todo, nos contó lo durísimo del racionamiento, el hambre, los héroes anónimos, el protagonismo de las mujeres, ya que los hombres estaban en el frente y ellas se tuvieron que hacer cargo de todo, la desorganización oficial, que dejó a Madrid totalmente abandonada, sin mandos.
Curiosidades como que los hoteles se convirtieron en hospitales de sangre y el gran vestíbulo que hay bajo la cúpula del Palace, en un inmenso quirófano por la buenísima luz que se filtraba por las cristaleras.

Víctor cedió la palabra a Juan Eslava Galán, que nos habló de su libro, de la raza aria, del amor, de la amistad y del contexto histórico de la guerra mundial y la postguerra española, así como del guiño que hace con el título. La mayoría de su novela se desarrolla en Berlín, que tiene el zoológico más antiguo de Europa y, metafóricamente, era el jardín de las fieras, los nazis. Aunque la editorial no siempre le acepta el título que él elige, en esta ocasión no hubo ningún problema.
Me enteré de algo que desconocía, que Herminio Caiser, protagonista del libro, podría ser descendiente de unos alemanes que Carlos III se trajo a Sierra Moreno para repoblarla. Sólo era necesario ser católico y saber algo de agricultura, pero el hambre que, en aquel momento asolaba Alemania, hizo que viniese todo tipo de gente.

El amor en el jardín de las fieras.

Octubre de 1940: durante la visita de Himmler a España, una bella mujer perteneciente a la agencia racial Ahnenerbe, que lo acompaña, descubre entre los trabajadores forzados de una excavación arqueológica a un obrero rubio, Herminio Cáiser: un joven de ojos azules y magnífica constitución que podría demostrar la pervivencia en España de una cepa pura de la raza aria.
La organización Ahnenerbe lleva al joven a Berlín y lo hace objeto de una serie de estudios que confirman que es un ario perfecto. Reclutado en una casa-cuna nazi, se deja utilizar como semental a cambio de un trato favorable para su padre, internado en una cárcel franquista por su pasado republicano
Cáiser hace amistades en Berlín; entre ellas, los corresponsales de prensa españoles y otros jóvenes funcionarios del círculo diplomático. También se reencuentra con un diplomático soviético con el que trabó amistad años atrás, cuando fueron compañeros de armas en la batalla de Madrid. Esta relación reanudada y los amores de Cáiser con una obrera judía serán el detonante de acontecimientos inesperados.

Ana María Trillo también le da un doble sentido a su título, cada día amanece por feo que haya sido el día anterior, la noche. Es el título de uno de los capítulos del libro y, metafóricamente, la lucha de la protagonista para que amanezca en su vida.
También nos habló de hambre, explotación, tristeza, del frío que hacía en Madrid en esos inviernos de la década de los cuarenta, la sequía que asoló Madrid y que obligaba a las mujeres a ir lejos a por agua, el racionamiento…

Amaneció de nuevo en Madrid

Este libro es una forma de no olvidar hechos que sucedieron y otros que no, pero bien pudieron suceder; hechos nacidos en la mente y el corazón de su autora, pero que se alimentan del recuerdo colectivo, del recuerdo familiar, de la memoria que se niega a desaparecer
Es una novela histórica que habla de Historia con mayúsculas, pero sobre todo de historias pequeñas, de las vidas de seres diminutos frente al amanecer de la gran capital, Madrid, que revive tras la guerra. Ana María Trillo recoge en Amaneció de nuevo Madrid la vida de Margarita, una niña que pudo ser real, que luchará por nacer como persona, y ser libre a pesar de vivir en un tiempo en que las niñas y mujeres eran prácticamente invisibles. Margarita amanecerá tratando de buscar la respuesta a una pregunta: el alma de la ciudad puede repararse, pero ¿puede repararse el alma humana?

Por último, Francisco Núñez Roldán nos contó la mal vista neutralidad de España en la Guerra, la creación de la División Azul, y las intrigas que existieron para que el general Muñoz Grandes sustituyese a Franco y fuese el gran aliado de Hitler. El general que, al final, no fue. 
Nos comentó que se encontró con este personaje por pura casualidad y estudió el tema hasta escribir el libro.

Un general para Hitler

El general Agustín Muñoz Grandes estuvo en el vértice de batallas e intrigas desde la Guerra Civil Española hasta la Segunda Guerra Mundial. Partidario de entrar en el conflicto al lado del Eje, mandó la División Azul y fue considerado como una posible alternativa a un Franco indeciso o demasiado neutral. La novela se introduce en las maquinaciones de las diplomacias alemana y aliada, algunas apenas conocidas o desveladas recientemente, y muestran a un militar devoto de su oficio, quien con más voluntad que éxito quiso comprometer a su país en la guerra a la vez que fuerzas que le superaban y frecuentemente desconocía pretendieron auparlo al máximo poder. Junto al aspecto humano del general, y entre las principales figuras políticas del momento, aparecen tres personas bien definidas: su secretario, un joven teniente, así como el chófer, antiguo guardia de asalto anarquista, y una enfermera, novia de este último. Todos vivirán a fondo el frenético torbellino que rodeó aquellos complicados y durísimos años.

La amena conversación de los componentes de esta mesa fue una lección de historia, de nuestra historia que es, como dijo Eduardo Valero, « es la memoria histórica de Madrid, para bien y para mal».

miércoles, 26 de abril de 2017

II Jornadas Madrileñas de Novela histórica: El traje goyesco



 (Agrupación Los Castizos)
En las II Jornadas Madrileñas de Novela Histórica estuvieron invitados María Dolores y José Luis, de la Agrupación Los Castizos (fundada el 11 de julio de 1984).
Tras una breve presentación sobre la historia de su agrupación, pasaron a contarnos en detalle el traje goyesco que ellos mismos lucían.

El vestido de maja o goyesca lo usaban las mujeres del pueblo llano para los días festivos, ya que para los días de labor se vestían ropas más cómodas y menos ostentosas.

La gallina ciega (Goya)
Se conoce su utilización desde el siglo XVII, teniendo en el siglo XVIII su máximo esplendor y en el que fue inmortalizado por Goya en muchos de sus cuadros y tapices.

Las damas nobles no lo utilizaban aunque, si querían pasar desapercibidas, se vestían de majas, se cubrían con el velo y podían acudir a la Ribera del Manzanares, a encontrarse con algún caballero, sin que se pusiese en duda su reputación.

La Pradera de San Isidro (Goya)
También lo hacían los señores que, embozados con la capa y tocados con sombrero de ala ancha, el castoreño, gozaban del preciado anonimato. La Ribera del Manzanares era para la gente del pueblo su lugar de paseo y esparcimiento, al igual que lo era para la nobleza el Salón del Prado y gustaban de ir ataviados, unos y otros, con sus mejores galas.
La merienda a orillas del Manzanares (Goya)

El traje de goyesca era caro, por las telas y brocados, y el dinero escaso, por lo que pasaban de una generación a otra.

Vestían una camisa larga de retor en color natural, no tenía que ser bonita, no se veía. Las mangas y el cuello, se hacían de algodón con bordados, ya que eran las partes que se lucían. Esta camisa se utilizaba también para dormir y era la parte del traje que se lavaba.

Sobre la camisa se ponían unas enaguas, rematadas con puntillas de ganchillo o de bolillos.

El quitasol (Goya)
El guardapiés (falda) se confeccionaba en telas que ahora no existen, pero que podrían asemejarse al tafetán y a la sarga. Si quisiésemos hacer un guardapiés tendríamos que buscar telas de tapicería para que se pareciesen algo a las que lucían nuestras antepasadas. Eran de vivos colores. También se hacían de paño, dependiendo de la estación en la que se fuese a lucir.

Goya y las Majas (Gárate)
Curiosamente se cortaba en tres cuerpos que se unían con cintas fruncidas en la cintura. Esto tenía una doble función: El vestido heredado podía no ser de nuestra talla, y las mujeres embarazadas no tenían ropa exclusiva para su estado, por lo que la falda tenía que ir ensanchando según iba avanzando la gestación.

Sobre la camisa se ponía un chaleco, de algodón o de seda. Aunque estas telas sean conocidas en la actualidad, no tienen nada que ver, ya que eran más bastas, más burdas, confeccionadas en pequeños telares en las casas, pero no por eso les restaba belleza. Conseguían unos algodones tornasolados, introduciendo hilos de diferentes tonos a los hilos base. 

Sobre el guardapiés, un delantal. De batista, de encaje, de algodón, también con bordados y puntillas.
La boda (Goya)

Se completa el traje con la chaquetilla, porque en el Madrid del siglo XVIII hacía frío, mucho frío.

No podemos olvidarnos de las medias, tejidas a ganchillo o punto de media, que también se bordaban y los borceguís, que así se llamaban los zapatos de la época, con punta y medio tacón. Ambos complementos se cuidaban mucho porque se lucían, al ser el largo de la falda por encima del tobillo.
La maja y los embozados (Goya)

Este largo no era una moda, si no pura cuestión práctica.

Las calles estaban sucias, hasta el reinado de Carlos III, sin pavimentar, era todo un barrizal, y las mujeres no iban en carruaje como las damas, si no caminando, por lo que no se podían permitir que los bajos de sus faldas recogiesen toda la suciedad.

En la parte de abajo llevaban un bies, que adornaba la falda y era fácil de cambiar cuando se estropeaba por el roce.

Se tocaban con la redecilla. Las menos elegantes eran de malla, pero las de los eventos especiales eran de tela y tenían como función sujetar el cabello. Eran largas rematadas con una pequeña bola y adornadas con lazos, carambas, puntillas o flores. Sobre la redecilla se colocaba el velo, que cubría la cabeza aunque en verano descansaba sobre los hombros.

La vendimia (Goya)
Como las telas de estos vestidos no se lavaban, se utilizaban unas sobrefaldas negras llamadas «basquiñas», que se colocaban sobre la falda para ir por la calle, era fácil ser salpicada de barro u otras cosas peores, y para arrodillarse en la iglesia, ya que solo las nobles tenían reclinatorio, que portaban sus criados, el resto de las personas se arrodillaban en un suelo en el que se iba acumulando toda la suciedad que los pies arrastraban desde la calle.

No puedo acabar este pormenorizado detalle del vestido de maja sin contar que no se llevaban bragas, ni pololos.
No existían aseos, servicios o como queramos llamarlos, y era impensable llevar nada que supusiese un estorbo.

El traje de los majos, mucho más sencillo, se componía de camisa larga, que también utilizaban para dormir, calzones, chaleco y faja. La faja, enrollable, podía ser de lana, seda o algodón y de diferentes colores.

Completaban el atuendo con chaquetilla, capa y castoreño. 

Carlos III intentó recortar el largo de la capa e imponer el sombrero de tres picos para evitar los embozados que cometían toda case de tropelías sin poder ser nunca reconocidos, pero no lo consiguió.

La cometa (Goya)
Al igual que las mujeres, recogían el pelo con una redecilla, siempre de malla y mucho más corta, aunque la remataban con una borla muy larga, de unos quince centímetros. Esta borla iba siempre muy adornada.

Los madroños que vemos en los actuales trajes de goyesca no se introdujeron como ornamento hasta el siglo XIX; eran de seda, del tamaño de un garbanzo.

Las mujeres y los hombres de esta época, utilizaban abanicos. Los de ellos, pequeños, oscuros y discretos, los de ellas, un complemento más del atuendo, algunos verdaderas joyas que pasaban, como el traje, de una generación a otra.

Hoy día es difícil conseguir un vestido de estas características que se parezca al que acabo de describir porque no existen los materiales para confeccionarlo.

Y quiero dejar muy claro que no es un disfraz, si no un vestido, un traje que se utilizó durante más de dos siglos, que quedó inmortalizado en cuadros y tapices y que ha llegado hasta nuestros días como parte de nuestras tradiciones.

(Mi agradecimiento a María Dolores Álvarez, que me ha atendido y resuelto todas mis dudas y a Víctor Fernández Correas que me ha puesto en contacto con ella)

martes, 25 de abril de 2017

II Jornadas Madrileñas de Novela Histórica (Crónica I)


Con Olalla García y Víctor Fernández
En la Casa del Lector me recibe Víctor Fernández Correas, uno de los organizadores. Ha montado un photocall y me hace fotos, junto con Olalla García. Me siento como los famosos.
En la mesa, Carolina Molina presenta las jornadas y comienza la tarde.
El escritor Joaquín Barrero, nos cuenta recuerdos de su infancia, que transcurrió en este barrio, en el paseo de la Chopera. Nos lee el cuento “Los maletillas” que emociona a los presentes.
Eduardo Valero, cuyo blog
Historia urbana de Madrid es de obligada lectura para conocer nuestra historia, nos introduce en el Madrid de Carlos III con el vídeo “Carlos III y la construcción de Madrid”.
Joaquín Barrero
Tras este visionado comienza la amenísima conversación entre Olalla García, moderadora de la mesa, Carolina Molina, autora de Carolus y Eduardo Valero.
Nos cuentan como Carlos III, que sólo vivía en Madrid dos meses al año, tuvo que empezar por limpiar, antes de construir.
Era una ciudad sucia, peligrosa, sin pavimento, sin alcantarillado, sin ordenación, llena de pícaros que habían hecho de la mendicidad un oficio.

Se colocaron 4408 farolas
que hicieron una doble función, iluminar y dar trabajo a muchísima gente, para encenderlas, apagarlas y llevar su mantenimiento.

Ordenó Madrid en manzanas, barrios y cuarteles, ideó los “alcaldes de barrio” antecesores de los actuales concejales de distrito.
Pavimentó, creó las casas cuna, el Hospital Real y treinta y dos colegios de barrio.

A pesar de todo esto, los madrileños no le querían, le consideraban un rey extranjero y además les estaba costando mucho dinero, ya que las reformas incluían los arreglos de las casas particulares, la instalación de pozos y de aceras, que corrían a cargo de sus propietarios.
Fundó la Real Lotería, que daría alguna alegría a los ciudadanos.

Olalla García, Carolina Molina y Eduardo Valero
Sabatini fue su mano derecha en la ordenación de la ciudad. Sabía hacer de todo, ingeniería, arquitectura o diseño de jardines. Dejó grandes obras para la posteridad, aunque puede que la más conocida sea la Puerta de Alcalá, por la que también se inmortaliza siempre a Carlos III.
Lo que está claro es que pretendió convertir Madrid en una gran ciudad y puso los cimientos para ello, tanto en el ámbito arquitectónico como en el cultural y social. No entro a enumerar todo lo que hizo porque lo podéis encontrar en cualquier enciclopedia, aunque sí me ha quedado la sensación de conocer muy poco nuestra propia historia, de quedarnos siempre en lo superficial.

Me llamó mucho la atención cuando comentaron la visibilidad social de la mujer durante este reinado, gracias a la ilustración y a la influencia francesa. Venían de un periodo oscuro y volverían a caer en él en los comienzos del siglo siguiente.

Como curiosidad y ya que, durante el fin de semana, se celebraba La noche de los libros y el Día del Libro, se me ha quedado en la memoria que la Real Academia otorgó el primer premio literario también durante el reinado de Carlos III, el 13 de agosto de 1778 a Joseph María Vaca de Guzmán.


Tras un breve descanso, la Agrupación de Castizos nos dio una clase magistral sobre el traje goyesco, pero esa es otra historia que merece una nueva crónica.

lunes, 17 de abril de 2017

Una mañana con Antonia J. Corrales.

Antonia y yo nos conocimos a través de Facebook, cuando su obra «En un rincón del alma» acababa de ser publicada.
No tardamos mucho tiempo en saludarnos personalmente, en un encuentro que tuvo lugar en La Casa del Libro de la Gran Vía de Madrid. Ahí quedé fascinada por su forma de hablar y la pasión que ponía al contar lo que escribía.
Hay personas con las que te sientes rápidamente conectada y nace una amistad real, fuera de las redes sociales.
Tenemos una edad similar, una forma parecida de ver la vida y somos vecinas, sólo en verano, de nuestra querida Sierra Madrileña. El whatsapp hace lo demás y nos mantiene conectadas.
Hoy hemos quedado en «El Álamo», para desayunar juntas. Es una cafetería a pié de carretera, en Collado Villalba, que está a mitad de camino entre su casa y la mía.
Hace una magnífica mañana, por lo que la espero sentada en la terraza.
Antonia llega puntual, con su negra melena suelta,  sus inseparables alpargatas negras y su magnífica sonrisa.
En realidad, las dos hemos desayunado ya, por lo que pedimos sólo café.
Está feliz porque hace poco que ha publicado su última novela «Y si fuera cierto», tanto en digital, como en papel, y está teniendo una gran acogida y muy buenas críticas, pero prefiero dejar este tema para el final, porque si no, no me va a hablar de otra cosa, que yo sé cómo se enrolla, jajajajaja.

-Antonia, todos conocemos tu biografía, y que no te dedicabas a escribir, como profesión, pero empecemos por el principio. ¿Cuándo escribiste “La décima clave” todavía trabajabas por cuenta ajena?

«La Décima Clave»:

AC: No, ya era “Freelance”, trabajadora independiente. La Décima clave la escribí en 2008. Para ser más exactos, fue publicada ese año, pero la escribí durante los tres años anteriores. Comencé en 2004 la investigación sobre la base en la que se asienta la trama y terminé de recopilar documentación en 2006. Durante el 2007 desarrollé la historia. En aquellos años ya no trabajaba por cuenta ajena. Esta fue mi segunda obra publicada, la primera fue Epitafio de un asesino.

-Cómo me gustó esta novela.
»En muchas ocasiones he comentado con Andrés, tu marido, que es mejor que Epitafio y él cree lo contrario. De hecho, ahora que ha salido en bolsillo, la voy a comprar para volver a leerla.

«Epitafio de un asesino»:

AC: Siendo ambas de suspense cada una se enclava en un subgénero distinto. La décima clave es suspense histórico y Epitafio de un asesino es un Thriller.  

-Y aquí cambió tu vida. ¿Ya tenías guardada en un cajón «En un rincón del alma»?

AC: Así es. En un rincón del  alma fue la primera obra que escribí.

-Y como no consigues que crean en ti, en tu cambio de género, la auto publicas y empieza un fenómeno que va ya para cinco años.

El paraguas rojo:

AC: Se me dijo que mis lectores eran de suspense. Efectivamente tenían razón, pero solo en parte. Tenía ya muchos lectores de suspense, de hecho ambas obras se vendieron muy bien y recibieron críticas muy buenas, pero eso no era óbice para no escribir otros géneros. No lo entendieron y, sencillamente, la desecharon.

-El fenómeno del paraguas rojo fue algo impresionante. Empezaste a recibir fotos de todo el mundo con tus lectores y sus paraguas rojos.
»Recuerdo que fui al Parque del Retiro a hacerme la mía y te la mandé, y otra que te hizo mi marido en El Club de Campo. Tus dedicatorias eran tan bonitas que merecerían un libro.

»¿Conservas el álbum?

AC: SÍ. Conservo el álbum. Para mí tiene mucho significado, sobre todo por el cariño que les profeso a mis lectoras. Aún sigue en mi perfil de Facebook. El paraguas rojo de En un rincón del alma, el paraguas de Jimena, se convirtió en el talismán y el emblema de las mujeres de agua, de mis lectoras. Aún sigue siéndolo.

-Hace poco has publicado que si hubieses tenido «padrino» las cosas habrían sido muy distintas, pero firmaste con Ediciones B.

»El contrato:

AC: No exactamente. Publiqué un artículo en relación con los medios de comunicación, con la promoción que reciben los famosos que escriben en ellos. Es evidente que salir en un medio de comunicación, como son algunos programas de televisión, da un impulso hercúleo a tu obra. En la actualidad, ser un personaje público te abre muchas puertas, sin entrar a valorar si el trabajo es bueno o no. Si mi obra y yo hubiésemos tenido esa oportunidad, es evidente que todo habría sido mucho mejor. Firmé con Ediciones B porque mi obra ya estaba situada  en el número 1 en ventas en Amazon. Aún sigue entre los 20 más vendidos, después de 5 años. No me hizo falta padrino. Todo lo conseguí con el único baluarte de mi trabajo y el apoyo de mis lectores y los blogueros. Tampoco busqué un padrino, jamás. Ni se me pasó por la cabeza nunca. En el artículo al que te refieres, intento reivindicar la falta de medios que tenemos los escritores de a pie, los que no somos personajes mediáticos, para que nuestras obras tengan publicidad.

-Tus lectores se hacían fotos y compraban el libro, pero tú seguías escribiendo y nos sorprendiste con otra novela: «As de corazones»

AC: Así es. As de corazones es una obra muy especial. Una historia en la que cada uno de sus protagonistas nos cuenta lo que sucede desde su punto de vista. Está escrita de tal forma que se puede leer la historia de cada personaje de forma independiente, porque los capítulos están titulados con los nombres de cada personaje. La portada de la obra no es la adecuada, ese ha sido siempre mi hándicap. Los lectores piensan que es una novela rosa, pero no tiene nada de rosa. Es contemporánea y dura en muchos de sus capítulos. Realista y crítica con la sociedad desde su base. Pasa desde la familia a lo más alto de la pirámide social. Todo ello en un lenguaje claro y rápido. Su final sobrecoge y todos los lectores, al terminarla, se hacen la misma pregunta: ¿qué haría yo en esa situación?.

-A estas alturas, ya habíamos descubierto que tienes el don de «movilizar» e inundamos los muros de facebook de fotografías de amapolas.
»Recuerdo perfectamente como, con las dos manos ocupadas porque venía de Gigante de hacer la compra, en Moralzarzal, solté todo para fotografiar con el móvil un macizo de amapolas y mandártelo por wasap.
»Siempre te he dicho que es, de todos tus libros, el que menos me ha gustado, sin quitarle mérito. Es cuestión de gustos.
»Además, ¿recuerdas que adiviné demasiado pronto el desenlace?

AC: En realidad el desenlace de As de corazones tiene la importancia justa en la trama. Siendo sincera tengo que reconocer que dejé pistas para que eso sucediera, para que los lectores pensaran en esa posibilidad, suelo hacerlo. Es evidente que unos lo ven antes y otros después, pero eso es el encanto que posee la intriga de toda historia. Tú lo percibiste enseguida ;)

Nuestro café se ha terminado hace rato, pero nos apetece seguir charlando. Vamos a cambiar de sitio. Cogemos el coche y nos acercamos a Moralzarzal.
Hacemos una visita a la Biblioteca Municipal, en la Casa Grande. Antonia tiene un cariño especial a la Concejalía de Cultura y a los miembros de la biblioteca.

-¿Cuéntanos por qué?

AC: En el año 2004 me presenté al concurso de cuentos Don Manuel Alonso, de Moralzarzal. Quedé finalista con los dos textos que envié al certamen. Se publicaron en una antología junto al resto de los finalistas y el relato ganador. Desde aquel momento mi relación con la biblioteca y la Concejalía de Cultura fue estrecha y entrañable. Fui jurado del certamen el siguiente año y participé en varias ferias del libro y presenté dos de mis novelas. Es un ayuntamiento que apuesta mucho por la cultura y por sus vecinos.  

-¿Qué te produce ver tus libros en una Biblioteca?

AC: Es una sensación muy gratificante. Para mí las bibliotecas son uno de los ejes de la cultura popular. Gracias a ellas tuve acceso a los libros. Durante mi infancia y adolescencia mis posibles eran escasos, no me daban para comprar libros. El bibliobús, aquella maravillosa biblioteca ambulante, fue, para mí, un regalo de Dios.

Seguimos nuestro paseo hacia la plaza de toros, para tomar un refresco en alguna terraza de la zona.
Ha llegado el momento de hablar de algo que a mí me parece precioso.

-Si te digo «Mujeres de agua»

AC: Pienso en todas las mujeres: madres, hijas, esposas, amigas que se dejan el alma y el corazón día a día para salir adelante, para dar lo mejor a los suyos. Pienso en su fuerza, en su valentía, en su tesón. Pienso en  mis lectoras. En nosotras, las mujeres anónimas que día a día movemos el mundo, olvidándonos de nosotras mismas.

-Yo atravesé por un momento difícil y me escribiste estas palabras: «Que no me falten nunca tus manos para caminar, tus ojos para mirarme en ellos, tu risa para seguir riendo. Que jamás me falte tu presencia para saberme en ella: porque tú eres mi milagro, porque has hecho que yo me sienta el tuyo. Porque ambas somos mujeres de agua, amigas, compañeras; madre e hija ¿Qué más se puede pedir? Que no me faltes nunca, que jamás dejes de estar ahí, porque sin ti no soy nadie»

AC: Lo recuerdo. Fue el pie de foto que puse en una instantánea en la que aparecías con tu hija, bajo un paraguas rojo. Está en el álbum en mi Facebook.

-Y, entre, enfermedades, alegrías y penas, escribes «Mujeres de agua»

AC: Así es la vida, a veces implacable. Parte de aquellos sentimientos estuvieron presentes durante la escritura. Junto a la música que suelo escuchar mientras trabajo. Hubo momentos en los que me costaba teclear, centrarme, imaginar. Pero conseguí sacar adelante la historia. A fin de cuentas es de lo que se trata, de seguir, de no dejar de caminar.  

-Que preciosidad de novela. Nos la debías a tus lectores, tenías que volver a hablar del paraguas rojo.

AC: Cuando terminé En un rincón del alma, no pensé en una segunda parte, pero mis lectores, como bien apuntas, la pedían a gritos. Necesitaban saber más de muchos de sus personajes. Y…, yo no sé decirles a mis lectores que no.   

-Eres una mujer muy familiar.

AC: Sí, muchísimo. Mi familia es lo más importante para mí. Pero no me gusta hablar de ello, soy muy celosa de mi intimidad. Mi familia es un punto y aparte de mi trabajo. Mis hijas y mi marido me apoyan, siempre lo han hecho y son mi pilar. Son lo más trascendental para mí. Están por encima de todo y de todos.

-Y llegamos a tu última novela publicada «Y si fuera cierto»

AC: Y si fuera cierto, es una novela llena de magia que me ha costado mucho escribir. Quería que el mensaje llegase muy claro al lector, que le hiciera sentir y le llenase de esperanza y deseos de luchar. A juzgar por los comentarios y las críticas es lo que está sucediendo. Ya he recibido muchísimos correos dándome las gracias por haber escrito esta historia. Me siento una privilegiada por ello. Es maravilloso saber lo que tus lectores piensan tras la lectura y comprobar que tus obras les hacen sentir tantas y tantas emociones.

-Es una maravilla, ya lo dije en mi blog. ¿Cómo se te ocurrió este tema tan diferente, mezclando la realidad con la imaginación?

AC: Pues no sé decirte. Surgió, sin más. Quería una historia con realidad mágica y al tiempo que ésta enlazase con lo terrenal. Fabiola apareció en aquel bar y las hojas de arce elevándose en el aire, de ahí partieron todo los demás acontecimientos.

-Yo creo que tu novela “Mujeres de agua” fue la primera de la que yo me atreví a hacer una reseña. Y tú me regalaste incluir una de mis frases en la contraportada del libro, «Una novela maravillosa, capaz de hacernos llorar, sonreír y enternecernos a partes iguales» y elevaste «Cosas mías» a la categoría de blog literario.

AC: Bueno, “Cosas mías” ya era un blog literario antes de que una frase de tu reseña apareciese en la contraportada de Mujeres de agua. Al menos así lo creo yo.

-Cuéntame tus hábitos para escribir. Tu día a día.

AC: Es difícil porque soy muy anárquica. No soy una escritora al uso, o como solemos entender esta profesión. No tengo hábitos. Dispongo de poco tiempo y tengo que adaptarme al día a día.  O sea que voy al “tran, tran”, intentando no perder el paso ;)

-¿Y la música?

AC: La música me acompaña desde siempre, como la literatura. Para escribir necesito escuchar música. 

-Tus paseos con tu perro:

AC: Me gusta pasear. Es una de las actividades que más me relajan. Aquí el entorno es un privilegio. Hay mucho campo y puedes salir con las mascotas a caminar o correr. Suelo hacerlo siempre que puedo, incluso lloviendo a mares.

-Tu blog:

AC: En mi blog cuelgo todas las noticias sobre mi profesión. Reseñas de mis novelas, entrevistas, eventos y algún que otro texto corto que escribo de vez en vez.

Antonia, si seguimos hablando, tendríamos que llamar a nuestros chicos y buscar un sitio para comer.

AC: Pues no estaría nada mal ;)

No puedo irme sin enseñarle las últimas fotos de mis nietas, más actuales que las últimas que la he enviado por wasap, y da pie a una última pregunta.

-¿Proyectos?

AC: Estoy inmersa en el comienzo de una trilogía. Es muy especial. No puedo contarte nada más. Ya sabes, pertenece al secreto de sumario, pero te aseguro que va a ser muy especial y que viene con sorpresa jajaja

¿Siempre me deja intrigada!
Nos despedimos. Estamos seguras de volver a vernos pronto, pero no disponemos de tanto tiempo como nos gustaría.
Dos besos y una frase que ha hecho famosa entre sus amigos «Se te quiere, reina» ponen punto y final a esta maravillosa mañana.

domingo, 16 de abril de 2017

Reflexiones de esta semana: No me ha gustado…


Es ésta, una semana diferente. Semana Santa para unos, vacaciones para otros y lleno total para los hosteleros, sobre todo este año que ha hecho un sol espléndido en todo el país.
Yo he tenido tiempo de descansar, de reorganizar, ir al cine, pasear y retomar conversaciones con amigas que no veía desde el verano, jugando con ellas alguna partidita de canasta.
Y también de reflexionar sobre varias cosas que no me han gustado.

La primera de ellas las dos avalanchas ocurridas en sendas procesiones de Semana Santa, en Málaga y Sevilla, protagonizadas por indeseables que se entretienen haciendo el mal.

No me ha gustado que se critique a militantes de Podemos o del Partido Socialista porque hayan participado, a título personal, en diferentes procesiones o actos vinculados con la Semana Santa, y que luego defiendan que la Iglesia y el Estado no se deben mezclar. Hay que separar su trabajo de su vida privada, y la religión no debería de estar vinculada a ningún partido político.

No me ha gustado que se icen las banderas a media asta en todos los acuartelamientos, por orden ministerial, por la muerte de Cristo.
Por mucho que nos digan que el setenta por ciento de la población española es católica, no lo sé, tendré que buscarlo, lo que está claro es que nuestra Constitución, y esa sí que es de todos, dice que España, como Estado, es un país aconfesional. Mezclar política y religión, otra vez, es dejar fuera a todos aquellos que piensan diferente, incluso dentro del Ejército (AUME), que ha denunciado la medida por ilegal, por mucho que lo quieran envolver en tradición.

No me ha gustado que se ice también en el Ministerio de Defensa, que ahí no hay tradición que valga, y es un órgano político y administrativo, no militar.

No me ha gustado que, porque haya personas que escriban que están en contra de que algunas ciudades se paralicen por las procesiones y los actos religiosos de estos días, se hable de una cruzada contra la religión.
Cada uno es libre de dar su opinión y eso no implica que no respete a los demás. Tal vez ese sea el verdadero problema, la falta de respeto de unos a otros. (A mí no me molestan las procesiones, pero respeto a quienes las critican).

No me ha gustado la entrevista que la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, ha hecho para la revista.”S Moda”, hablando de “micromachismmo”, “hacerse la rubia” y algunas lindezas más, muy alejadas de la realidad que muchas mujeres viven cada día (http://smoda.elpais.com/celebrities/vips/cristina-cifuentes-presidenta-comunidad-madrid/)

No me ha gustado que, como cada año, las televisiones decidan que todo el mundo está de vacaciones y se emitan programas repetidos o películas de serie B.

Y termino con algo menos profundo, no me gusta que las torrijas engorden, con lo riquísimas que están.

martes, 4 de abril de 2017

Presentación de «Carolus»

Por falta de tiempo, tenía sin publicar esta pequeña crónica.

El pasado día 24 de Febrero se presentó en la Librería Lé de Madrid,  el libro “Carolus” de Carolina Molina.

El espacio se quedó pequeño para todos los que acudimos a escuchar a esta periodista y escritora con una oratoria fuera de lo común.

Ella sola, sin acompañantes, fue desgranando su novela en tres bloques, Carlos III, la vida en el siglo XVIII y el Madrid de esa época.

Su novela, con personajes históricos y ficticios, está protagonizada por el propio Rey, dos granadinos, Lorenzo de Elvira y Gil López y dos burgalesas, Dorita y la marquesa de Valdivielso.

Nos cuenta del rey que cree que era una persona obsesiva-compulsiva y que padecía un síndrome de Asperger. Le encantaba la naturaleza, la caza y el chocolate. Le considera un rey cercano, trabajador, de costumbres rutinarias, pero sin olvidarnos de que es un monarca absolutista.
Feo, casado con María Amalia de Sajonia, que no se caracterizaba por su belleza y a la que los años y los múltiples partos afearon más, se profesaron un amor y un respeto que no era normal en la época en la que los matrimonios reales eran sólo cuestión de Estado.

Aunque sigue un rigor histórico, deja claro que su finalidad no es enseñar historia, si no crear curiosidad en el lector. Es novelista, no historiadora.

Nos comenta la indumentaria de la época, la trasformación de Madrid durante el reinado de Carlos III, a pesar de que vivía poco más de un mes en nuestra ciudad y no nos desvela nada de la trama, sólo que está escrita con humor, y que nada es lo que parece.

En el turno de preguntas nos explica que tiene poco tiempo para escribir. Que, una vez que hace el esquema del libro, imagina escenas mientras desarrolla su vida cotidiana y, por la noche, en poco más de una hora, se sienta a plasmarlo con palabras.
Aprovecha el verano para iniciarse en sus proyectos porque en la playa tiene tiempo de dedicarle más de una hora diaria.
Perfila los personajes principales pero los secundarios se van colando, casi sin que ella los busque y toman vida propia.
Dos de sus protagonistas vienen de Granada, como guiño a esta ciudad a la que tanto quiere y sobre la que tanto ha escrito.
Las damas son de Burgos, en otro guiño a su familia política de tierras palentinas lindando con Burgos.

Acaba con una pregunta curiosa «¿Qué ciudad le inspira más, Granada o Madrid?» Y aún más curiosa su respuesta: «Madrid es como el marido al que quieres mucho y Granada como el amante que te apasiona».

Con las dedicatorias y las fotos, se acabó esta presentación de la que disfruté mucho, porque salí de allí sabiendo un poco más sobre este personaje de nuestra historia y admirando a esta autora, desconocida para mí hasta hace pocos días.
Volveré a verla y escucharla en unos días, en las Segundas Jornadas Madrileñas de Novela Histórica, que ella dirige.
No quiero acabar esta crónica, sin darle las gracias a Víctor Fernández Correas, que fue el que me invitó a acudir y el que me presentó a Carolina. 




martes, 21 de marzo de 2017

Crónica de una presentación: «Entre puntos suspensivos»

Desde que Mayte Esteban supo que iba a publicar nueva novela, en digital y en papel, hablamos de hacer una presentación en Madrid.

Empezó siendo una idea que nos ilusionaba, y que fue tomando forma buscando el lugar apropiado, la fecha, el contacto con la editorial, los carteles, la creación del evento en las redes sociales y todas esas cosillas. Lo único claro desde el principio es que la iba a presentar la escritora y amiga Mercedes Gallego, lo que aseguraba parte del éxito, ya que es una buena oradora.

Según se iba acercando el día, y la lista de personas que confirmaban su asistencia aumentaba, Mayte se empezó a poner más nerviosa y yo tuve la seguridad de que no íbamos a caber en el recinto.

Con todo preparado sólo quedaba conseguir que el secreto mejor guardado, la asistencia de sus dos amigas, también escritoras, María José Moreno y Pilar Muñoz, pudiese llegar hasta el final sin que Mayte se diese cuenta del engaño. Su marido, sus hijos y yo conocíamos los detalles de su llegada y nos costó mentir, una y otra vez.
Nos reunimos en la cafetería del hotel, con el pretexto de tomar un café y tener una charla distendida antes de acudir a la librería.
La cara de Mayte cuando las vio entrar, recién llegadas desde Córdoba, era una mezcla de emoción y sorpresa, y la nuestra, de satisfacción.

Acudimos a la Librería Molar con tiempo. Ya estaba todo preparado y nos pareció innecesario quedarnos allí pero, cuál fue nuestra sorpresa cuando vimos, que con media hora de antelación, empezaba a llegar público.
A partir de ese momento, la calle de la Ruda se convirtió durante un par de horas en la Gran Vía en noche de estreno.
Escritores, lectores, familia, «las sepias» en pleno, representantes de la editorial,
muchísima gente que yo, maniática de contarlo todo, no puedo decir cuántos sumamos.

Con todas las sillas ocupadas y muchísima gente de pie, Mercedes comenzó a hablar del libro que nos había reunido, del género romántico y de la autora. Comentó lo que había «crecido» como escritora desde que escribió su primera novela, y que la veía capaz de triunfar en cualquier género, incluido el policíaco.


Establecieron un diálogo entre Mercedes y Mayte, intentando no desvelar demasiado del argumento, pero presentando a sus diferentes personajes, que nos aseguró la autora, no estaban basados en personas reales, si no fruto de su imaginación a los que puso, eso sí, el nombre de sus amigos, ya que todos empezaron su andadura en «Su chico de alquiler», una de sus primeras novelas.
Se habló de la autoedición, del pirateo, de las novelas que se guardan en un cajón esperando su momento, de proyectos y de ilusiones.
María José Moreno hizo una defensa del género romántico que tantas veces es considerado como menor cuando, en realidad, lo que pedimos los lectores es que esté bien escrito, romántico, policíaco, intimista o de cualquier tema.

No hubo aplausos, si no aluvión de personas pidiendo que les dedicase su libro que, a estas alturas de la tarde, ya se había agotado, rebasando con mucho, todas las previsiones.
Fotos, saludos, risas, corrillos de conversación en un ambiente agradable, en el que se aparcaron los malos rollos, para compartir una gran tarde.


Muchos escritores, a los ya nombrados, Mercedes, María José y Pilar, añado a Antonia Corrales, Rocío Castrillo, Manuel Navarro, Meg Ferrero, Marisa Sicilia, Cesia Hirshbein, Nieves Hidalgo, Ángela Drei, Lidia Herbada, Mónica RM
y Rosa Sánchez, quisieron acompañar a su amiga y compañera. (Pido disculpas si se me olvida alguno)

A las nueve, en la calle, se mantuvo la tertulia durante un buen rato y, unos pocos, nos fuimos a una terraza cercana a tomar un refresco y disfrutar de la alegría de Mayte que, en ese momento, ya estaba en una nube. No se creía lo que acababa de vivir.

Fue, en resumen, una presentación memorable, que recordaremos todos durante mucho tiempo.

¡Enhorabuena!

domingo, 19 de marzo de 2017

Carta a mis padres

Queridos mamá y papá:

Un año más hemos celebrado, sin vosotros, el día de San José, tu santo, mamá, y el día del padre, sin poderte dar un beso, papá.

Hemos estado todos juntos comiendo en la Sierra, disfrutando de un magnífico día de primavera, aunque hoy todavía es invierno.
Desde que os escribí en Navidad, han cambiado muchas cosas.

Somos uno más. Almudena es un bebé rollizo, que sólo duerme y come y, si está despierta, se entretiene mirando todo lo que le rodea, con sus enormes ojos azules. No tiene el azul de su madre, ni el de su abuelo, es muy probable que tenga el azul tirando a gris que tú tenías, mamá. Otra rareza heredada de sus bisabuelos, es el grupo sanguíneo.
Manuela ya camina pero sigue sin gustarle que la den la mano, por lo que va siempre sola. Se parece mucho a su padre , incluso en el carácter.
Victoria se nos ha hecho mayor, habla muchísimo y cuida, a su manera, de su prima y de su hermana.
Cuando las veo a las tres juntas no puedo dejar de pensar lo que habríais disfrutado con ellas.
Así, como quien no quiere la cosa, somos nueve. Nuestras reuniones ya no pueden celebrarse en cualquier sitio, hay que hacer espacio para dos tronas y un coche de bebé e ir preparados de pañales, toallitas húmedas, chupetes y baberos.
Las conversaciones hay que tenerlas cuando están dormidas porque, si no, es imposible que alguna no esté reclamando nuestra atención.

Me ha cambiado la vida pero sólo puedo deciros que, aunque os añoro cada día, soy inmensamente feliz de poder compartir estos momentos con mi familia, esta familia que no habéis podido conocer.

Allá donde estéis, muchas felicidades. Os quiero.

martes, 14 de marzo de 2017

Un paseo con Mayte Esteban

Hoy he pasado la mañana con mi amiga Mayte Esteban.
Os voy a poner en antecedentes. Mayte es escritora, su biografía la podéis buscar en internet, y a ella me une una amistad especial. Ha traspasado las barreras de las redes sociales y el contacto de lector-escritor que se ha convertido en algo frecuente hoy en día.

Hace poco tiempo que ha publicado su último libro Entre puntos suspensivos y, aprovechando unos compromisos suyos, hemos buscado un hueco para disfrutar de una agradable conversación.
He ido a buscarla a Moncloa, ya que vive en Cantalejo y viene a Madrid en trasporte público, algo que se convierte en toda una aventura. Ha llegado un poco antes para que pudiéramos tomarnos algo juntas y charlar.

Esta mañana es espléndida, cosa extraña ya que siempre que nos hemos visto la climatología ha sido adversa: o hace un calor inhumano o una lluvia de “jarreo".
Llega vestida cómoda, con sus inseparables Converse rosas, por eso la invito a ir paseando en lugar de meternos en el metro. La cercanía de dos de los grandes hospitales de Madrid, La Fundación Jiménez Díaz y el Clínico San Carlos, me trae a la cabeza un libro del que me consta que le sigue costando hablar.

La arena del reloj. Tu padre.

-Es una novela que nunca debería haber salido de casa, una historia personal que fue más bien una especie de entretenimiento entre los dos, no pensar en lo que nos estaba pasando, en que cada día era, en efecto, uno menos en una cuenta atrás que se había acelerado. Pensé que lo único que podía hacer por él en esos momentos era embarcarlo en un proyecto que espantara de alguna manera la imagen del hospital y el tratamiento.

»Supuso dos cosas: un acercamiento aún más intenso del que ya teníamos y, por otro lado, una ilusión. Mi madre me decía que en ese tiempo él se pasaba las horas tomando notas –algunas las conservo- sobre los temas que podíamos tocar. Me llamaba constantemente para decirme que se le había ocurrido algo y esas horas en las que no pensó en el presente fueron un regalo.

»Después, cuando la publiqué, vino otra parte maravillosa de este libro, el que haya servido de ayuda a personas en nuestra situación, sobre todo a las que se quedan. Aceptar lo inevitable y quedarse con lo bueno que nos han dado las personas que amamos. Los mensajes en ese sentido que he recibido en estos años han sido incontables, pero aunque solo hubiera sido uno, habría bastado para decirme que fue la decisión correcta, dejar que la leyeran. Te voy a poner solo dos ejemplos: Félix, me dio las gracias porque el leerla le había devuelto los momentos felices con su mujer, perdidos cuando falleció. Supuso el final del duelo y el principio de otra vida. Sin ella, pero dándose cuenta de lo feliz que había sido en esos años. El otro, Pilar, una mujer que encontró el libro cuando su padre enfermó. Me contó que le había ayudado a encontrar el valor para decirle, antes de que se marchase, lo que le quería. Los últimos días de su padre los viví de alguna manera con ella, hablando por mensajes durante las largas noches de hospital. Esto es magia, palabras vivas que aunque tengan todo el tiempo la muerte presente, unen a personas que ni se conocen.

-Ya te he dicho en alguna ocasión que me habría gustado tu padre. El mío se fue rápido, pero creo que tenía claro lo mucho que le quería.

-Eso siempre es lo importante. No dejártelo dentro, porque ahí acaba quemando cuando ya no puedes hacerlo.

Seguimos andando y a nuestro lado pasan unos adolescentes. Me acuerdo de su hijo mayor, de otra novela.

El medallón de la magia. Tu hijo.

-¿Cómo se te ocurrió esta historia?

-Fue una idea que surgió después de morir mi padre. Yo necesitaba algo ligero, contar una historia que no tuviera nada que ver y pensé en un cuento para él. Algo que le apeteciera. Me dejé guiar por sus deseos y descubrí también un nexo de unión entre nosotros. No me lo puso fácil, se le ocurría cada cosa que muchas veces no sabía cómo enfocar, me costaba días llevar a los personajes de escenario en escenario, pero al final construí un cuento que me ha dado muchas alegrías.

»Se sigue leyendo en institutos y colegios, algo que ni se me pasó por la cabeza cuando la escribí. Fue, además, mi primera incursión en Amazon e iba muy bien hasta que le cayó una de esas reseñas demoledoras que lo frenó. Por suerte, eso pasó y ha seguido con fuerza. En papel, de las autoeditadas, es mi novela más vendida con diferencia.

»Por cierto, un personaje de esta novela, Alonso, es tan divertido que años después apareció otro idéntico en una serie de televisión de éxito, así que no estaría tan mal como decían en esa reseña…

-Tu hijo es especial. No todos los niños habrían jugado con su madre a escribir un libro.

»En cuanto a Alonso, el personaje de tu novela, es muy curioso. Primero vi la serie, El Ministerio del Tiempo y, poco después, leí el medallón. No tuve que imaginarme a Alonso, porque mi cabeza lo asoció inmediatamente al actor Nacho Fresneda interpretando a Alonso de Entrerríos. Entonces me di cuenta de que tú lo habías creado mucho antes que Javier Olivares. ¿Habrá leído tu novela? –le pregunto mientras esperamos en un semáforo.

-A esto te puedo contestar sin titubear: no la ha leído, es una casualidad de esas de la vida. El día del estreno de la serie me escribieron un montón de mensajes para preguntarme si yo tenía algo que ver con ella y por eso me decidí a verla: me hice ministérica al primer capítulo. Después hablé con Javier de esto y no conocía la novela.

-Es un personaje genial –le digo, acordándome entre risas del momento de la novela en el que cree que alguien le ha robado la magia al mando a distancia de la tele cuando se le han caído las pilas.

Al atravesar la Plaza de España, nos hemos parado a hacer alguna foto, hemos visto muchos perros. En las redes nunca nos enseña a sus hijos, pero Ulises, su labrador negro, de vez en cuando se cuela en sus post.

Ulises.

-¿Qué significa para ti Ulises?

-Pues es mi “niño pequeño”. Lo adoptamos cuando tenía un mes, fue recogido de la calle el día que unos salvajes habían planeado sacrificarlo a pedradas. Lleva el nombre de un perro imaginario, que aparece en una de mis novelas no publicadas, aunque en ese caso era un pastor alemán y Ulises es una mezcla de labrador con quién sabe qué. Como no lo esperábamos, le puse el primer nombre que me vino a la cabeza.

»Es el perro más bueno y dócil del mundo y ha aportado mucha luz en casa.

-Me gusta mucho cuando cuentas aventuras de tus paseos por el pinar acompañada de Ulises. Haces que respire la naturaleza.

-A mí me gustaría que vierais lo que corre cuando ve una ardilla. Cualquier día me arranca un brazo –me dice, y cuando lo hace se dibuja una sonrisa en su rostro. Se nota que este perro es parte de su familia.

Caminando, caminando, hemos llegado a la Plaza Mayor. Hace pocos días que han comenzado los actos de celebración de su cuarto centenario, que durarán cuatro años, los que tardaron en construirla y está muy animada. Si salimos a la calle de Toledo, nos movemos por los lugares por los que caminó Brianda.

Brianda, una novela inclasificable.

-Háblame de Brianda…

-Brianda es fruto de mi inexperiencia narradora. En un comentario de Amazon me dijeron que no entendían por qué en El medallón de la magia el malo era el malo. Me di cuenta de que no lo había contado. Existían dos opciones: reescribir esa novela o escribir otra. La primera me parecía deshonesta con quienes la habían leído ya, así que opté por la segunda.

»Es mi novela más documentada, aventuras, magia en dosis justas, historia mezclada con una trama que avanza en cada una de sus más de cuatrocientas páginas y en la que todo acaba encajando, pero no funcionó. Yo me pregunto a veces si es por el hecho de que parece que hay que leer las dos novelas y eso tira para atrás, o porque no he sabido venderla. Me quedo con que cada lector que tropieza con ella se sorprende al encontrarse con una historia que gusta.

»Lo difícil es hacerlos tropezar, eso sí.

-Es, sin duda, la mejor novela que has escrito, al menos de las que tienes publicadas. En algún momento tendrá otra oportunidad, estoy segura –le digo.

-Hay veces que no sabes por qué una novela no conecta con los deseos de los lectores cuando es novedad y se pierde. Ahora, después de dos años, me conformo con que quienes la elijan como lectura disfruten de ella. Aunque sean media docena.

Llevamos un buen rato andando, disfrutando de este día apacible, pero ya es hora de sentarnos un rato.

-Te voy a llevar a la Cava Baja –le digo-. Seguro que Brianda caminó por aquí en su visita a Madrid. De cualquier forma, es la calle de la que te he hablado y que tantos recuerdos tiene de mi infancia. Me apetece que la conozcas.

-Genial –me dice.

Seguimos caminando un poco y la llevo conmigo al lugar que he elegido, La Posada del León, porque vamos a tener bajo nuestros pies, acristalada, los restos de la antigua muralla cristiana. Allí nos sentamos delante de dos cafés.
El cristal me lleva al título de otra de sus obras.

Detrás del cristal.

-Me consta que Detrás del cristal es una de tus novelas favoritas. ¿Es verdad que la autoeditaste en principio?

-Sí. La autoedité con un éxito instantáneo, unanimidad entre las ventas y la crítica, y me dio muchísimas alegrías, sobre todo porque hice algo que no estaba previsto: meter un tema como los malos tratos en una comedia, en una historia que parece un cuento, pero que cuando avanza te das cuenta de que estoy poniendo al lector frente a un espejo, para que se pregunte qué haría ante este problema, el ver a alguien que está siendo maltratado.

»Mis personajes se comportan como la mayoría: se concentran en sus propios problemas y eso provoca después los remordimientos.

»Solo dos semanas después tenía en el correo las ofertas de siete editoriales se interesaron por ella, elegí una, salió en papel y la verdad es que aunque se ha vendido mucho (o al menos yo he firmado una cantidad desorbitada de ejemplares en papel) parece que no cumplió con lo que la editorial esperaba de ella. Estuve a punto de renunciar a escribir después de esta experiencia, que fue mucho más negativa que autoeditarse, desde luego.

-Con esta novela te conocí como escritora, lo de la amistad vino poco a poco, porque hay personas que se entienden desde el principio.

»¿Te acuerdas? Tuve problemas para leerla porque estaba protegida y yo no tengo Kindle. Te conocí en la feria del libro, te conté lo que me pasaba y esa misma noche me enviaste el archivo para que pudiera leerlo. Eso sí, la compra quedó registrada en Amazon.

-Sí, lo recuerdo perfectamente. Y me alegro mucho.

La chica de las fotos, el premio.

-Después de esta novela, te dieron un premio.

-Llegó en el momento justo. Estaba en ese dilema, si dejarlo todo o dar un puñetazo en la mesa y opté por esto. PresentéLa chica de las fotos al HQÑ y quedó finalista. Siempre me dicen que los premios están dados de antemano y puedo asegurar de que no era así, yo no cumplía para nada el perfil que se puede pensar que tiene alguien para quedar aunque sea finalista en un certamen internacional, y sucedió.

»Me ha dado muchas alegrías, los puestos más altos en muchos tops, ha batido records personales de ventas y creo que ha convencido a la mayoría de lectores que buscan en las novelas románticas algo más que un entretenimiento para pasar el rato. Y, como Detrás del cristal, tiene algo peculiar, y es que ha recolectado para mí lectores hombres. En un género que inconscientemente asignamos a las mujeres, yo puedo presumir, y lo hago, de tener muchos hombres que me leen.

»Ha cambiado también mi visión de las editoriales, en la que estoy ahora me tratan muy bien. El trabajo se hace en equipo y no me cuesta nada exponer ideas y que se escuchen. Con ellos me siento arropada y de momento me planteo seguir hasta que quieran.

Mayte es una todoterreno que no le tiene miedo a nada y también escribe relatos de vez en cuando, muchos de los cuales cuelga en su blog, El espejo de la entrada.

Oasis de arena. Un relato por capítulos.

-Has escrito también relatos. ¿Me hablas de Oasis de arena? ¿Cómo se te ocurrió?

-Esto fue un experimento de los miles que hago en el blog, una especie de ejercicio práctico que necesitaba para documentar una novela que al final he escrito este pasado verano. Se trataba de imitar la forma de narrar de otro autor, de ponerse en su piel, de arrancarte la tuya y dar forma a la historia de un modo diferente a como lo harías tú. Una especie de “Tu cara me suena” pero literario.

»Un fracaso.

»Al final, mi voz se escuchaba por todas partes en el relato, aunque lo intentase, se me oía en cada expresión, en cada palabra. Eso me ayudó a entender cómo se acabaría comportando ese otro personaje de esta novela de la que no sabes ni el título porque todavía está en fase borrador.

»Decidí regalarlo en la Navidad de 2015, personalizarlo para cada lector que me lo pidiera y fue así y no publicado porque el tema de la piratería es incontrolable y porque es muy corto para publicarlo. No me arrepiento, a pesar de no estar publicado se le han hecho múltiples reseñas. Eso es algo muy curioso, que un libro que no está disponible, un relato encima que no suele captar la atención de los lectores, haya logrado, sin existir de alguna manera, hacerse visible.

»Algún día quizá lo publique. Me lo tengo que pensar.

-Nunca hemos vuelto a hablar del tema, pero yo percibí una forma diferente de escribir en las dos primeras entregas. En la forma de describir, en los adjetivos. Pero luego ya fuiste tú, hasta el punto de que se me había olvidado el experimento que contaste en su día –le digo.

-A eso me refería, que fui incapaz de mantenerlo. Mi personaje redacta artículos, creo que ahí, como son pocas palabras, se puede hacer, pero ya cuando se trata de algo más largo… al menos a mí me cuesta.

Paso a preguntarle por otras dos de sus novelas.

Entre puntos suspensivos y Su chico de alquiler

-¿Qué tienen en común estas dos novelas? –le digo.

-La segunda que mencionas es mi primera novela. La primera, la última. Las dos están unidas por los personajes, pero nada más. Son historias distintas, no hace falta leer una para entender la otra y si escribí la segunda es porque creo que tenía una deuda de honor con esos personajes. Javier y Paula me pillaron sin herramientas, así que ahora que empiezo a manejarlas quise darles la oportunidad de reencontrarse.

»Yo sé que he vuelto a hacer algo anómalo, y es convertir a una protagonista en su propia antagonista, pero la romántica es un género tan cerrado que si no buscas algo distinto en este sentido, todas las novelas acaban siendo iguales. Me arriesgo, lo sé, pero tengo claro que yo de esto no vivo y que si quiero que este género se respete voy a tener que ser la primera que lo trate con respeto, que lo dote de algo diferente y que explore.

»Ya veremos qué dice el tiempo. O no, a veces cuando llega ese momento ya te has muerto.

-Me ha gustado que haya intriga en la novela –le digo-. Los protagonistas son muy reales. Paula, es mucha Paula y Javier, un encanto. Me han cautivado los secundarios. Yo les doy mucha importancia en todas mis lecturas.
»En cuanto a leer primero Su chico de alquiler, es verdad, no es imprescindible, pero te acerca a los protagonistas.

-A mí también me gusta trabajar los secundarios, en muchas novelas son bastante planos, quizá porque tiene que ser así, pero no soy capaz. Me gusta que tengan vida.

Proyectos.

-Cuéntame algo de esas novelas que tienes guardadas en un cajón, sobre todo la que tú misma defines como lo mejor que has escrito.

-Son distintas. No son historias románticas y como yo llevo en la frente de alguna manera el sello de autora de romántica me va a costar mucho que una editorial crea en ellas. Y, de momento, sigo intentando que salgan así, aunque no descarto del todo la autoedición. Insisto en que no es cuestión de dinero, si tuviera una visión mercantilista de la literatura me autoeditaría.

»Hay una que habla del amor pero desde ese otro lado oscuro que es el desamor. Y no se queda en eso, es una novela de asuntos pendientes que resolver. No tiene una protagonista sino que este papel se lo reparten tres. Cada una de ellas tiene su propio conflicto y lo resuelven a su manera. Sé que algunas de las decisiones que toman no son las correctas, pero intenté que la vida se colase con sus luces y sus sombras en esta historia. Espero haberlo logrado y que llegue el momento en el que pueda publicarla.

»El otro borrador tiene que ver con eso que contaba de Oasis de arena, imitar al escribir. Metaliteratura. A mí me gusta el resultado, pero sé que se aleja tanto de lo que he publicado hasta ahora que acabará como Brianda quizá. Ya veré también qué hago con ella, pero mucho más adelante, porque ya digo que está en borrador.

-Encontrarás el momento pero no la toques más –le digo. Es capaz de volver a cambiarla.

-Eso intento, pero sin conseguirlo.

Me lo estaba temiendo, creo que no tiene remedio, mientras tomo un sorbo de mi café. Estamos tan absortas hablando que se me está quedando helado.

-¿Y proyectos futuros?

-¿Proyectos? Montones. Lo que no tengo es tiempo. Ya te contaré cuando haya algo concreto…

Me deja ahí, con la intriga, y me pregunto con qué nos sorprenderá esta vez.

Apoyos.

-¿Quiénes son las brujillas y qué significan para ti? –me acabo de acordar de que algunas veces me ha hablado de este apelativo cariñoso que usa con sus amigas.

-Pues son lo mejor de esta experiencia literaria, el haber encontrado dos autoras con la cabeza bien amueblada a las que admiro y aprecio, y a las que me gustaría parecerme escribiendo (aunque creo que es imposible por lo que decía antes, me sale mi voz a la que me despisto). Me encantan nuestras conversaciones literarias, cuando empezamos proyectos y ponemos en común qué narrador será el mejor, o si una estructura puede ser más acorde con la historia que otra. Y como personas, como son lo más de lo más, no tengo ninguna queja.

»Bueno, sí, que no vivo en Córdoba, como ellas, y me pierdo los cafés reales. Son Pilar Muñoz y María José Moreno.

-Son magníficas. Es una pena que vivan lejos. Pero bueno, para eso están las redes sociales y el teléfono. Ventajas de la tecnología.

-Yo soy muy poco de teléfono, casi solo para emergencias –me dice-, pero las conversaciones escritas entre nosotras son constantes.

Los personajes.

-¿Te asaltan los personajes al planchar y toman vida propia…? –se lo pregunto porque a veces he escuchado que dice que cuando plancha se le ocurren ideas.

-Son unos pesados, a veces ni me dejan dormir…

Nos echamos a reír y me doy cuenta de que ya no tenemos café ninguna, pero me apetece seguir interrogándola todavía.

Tu blog.

-¿Qué me puedes decir de tu blog, El espejo de la entrada?

-Que tiene un nombre raro –contesta y me río, porque es verdad.

-A veces se me olvida que no lo leo yo sola y digo en él lo que me da la gana. Es un campo de experimentación y estoy muy contenta con él. Estoy a nada de las trescientas mil visitas y mi objetivo es publicar más, pero no me da la vida para tanto.

La familia.

-¿Sientes el apoyo de tu familia en todo esto?

-Sí, y es esencial. Me dejan escribir, aunque en los últimos meses está resultando más complicado porque hemos entrado en la fase de instituto de mis hijos y me fríen a preguntas cuando tienen dudas. Tengo que aprovechar el escribir cuando estoy sola.

El día a día.

-¿Cómo es tu rutina?

-Paseo con Ulises, recoger, escribir, la comida, las clases, tiempo de relax después de la cena, leer e intentar dormir. Algunas cosas se me dan peor que las otras.

-Aquí incluyo yo charlar con las amigas, aunque sea por mesenger, dar una vuelta por las redes, ayudar a tus compañeros en las correcciones, colaborar con la Casa de la Cultura y algo más que seguro que se me olvida. Necesitarías días de treinta horas.

-No sé estar sin hacer nada. Es una enfermedad.

El proceso de creación.

-¿Cómo creas una novela?

-Planifico una trama, un detonante, pienso durante meses en cómo conduciré la historia, decido el narrador y después empiezo. A las diez mil palabras suelo perderme y a las cien páginas arrepentirme. Por eso tengo tantos proyectos, porque algunos los aparco mucho tiempo. Detrás del cristal estuvo así años, borré unas ochenta páginas de un plumazo un día, seguí y mira. Y a La chica de las fotos le pasó otro tanto. Esa novela que has dicho, la que no está visible, llevo desde 2010 dándole vueltas. La tengo mareada perdida.

-Si te digo Azuqueca…

-Mi origen, mi biblioteca, mi pasado. Es nostalgia.

-Y si te digo que como no dejemos de hablar no llegas a tu cita, te vas a empezar a poner nerviosa.

-Sí, me temo que ya es hora de que me marche…

En la puerta del Mercado de San Miguel, lugar de su próxima cita, nos despedimos.Las dos sabemos que nos volveremos a ver y decido que esta charla quiero conservarla para publicarla en nuestros blogs, porque merece la pena ser contada, pero aunque no fuese así, ha sido un paseo inolvidable.


Gracias Mayte.