viernes, 30 de diciembre de 2016

Presentación "Las imágenes de la Biblia"

1 de diciembre de 2016
Se ha presentado en el Auditorio del Museo del Prado el libro «Las imágenes de la Biblia» a cargo de la escritora María Dueñas.
Después de una breve introducción, María Dueñas ha ido desgranando los entresijos de esta obra que plasma las conferencias impartidas en el Museo durante el curso 2015/2016 y que tienen como nexo común “la Biblia en el Prado”
Diecinueve conferencias que, según la escritora, podrían dar lugar a diecinueve novelas que nos van contando cómo, a través de la pintura, la música o el cine contemporáneo, la Biblia, ese gran libro con mayúsculas que integra infinidad de historias y de relatos, ha estado presente en nuestras vidas a lo largo de veinte siglos, dentro del ámbito de la cultura, dejando de ser, hace tiempo, patrimonio exclusivo de la cristiandad.
En estas conferencias se ha hablado del papel de la mujer en el Antiguo Testamento, de la violencia sobre ella, de los sonidos bíblicos porque los silencios, los gritos o las trompetas, conforman infinidad de sonidos, del influjo en la ópera o en las grandes películas de Hollywood. Y todo esto queda plasmado en este libro, en el que han participado historiadores, músicos, escritores, arquitectos y cineastas y que se convertirá, como cada año, en un referente para los estudiosos del Museo del Prado.
Para los que nos somos estudiosos y simplemente nos gusta la pintura, nos pareció una presentación muy interesante, en la que María Dueñas demostró una oratoria magnífica, repleta de docencia, que invita y convence para adquirir la obra.
Con un aplauso unánime a Miguel Zugaza, que prologa el libro, y que deja su cargo como director del Museo después de catorce años, se cerró el acto.


Publicado en el número 3 de la revista "Tardes en Sepia"

Rincones 3

Mercadillo de Navidad de la Plaza Mayor

Fotografía cedida por Madrid en Blanco y Negro MBN
Hoy mis pasos se dirigen a la Plaza Mayor, en la que se ha instalado el Mercadillo de Navidad.
Este mercado comenzó en la cercana plaza de Santa Cruz en el siglo XVII. En el siglo XIX se regula, dejando la plaza Mayor para pavos, turrones y dulces y la plaza de Santa Cruz para adornos navideños y bromas.
En 1950 se decidió trasladar la venta a la Plaza Mayor, prohibiendo la de productos alimenticios y así ha llegado hasta hoy, sustituyendo toldos por casetas y variando diseños como el de este año, que estrenamos como anticipo a las novedades previstas por la celebración del cuarto centenario de este emblemático lugar.
Voy recorriendo tranquilamente las noventa casetas, en una mañana de un día cualquiera, sin gente, recordando mi infancia, con ese olor a musgo que asocio a la Navidad.
Mis pasos me llevan, sin querer, a la caseta 1. Saludo a Vidal que tiene 61 años y lleva toda la vida vendiendo belenes. Empezó de niño, ayudando a su padre, Esteban, fallecido recientemente. A este mismo lugar venía yo de la mano de mi padre.
Las cosas eran muy diferentes, los puestecillos los fabricaban ellos mismos con palos de madera. La madre cosía las lonas que echaban al suelo para colocar los panderos, cuando la lluvia y la nieve lo permitían.
Sus clientes, variopintos. Los más humildes compraban las figuras más pequeñas y, si se rompían, las pegaban con esmero. Las más grandes, más caras, para los más “pudientes” como se decía entonces.
En mi paseo continúo al número 29, Conchita Serrano tiene 73 años, lo dice con orgullo y lleva aquí desde los doce, ayudaba a su madre. Esta mujer que ha simultaneado su trabajo en hostelería con la venta de belenes, se ha preocupado en aprender la historia, que cuenta con entusiasmo a sus clientes, para que sepan lo que están comprando.
Esta tradición se inició en barro, y las figuras eran burdas y feas. Los artesanos murcianos se interesaron por aprender la técnica de Salzillo, escultor barroco español, e incorporaron la tela a las figuras, dándoles movimiento. Los hijos de aquellos artesanos, han estudiado en la Escuela de Arte y convierten cada pieza en una obra única. Cada ojo, por ejemplo, lleva siete puntos de pintura. Es artesanía pura.
Los clientes de Conchita, vienen a visitarla cada diciembre a comprar la figura que hayan hecho nueva los artesanos, para agregarla a su nacimiento. Son los mismos que venían con sus hijos y ahora los acompañan sus nietos. Ella les cuenta la historia con mimo, enamorada de lo que hace.
Los clientes actuales buscan artesanía, saben y entienden lo que están comprando. Es una costumbre en muchos hogares, que pasa de padres a hijos.
Personas como Vidal y como Conchita consiguen que, cada año, la Plaza Mayor se llene de ilusiones, de risas de niños, de recuerdos y de tradiciones que nunca deberían perderse.
Os invito a visitar este rincón con un encanto tan especial.
¡Feliz Navidad!


 Publicado en el nº 3 de la revista "Tardes en Sepia"

Rincones 2

Casa Mateos

Nuestro paseo de hoy nos lleva hasta un restaurante pequeño, en la calle del Ángel 7, en pleno barrio de La Latina.
En su rótulo veremos escrito 1947, pero en esa fecha era todavía la Imprenta Carrasco.
Nada más traspasar sus puertas nos daremos cuenta de que estamos rodeados de detalles de otro tiempo. El suelo, los azulejos de la barra, la antigua cocina convertida en saloncito, las estancias de la pequeña vivienda, que hoy son un comedor privado, todo nos evoca otra época.
El 26 de marzo de 1956, Casa Mateos levantó sus cierres con Isidoro Mateos al frente del negocio, ayudado por su hijo Vicente.
Era una taberna y, como tal, despachaba vino a granel, y vendía bebidas para la calle o para tomarse una copa charlando con los parroquianos.
Al fondo, estaba la vivienda familiar.
Me cuenta Vicente que los primeros meses fueron muy duros, tanto que, a sus 26 años, lloraba detrás de la barra pensando que su padre se había equivocado pagando las 150.000 pesetas de traspaso.
Pero, poco a poco, se fue ganando a la clientela y al barrio, hasta convertirse en toda una institución.
Se casó con su prima Rosario, y no tardaron en buscar un piso cercano que los permitiese alejarse de la taberna al echar el cierre.
Cuando don Isidoro se jubiló, ocupó una silla de madera cercana a la puerta donde leía, cada mañana, el ABC y contemplaba como su hijo había levantado el negocio, a base de mucho esfuerzo.
En los comienzos, Vicente se compró un motocarro para hacer portes porque los ingresos de la taberna eran insuficientes.
Entre tanto, Rosario experimentaba en la cocina hasta dar con una salsa para las patatas bravas que consiguió hacer famosa. Las patatas cortadas a cuchillo, ni grandes, ni pequeñas, fritas en sartén de hierro y cocina de gas, y sobre las que echaba su salsa, esa que nadie pudo igualar después de su muerte. Porque nunca midió nada, por lo que resultó imposible elaborarla exactamente igual que lo hacía ella.
Cualquier vecino del barrio recuerda el ruido de los cierres, muy temprano, cuando Vicente abría para servir las copas de aguardiente a los barrenderos, el coche aparcado en la puerta con una funda para que no se llenase de polvo, porque sólo lo movía los jueves, el día que cerraba la taberna y se iba a disfrutar del campo y de su escaso tiempo libre.
Rosario le dejó en julio de 1989, demasiado pronto. Tres años aguantó él sólo con el negocio y, lo que son las cosas, lloró de impotencia al ver su taberna llena de gente y sin posibilidad de atenderla en condiciones.
Quiso hacer un guiño al destino y cerró un 26 de marzo, justo treinta y seis años después de esa primera vez.
En la actualidad, Vicente Mateos sigue viviendo cerca y puede contemplar, cada día, como su taberna se ha convertido en un bar restaurante, guardando el aire antiguo y regentado por una persona que no le es desconocida.
Porque a Alejandra Balsa, la actual propietaria, que ha crecido en este barrio, hija de un afilador del Mercado de la Cebada, no era extraño verla entrar con la bolsa llena de embases vacíos, los famosos cascos, a comprar los encargos que la hacía su madre, en la taberna más cercana, que no era otra que Casa Mateos.
Y un buen día, decidió compaginar su trabajo como productora ejecutiva de exitosas series de televisión y su pasión por escribir, tiene tres libros publicados: Promesas incumplidas (El secreto de Puente Viejo), Antes de ti, y Sofía, con una ilusión de su infancia y se colgó un mandil negro para darle un aire moderno a esta taberna de toda la vida.

Os invito a conocer este rincón que, por su historia, tiene un encanto especial.

(Publicado en el nº 2 de la revista "Tardes en Sepia")

Rincones 1

Rincones con encanto
El rincón elegido es el que comprende el esquinazo de la Calle de Fomento y la Calle Torija. Vamos a pasear. 
Para situarnos, nos encontramos entre la plaza de Santo Domingo y la plaza de la Marina Española. Ésta última muy conocida porque en ella tiene su sede principal el Senado, aunque pocas personas se paran a admirar el bello palacio que lo alberga, un edificio del siglo XVI, fundado como Colegio de la Encarnación o de María de Aragón. Aunque la autoría original presenta contradicciones, sí se sabe con certeza que fue reformado por Juan de Villanueva.
Pero volvamos a mi rincón, en el que siempre evoco buenos recuerdos.
El Instituto Santa Teresa de Jesús, en el que yo estudíe, está situado en la calle de Fomento número nueve y fue construido en 1923. 
Comenzó su andadura con el Bachillerato Laboral y después pasó a ofrecer el de 1953 que estuvo en vigor hasta la implantación de la EGB, varios años después de su creación en 1970. Con el cambio de ley, dejó de ser exclusivamente femenino.
El Instituto no quiso quedarse atrás y se convirtió en uno de los que desarrollaron la LOGSE experimental, en los primeros años de la década de los 90.
Y así, formando niños y adolescentes, entre los que nos encontramos mi hija y yo, ha llegado hasta hoy, anexando un edificio moderno al que se entra por la calle Torija y en el que sus alumnos, según me cuentan, escuchan reggaetón durante el recreo.
El edificio de al lado, La Casa Palacio de Elduayen, con vuelta a la calle Torija, es de estilo clásico y, aunque hay pocos datos sobre él, se data en la segunda mitad del siglo XIX. Tiene una peculiar fachada en ladrillo con decoración de piedra blanca y balcones decorados con motivos barrocos.
En sus sótanos está el Café de Chinitas, inaugurado en 1970. Inspirado en el café cantante más antiguo de España, El Café de Chinitas de Málaga y en los versos de García Lorca:
“En el Café de Chinitas
dijo Paquiro a su hermano:
«Soy más valiente que tú
más torero y más gitano”

El escultor Manuel Sanguino, que esculpió las puertas de la Catedral de la Almudena, decoró muchos rincones de este conocido local, parada obligatoria para el turismo extranjero, aunque cada vez acoge más público madrileño, que busca buena cena y un moderno espectáculo flamenco.

Y enfrente, en el número 12 de la calle Torija, está el antiguo Palacio Tribunal de la Inquisición. Aunque se atribuye a Ventura Rodríguez, quien realizó el proyecto como arquitecto de la Inquisición, fue su discípulo Mateo Guill el que lo llevó a cabo a finales del siglo XVIII.
Se aprovechó en su construcción parte de las casas existentes, seguramente para abaratar costes, pero se construyó una gran fachada con un balcón rematado por columnas y con un escudo creado por Carlos III y realizado por Ventura Pérez de los Ríos, con piedra blanca de Colmenar y que está considerado uno de los más bonitos de Madrid.
En su fachada se podía leer la famosa frase “Exurge Domine et judica causam tuam” (Levántate Dios y juzga tu causa)
En 1834, la Inquisición fue suprimida definitivamente y este edificio albergó Ministerios de Fomento, Interior y Gobernación.
Según Mesonero Romanos, también hubo aquí una imprenta y un hotel.
En 1894 el Estado se lo vende a la congregación religiosa de María Reparadora, que acomete unas obras importantes para rehabilitarlo y construir una iglesia con planta de cruz latina y estilo neorrománico.
En esos guiños que da el destino, en 2008, las monjitas se lo devuelven al Estado, vendiéndoselo al Senado por 36 millones de euros, teniendo que intervenir El Vaticano, al ser un bien inmueble propiedad de la Iglesia Católica. A día de hoy, no se han hecho las reformas necesarias para adecuarlo a los señores Senadores, porque la crisis llega a todos los sitios.
Aquí acaba mi rincón pero, si os ha interesado, os invito a que paseéis por esta zona, despacio, relajados, porque oculta otros rincones bellísimos y muy poco conocidos.

(Publicado en el nº 1 de la revista "Tardes en Sepia")

Caos en Vistalegre

Ayer estuve en el Palacio de Vistalegre, viendo el espectáculo “Revolution Ice”, sobre el que ya os escribiré, porque merece una entrada en este blog.
Pero lo que vengo a contaros es la aventura que tuvimos, por llamarla de alguna manera, para acceder a las instalaciones.
Ya hace años, en el primer concierto de David Bisbal, después de convertirse en el “triunfito” más famoso, nos ocurrió algo parecido, pero pensé que, trascurrido el tiempo, esto no me podía volver a pasar.
Llegamos a las 19:45, quince minutos antes del comienzo del show, ya que las entradas eran numeradas.
Había una fila inmensa para acceder al recinto y, después de preguntar a unos y a otros, nos dijeron que daba dos vueltas a la plaza porque sólo se había habilitado una puerta de entrada.
Veinte minutos después, no habíamos terminado de dar la primera vuelta, y el personal estaba ya más que calentito a pesar de la fría noche madrileña.
Llegamos a la puerta principal, en la primera vuelta y, muchas personas, al ver factible traspasar las vallas y dándose cuenta de que nos quedaba otro tanto de espera, empezaron a “colarse” masivamente.
Yo, muy educadamente, me dirigí a uno de los vigilantes y le comenté que no me parecía justo lo que estaba ocurriendo, ya que ellos estaban haciendo “la vista gorda” y, cuál fue mi sorpresa, cuando me levantó la cinta y me invitó a pasar, ahorrándome media hora más de espera.
Ya en el interior de la plaza, y encontradas nuestras localidades, pudimos comprobar lo que habíamos intuido por las pantallas: el espectáculo había comenzado a pesar de haber unas dos mil personas en la calle.
Los tendidos que yo tenía enfrente, estaban vacíos y no se ocuparon hasta las 20:45, cuando ya habían salido a pista al menos cuatro actuaciones.
A pesar de lo que disfrutó el público y de que el espectáculo fue fabuloso, a unos pocos no se les olvidó que habían pagado bastante dinero para ver más de media hora menos de lo prometido, por lo que decidieron poner una reclamación.
Por supuesto no les dieron ningún tipo de facilidad, y les advirtieron que no les atenderían hasta que estuviese totalmente desalojado el recinto. Aún así, la paciencia de algunos no tiene límites cuando se tiene la razón de tu lado y a las 23:00 horas les recibieron los propios productores, Javier Fernández y su socio, para entregarles las hojas. Les regalaron el libro que recientemente ha publicado sobre su biografía, y se hicieron fotos con los pocos que habían aguantado estoicamente, no más de diez personas, pero no se libraron de la reclamación.


Es penoso que un evento de esta envergadura, se vea empañado por una mala organización.
Sin querer perjudicar al Javier patinador, es posible que el Javier productor, haya aprendido para una próxima ocasión.

Como curiosidad comento que no he podido encontrar ni una sola mención a este tema, el del caos de entrada,  en la prensa de hoy.

martes, 27 de diciembre de 2016

Mis lecturas de 2016


Venga, aquí están mis lecturas de este año:
Comencé con “Matar al mensajero”, de Mercedes Gallego. En ese momento era la segunda de la tres que tenía publicadas de la saga Candela Luque. Fue la que más me gustó de las tres, pero estaba por leer “Nada será igual” que llegó a mitad de año y superó todo lo leído hasta entonces de esta autora y amiga.
Le segunda lectura del año “Los colores de una vida gris” de Pilar Muñoz, se iba a convertir en uno de las mejores libros que he leído en los últimos tiempos. Me gustó el tema y su forma de narrarlo.
Continué con dos recomendaciones “Planes de boda” de Ana González Luque y “Ángeles de Cartón” de M.A. López Matamoros. Sobre el primero solo puedo decir que es tonto e insulso y no me puedo explicar que tenga buenas críticas, no recuerdo quien me lo recomendó pero, a partir de su lectura, anoto quien me recomienda las cosas para saber si es de gustos parecidos a los míos. Sobre el segundo es una lectura extraña, que estuve a punto de dejar y que me alegré de terminar por su sorprendente final, aún así, no podría invitar a leerlo.
Después de mucho tiempo esperando, Marta Querol publicó el final de su trilogía “Yo que tanto te quiero”. No me decepcionó, me gustó muchísimo y me pareció un magnífico broche de oro para la aventura que inició con “El final del ave Fénix”.
La pieza que faltaba” de Antonia Romero, amena, alegre, divertida, disfruté con su lectura.
Jorge Díaz presentaba libro y decidí leer algo de él antes de conocerle. “Cartas a Palacio” fue todo un descubrimiento. Me gustó muchísimo. Volveré a leer a este autor, sin duda.
El poder de la sombra” lo leí muy rápido para poder hablar de él en la presentación que María José Moreno hizo en Madrid. Me gustó mucho aunque no tanto como el primero de la trilogía del Mal “La caricia de Tánatos”. Casi finalizando el año he tenido la oportunidad de leer “La fuerza de Eros”, con la que la autora ha cerrado la trilogía, y que me ha encantado. Otro broche de oro. Buenísimo.
¿A qué llamas tú amor?” de Pilar Muñoz. Aunque no es el tipo de lectura que me gusta, con tintes eróticos, está escrito con elegancia y sin abusar del erotismo, cuando no es necesario. Muy recomendable, sobre todo, para los amantes del género.
Lágrimas de tequila” de Cita Franco es un conjunto de relatos que me gustaron mucho.
Café y cigarrillos para un funeral” de Roberto Martínez Guzmán, novela corta que me sorprendió gratamente. Le seguiré leyendo.
Después me decidí por “La víspera de casi todo” de Víctor del Árbol, flamante premio Nadal. Novelón, duro, fuerte, magníficamente escrito, de los que dejan huella.
Tras este, era difícil elegir lectura y busqué algo sencillo, “Brianda, el origen del medallón” de Mayte Esteban. Ya había leído “El medallón de la magia”, literatura juvenil, y pensé que éste otro, el origen, era similar. Nada más lejos de la realidad. Brianda es una ficción histórica muy bien ambientada, que me sorprendió en cada página y que he recomendado a todo el que me ha querido escuchar.
Los últimos días de Saint Pierre” de Carolina P. Alcaide, novela romántica con historia real de fondo que yo desconocía y me hizo investigar sobre el tema. Disfruto cuando un libro me hace indagar en la historia y aprender cosas nuevas.
Lo que encontré bajo el sofá” y “El regalo” de Eloy Moreno, fueron dos de mis lecturas de verano que me acompañaron en las noches calurosas de la Sierra de Madrid. Había leído fragmentos que el autor escribe en Facebook, pero nunca pensé que me pudiesen gustar tanto.
Y si no es casualidad” de Sara Ventas, novela fresca, romántica y con unos magníficos paseos por Verona, ciudad que a mí me había enamorado y que he vuelto a recordar gracias a este libro.
También he leído una novela de la que sólo puedo decir que su autora está esperando el momento oportuno para publicarla y que, cuando se decida, será un éxito seguro porque es preciosa.
Y ahora voy a citar las lecturas “diferentes”.
Mercedes Pinto Maldonado nos regaló a sus lectores una novela por entregas semanales “El escritor desahuciado” que esperábamos cada domingo con verdadero interés y que siempre se quedaba en lo más interesante. Cuando tenga tiempo la volveré a leer, para volver a disfrutarla.
Clemente Roibás Blanco también nos regala magníficos relatos en las redes sociales.
Pilar Muñoz, con sus relatos de mujer, sus micro relatos, sus reflexiones y todo lo que escribe, tiene la generosidad de llenar horas de lectura de gran calidad a lo largo de todo el año.
Y dejo para el final a Víctor Fernández Correas. Sus relatos de los miércoles, sus recreaciones históricas, sus ventanas abiertas cada mañana y sus lecciones con su juego “Una vida en diez líneas de Word”, convierten su página de facebook en una lectura obligada cada día.
Como veis, pocas lecturas me han defraudado. Sólo he leído autores españoles y han ganado las chicas, aunque por pura casualidad.
Llevo días sin leer por lo que no he podido terminar el que tengo entre manos. Si lo acabo antes de tomar las uvas, os lo cuento.

¡Os deseo un feliz 2017!

martes, 20 de diciembre de 2016

Carta a mis padres

Queridos padres:

Ya estamos en la semana de Navidad y, por tanto, queda poquito para acabar este 2016, así que os escribo contándoos lo que estoy segura de que habéis podido ver desde allí arriba, por si se os ha pasado algún detalle.

Ha sido un año muy bonito, en el que Victoria y Manuela se han convertido en las protagonistas indiscutibles de la familia, consiguiendo hasta cambiar nuestros hábitos de vida.
Victoria es un polvorín, no para, muy lista, es una esponja que lo absorbe todo, por lo que hay que tener cuidado para que no aprenda lo que no interesa. Cuando se concentra saca la lengua de lado, curiosos genes que la han permitido heredar ese gesto tan tuyo, papá.
Manuela parecía calmada hasta que aprendió a gatear y a ponerse de pie, y un mundo diferente se abrió ante ella. Ahora es una magnífica trepadora que llega a los sitios más insospechados. Le falta un empujoncito para caminar. Tiene el pelo de Carlos, o sea, el tuyo, mamá.
Pero además, estamos muy ilusionados esperando otro bebé, otra niña que será un regalo tardío de Reyes, estoy deseando tener a las dos, madre e hija, entre mis brazos.

Como os digo, nuestras costumbres han cambiado. Este verano necesitábamos ocupar dos sombrillas en la piscina, con las niñas, los juguetes, la piscina hinchable que compartían, toallas, meriendas, cambiadores…de todo. Entenderéis que yo me «escapase» a jugar una partida de canasta con mis amigas. En las reuniones familiares, buscamos restaurantes que tengan espacio para las sillitas y tronas. En mi casa, estamos muy justitos, pero eso no se puede cambiar. Las niñas juegan en el pasillo y se divierten juntas.
Ha sido un año de nuevos trabajos para casi todos los jóvenes,  han mejorado e incluso han cumplido algún sueño.
Nosotros hemos tenido pocas novedades en nuestro día a día. Procuramos reunirnos siempre que podemos, wasapeamos mucho, eso es todo un invento, tenemos un grupo en el que estamos todos y otro sólo de los tres hermanos, buscamos ser felices y, aunque no siempre lo conseguimos, en la balanza gana lo bueno.

Papá, este año no he puesto tu nacimiento, porque he comprado uno de plástico para que las niñas lo disfruten. Victoria, que viene todos los días, juega con él como hacía Carlos cuando era pequeño, ¿te acuerdas? He aprovechado tus patos y tu molino y le he explicado a la niña que eran del bisabuelo y hay que tener un cuidado especial con ellos, creo que lo entiende.
Participo en una revista digital, Tardes en Sepia, que os encantaría y sé que os sentiríais orgullosos de que, por fin, escriba para que alguien me lea, aunque sea un artículo pequeño. Estoy muy ilusionada con ella y con otros proyectos que ya os contaré.
En el número tres te he hecho un guiño, mi artículo va dedicado a ti papá, al montaje de tus nacimientos que se hicieron famosos en el barrio y a que me inculcases ese amor por la Navidad.

También pertenezco a grupos de fotografías de Madrid, antiguas y modernas, en los que cada día aprendo cosas muy interesantes del pasado, vuestro pasado, el de mis abuelos, y que me han convertido en una fotógrafa aficionada.

Bueno, podría seguir contándoos cosas, pero sé que ya las sabéis, porque siempre estáis por aquí conmigo.

Muchísimos besos.