lunes, 15 de enero de 2018

Las casualidades …¿existen?


Casualidad es sinónimo de azar. Llamamos así a un hecho extraordinario, en el que la fortuna lanza los dados y estos sacan el mismo valor exacto. Casualidad sería, por ejemplo, encontrarte a un amigo de la infancia en la Abadía de Westminster. Pero, ¿es casualidad cuando una obra literaria se parece sospechosamente a otra? ¿O cuando una serie de televisión parece estar bebiendo de una novela que no aparece citada por ninguna parte?
La primera vez que, como lectora/espectadora, me pareció estar ante algo que ya conocía, fue con el personaje de Alonso de Entrerríos, de «El Ministerio del Tiempo».
Había leído «El medallón de la magia» de MayteEsteban, y su protagonista masculino, Alonso de Esteban, que vivía en el presente como fantasma del Siglo de Oro, acompañando a Amanda en la aventura de buscar un medallón perdido desde el siglo XVII, se parecía sospechosamente a lo que estaba viendo en la televisión. Quizá si no se diera la coincidencia de nombre, no llamaría tanto la atención.
La novela fue presentada a un concurso en el año 2010 y se publicó en Amazon en marzo de 2012, mientras que la serie se estrenó a principios de 2015, por poner fecha a ambas creaciones.
Por lo demás, entre la serie y la novela las coincidencias terminan ahí, aunque sí es cierto que el personaje es asombroso lo que se parece. Me hizo pensar en casualidad. Una enorme casualidad.
Otra casualidad más reciente, es la serie «Tiempos de guerra», que se emite en la actualidad, y que cuenta los amores complicados de una dama enfermera y el jefe médico, en la ciudad de Melilla, durante la guerra del Rif.
En la novela «La reina del Azúcar», de DoloresGarcía Ruíz, publicada en 2015, la trama principal es la de los difíciles amores entre una enfermera voluntaria, Inés Belmonte y un médico militar, Eduardo Vidal, también en Melilla, durante la misma guerra.
Cuando Dolores García Ruíz presentó su novela, una productora de televisión que trabaja para Antena3, se reunió con ella y con su editora para hablar de una posible serie basada en su obra. Eso quedó en nada, pero ahora están emitiendo algo que nos recuerda a los protagonistas de su libro y el ambiente en el que se mueven durante la guerra.
Ya sé que, cuando se escribe sobre Historia, los hechos que se narran son comunes a muchas novelas, pero viendo situaciones y personajes tan parecidos, me hace pensar si sería posible que se basen en novelas para escribir los guiones sin citar las fuentes.
Por eso, pregunté a varios autores sobre el tema y todos han coincidido en contarme que han encontrado muchas similitudes con sus obras o las de sus colegas, en series de televisión… casualidades.
Como dice Mercedes Gallego, con lo que cuesta crear unos personajes, al autor le duele mucho ver algo tan similar, firmado por otra persona.
Lo que es un hecho es que, bastante dura es la lucha diaria de los autores para ver sus obras publicadas, compradas y leídas, como para meterse en más líos, aun teniendo la sospecha de si las casualidades existen.

Artículo publicado en la revista Pasar Página (SEPIAS) nº 1










jueves, 11 de enero de 2018

Tengo en mí todos los sueños del mundo: Mi opinión.

Esta ha sido mi primera lectura de 2018.

Empiezo por el final, me ha gustado muchísimo. 

La tenía pendiente desde que se publicó y estaba segura de que no me defraudaría, aunque el listón dejado con «Cartas a palacio» había quedado muy alto.
Si con el primer libro mencionado, descubrí sucesos de la historia de Madrid que ignoraba, con este me ha vuelto a suceder pero, en esta ocasión, con historia mundial.
El hundimiento del Príncipe de Asturias era para mí un gran desconocido hasta que Jorge publicó su libro coincidiendo, por pura casualidad, con el centenario del desastre. A partir de ahí, comencé a indagar  buscando lo que ocurrió aquella madrugada del 5 de marzo de 1916 frente a las costas brasileñas.

17 de febrero de 1916: en plena Gran Guerra, el Príncipe de Asturias, el barco más moderno y lujoso de la próspera naviera Pinillos, zarpa de Barcelona rumbo a Buenos Aires.

Una historia inspirada en un hecho real.

El libro comienza en los días anteriores a zarpar el barco del puerto de Barcelona. Nos va narrando las vidas de los pasajeros que subirán al trasatlántico más lujoso y seguro que se conocía en España. No existe un claro protagonista, si no muchos personajes cuyas historias se van cruzando durante la narración.
Aunque las tramas son ficticias, todas parten de hechos históricos. Conoceremos a Grabriella, casada con un desconocido en un matrimonio pactado por su familia, a Giulio, soldado italiano que lucha en la Gran Guerra, a Gaspar Medina, periodista español amenazado de muerte por los artículos que escribe, a Paula Amaral, camarera del barco que sueña con ser diseñadora de moda, a Eduardo Sagarmín, enviado de Alfonso XIII a Buenos Aires para entregar unas estatuas en nombre del rey, a Sara, joven judía ucraniana que accede a casarse con Max Scholomo , aun sabiendo que le espera un incierto futuro en Argentina, a Raquel, artista de variedades que quiere triunfar al otro lado del Atlántico…
A través de estos personajes, nos cuenta también las situaciones que se viven en los distintos lugares que va narrando: la trata de blancas, los matrimonios concertados, las deserciones en el frente de guerra, la inmigración, el amor, el desamor, los celos, la hipocresía de la alta sociedad madrileña, la cosmopolita Buenos Aires, con sus mafias y sus miserias. Me ha gustado recorrer el Madrid de principios del siglo XX y pasear por lugares y locales que siguen existiendo.
El autor nos engancha a la lectura desde la primera página y consigue que no nos perdamos en ningún momento. El final, diez años después de la tragedia, es un broche de oro a este magnífico libro, que tiene acertado hasta el título que ha tomado de un poema de Pessoa.

Es, en resumen, una preciosa novela histórica que merece la pena leer, con un fondo que está tristemente de actualidad: un grupo de personas cargadas de sueños que se ven obligadas a emigrar a otros países buscando un mundo mejor.

sábado, 30 de diciembre de 2017

2017

Este año que está a punto de acabar, me ha dejado muchas cosas, la mayoría buenas. No voy a hacer balance, si no un resumen.

En enero nació mi tercera nieta, Almudena, por lo que el 2017 ha entrado en los años importantes de mi historia personal. Con mi hija de baja maternal y después de excedencia, he disfrutado de unos meses preciosos en los que he vivido con ella momentos inolvidables, que será muy difícil que se repitan.
Mis tres nietas me han llenado de risas y alegrías. Hemos compartido juegos, paseos, cuentos, baños en la piscina y en la playa. No me canso de ellas, aunque me agoten.
En el capítulo de los viajes, he ido, como cada año, a Cantabria, disfrutando de familia y amigos. Pasé unos días inolvidables en Pisa y Florencia, fui a Valencia, Oliva, San Juan y Ávila, visité Córdoba en un viaje maravilloso y acabé mi particular ruta viendo Málaga vestida de Navidad.
Me he implicado en dos presentaciones de libros, con los nervios que supone vivirlas desde dentro, ayudando en su preparación y siendo cómplice de bonitas sorpresas para cada una de las autoras, Mayte y Pilar. Para mí ha sido una satisfacción, tanto el que hayan sido un éxito como consolidar una bonita amistad con estas dos brujillas y con María José, la tercera bruja, abuela como yo. Víctor y Mercedes también se merecen ser nombrados en este resumen de mi año, porque han ocupado muchos momentos importantes de esta parcela “literaria” de mi vida.
Después del disgustillo que me supuso la falta de interés con el proyecto que habíamos creado con ilusión “Las sepias”, ahora me siento feliz con la nueva revista “Pasar Página” y con las personas que la integramos, con un equipo de redacción modélico, sin malos rollos y consultando hasta la última coma.
Porque no siempre es todo bonito, también he tenido grandes decepciones, con personas de las que no me esperaba que se comportasen como niñas en un patio de colegio. También hubo otras, llegadas de fuera, a las que ayudé desinteresadamente y que se volvieron a sus países sin decir adiós. Pero como de todo se aprende, me quedo solo con lo positivo.
A comienzos de verano se cerró un ciclo de mi vida del que, después de quince años, me gustaría perdurase la relación de amistad y no se quede solo en un recuerdo.
Un año más he cumplido otro aniversario con mi marido, mi chico de siempre, y ya vamos camino de los cuarenta. Me quejo de él, muchas veces no le soporto, discutimos, pero es mi compañero de vida, para lo bueno y para lo malo y siempre está, siempre.
Este blog ha tenido, desde que lo creé, más de treinta y tres mil visitas ¡Increíble! Para mí es un desahogo, una forma de comentar mi día a día, y agradezco muchísimo que la gente me lea. Desde que se me estropeó el ordenador de mesa y me compré el portátil, escribo más porque me lo llevo a donde quiero. Investigo en Internet todos los temas que me llaman la atención y procuro leer un rato todos los días. Creé el blog Recetas para mi hija, con la intención de que mis hijos conozcan mis recetas de cocina, las de mis amigos y las de mi madre y mi abuela. El próximo año intentaré dedicarle más tiempo.


2017 ha sido un año amable. A 2018 solo le pido salud para seguir disfrutando de la vida, que ya es bastante.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Mis lecturas de 2017

Cada año hago un resumen de los libros leídos y de mi impresión como lectora. De los que haya escrito mi opinión, iré poniendo los enlaces por si os interesa conocerla.
Estos son los de 2017:
Comencé con Su chico de alquiler, de Mayte Esteban, porque quería conocer los antecedentes de los protagonistas de Entre puntos suspensivos, que iba a publicarse en breve. La primera me gustó, es un libro cortito, que se lee en una tarde. La segunda me encantó, una historia preciosa.
Marta Rivera de la Cruz hizo un hueco en la política para publicar Nosotros los de entonces. Es una escritora que me encanta y me ha parecido que, en este libro, no ha dado lo mejor de ella. Aún así, muy entretenido.
¿Y si fuera cierto? de Antonia Corrales, me gustó mucho. Creo que el listón estaba muy alto y no me decepcionó nada con este nuevo libro.
El libro de Memory de Petina Gappah. Lo leí porque me lo recomendaron mis amigas brujillas. Es demasiado enrevesado, se me hizo pesado en muchos momentos y el final es abierto, algo que detesto. A pesar de todo, no digo que sea malo, si no que a mí no me gustó.
Patria de Fernando Aramburu, ha sido uno de los libros más leídos del año y, en mi opinión, es impresionante. Me gustó mucho a pesar del árido tema que plantea, tan reciente en nuestra memoria.
Con La dama del Paso he conocido a Marisa Sicilia, y ha sido todo un descubrimiento dentro de la novela romántica: muy cuidada, con fondo histórico, fácil de leer. Más adelante he leído Tú en la sombra, también muy buena, fuera del contexto histórico, actual, diferente a la primera.
Largo invierno enParís de Juan Vilches. Libro recomendado por una amiga lectora y otro autor que he incorporado a mis preferidos. Magnífica historia, muy bien escrita.
Un café a las seis, de Pilar Muñoz, sabía que me iba a gustar antes de leerla. Pilar es de esas autoras que nunca defrauda.
El Noviembre de Kate, de Mónica Gutiérrez, lo tengo que definir como una lectura en la que no te quitas la sonrisa de la boca, como un cuento para mayores.
Azul tormenta, lluvia añil, de A.V. San Martín, otro gran descubrimiento. Un tema tan complicado como el maltrato, escrito con tanta delicadeza que consigue que el lector no sufra.
Todo esto te daré de Dolores Redondo, Premio Planeta 2016. He tardado en leerlo porque me indignó que el premio estuviese adjudicado de antemano. Se puede leer, sin más.
Cervantes tiene quien le escriba, libro de relatos sobre la figura de Cervantes, contado por veinte escritores, entre ellos Víctor Fernández Correas, con La del alba fue. Merece la pena leerlo.
Una de las tres de Mercedes Pinto, me sorprendió por el tema, que no es al que Mercedes nos tiene acostumbrados. No es lo mejor que ha escrito, pero es buena.
A destiempo de Sara Ventas. Con esta autora he ido de más a menos. Me pareció muy original Treinta postales de distancia, me gustó menos ¿Y si no es casualidad?, aunque me impresionó su descripción de Verona, pero este último no me ha convencido.
La reina del azúcar de Dolores García, me ha encantado. He conocido una parte de nuestra historia que ignoraba por completo. Un libro magnífico.
Muerte sin resurrección y Siete libros para Eva de Roberto Martín Guzmán, los he leído seguidos. Muy buenos los dos. Novela negra muy bien escrita.

Tres autores amigos, me han dejado sus manuscritos para leerlos. En total cuatro libros buenísimos que espero pueda, en breve, reseñar en este blog, porque será señal de que han ocupado el lugar que se merecen.

También tengo que citar los relatos que me regalan en Facebook varios autores entre los que destaco los de Pilar Muñoz, Mayte Esteban, Víctor Fernández Correas, Maite Ruiz Sarmiento y los sonetos de Rafael R. Costa.
Acabo 2017 con una lectura que me está apasionando Tengo en mí todos los sueños del mundo de Jorge Díaz, pero no lo acabaré antes del 31, así que entrará en el próximo listado.

¡FELIZ 2018!


martes, 26 de diciembre de 2017

A mis padres

Un año más nos hemos sentado todos alrededor de la mesa la noche de Nochebuena. No os lo vais a creer pero, lo que yo he intentado durante años, que todos me hiciesen coro con los villancicos, sin demasiado éxito, lo han conseguido sin ningún esfuerzo Victoria y Manuela. Manuela ha repartido gorros rojos para todos, han cogido las panderetas, han comenzado a cantar y todos las han seguido. Ha sido una pena que Victoria estuviese malita, porque no ha podido disfrutar, pero el paracetamol le ha hecho efecto suficiente para cantar un villancico y para esperar a Papá Noel con un regalito para cada uno, siguiendo nuestra tradición.
Este año ha sido muy diferente: en enero nació Almudena que se ha convertido en un bebé rollizo que todavía no sabe gatear, pero se mueve reptando por la casa y que, a unos días de cumplir un año, no tiene ninguna intención de caminar. La cuido por las mañanas como en su día hice con su hermana.
Manuela ha cumplido dos años y ha dejado de ser la niña tímida y retraída. Tiene una sonrisa pícara, le gusta bailar y jugar con sus primas.
Victoria se nos ha hecho mayor. Tiene razonamientos de niña grande, le gusta bailar y disfrazarse. Se ríe con ganas y sigue teniendo pasión por su abu.
Victoria y Manuela van al cole pero tienen clarísimo que no es la maravilla prometida. Si hay que ir, se va, pero sin demasiada alegría, aunque luego se lo pasan muy bien.
Pienso muchas veces en lo que habríais disfrutado de esta etapa dulce, con niñas en casa, haciendo que la Navidad, esa que me enseñaste a querer tanto, papá, se perpetúe en ellas.
Sigo con mis proyectos, la revista con un grupo de amigas que, ahora sí, nos entendemos y nos respetamos, mi libro de fotos, que se está convirtiendo en la historia de nuestra familia y en el que me ayuda muchísimo Mayte Esteban, que me corrige día a día para dejar cada relato listo para continuar con el siguiente, hasta la corrección final. Me gustaría que 2018 sea el año en el que quede acabado, pero voy muy lenta con mis cosas.
A mis años estoy aprendiendo mucho, intento corregir los leísmos, las puntuaciones, la forma de redactar, es todo muy difícil pero pongo mucho empeño en ello y disfruto haciéndolo.
Creé un blog de cocina, para publicar mis recetas y que las conozcan mis hijos y he convencido a la tía Patru para que me envíe las que tiene de la abuela y así las voy recopilando. Vamos a verla en verano todos los años, y paso con ella unos días magníficos de paseos y confidencias.
Mamá, he ido a Córdoba. Ha sido un viaje maravilloso empapándome de mis orígenes, que son los tuyos.
Los chicos están muy bien, felices.
Almu se ha incorporado después de nueve meses de baja y excedencia y ha tenido un final de año muy duro de trabajo. Intentamos ayudarla todo lo que podemos pero, aún así, está muy cansada. Terminó el doctorado y ha obtenido la mayor nota posible, sobresaliente "cum laude". ¡Qué orgullosos habríais estado de ella!.
Carlos tiene el trabajo que le gusta, aunque no siempre los proyectos son buenos, ni los horarios, pero está contento desarrollando todo lo que ha estudiado.
Ari, que la incluyo aquí porque Fátima no os escribe, se acaba de independizar y se ha quedado en el barrio. Está feliz con Mario y con su nueva casa, muy pequeñita pero suficiente para ellos dos y para Milka, a la que tiene en custodia compartida con sus padres.
El año que está a punto de comenzar, nos traerá acontecimientos importantes pero no os los puedo contar ahora. Recibiréis una carta especial con todos los detalles.
Podría estar escribiendo mucho más, pero es hora de ir cerrando que tengo que seguir ayudando a los reyes magos con sus compras.
No hace falta que os diga lo que os añoro cada día del año, ya lo sabéis porque sé que estáis ahí, no sé donde, pero sí que estáis cerca de mí.
¡Os quiero!


jueves, 14 de diciembre de 2017

Injusticias por desinformación

Al hilo de un tweet publicado por Marta Querol sobre la reclamación que hacienda le hace a una anciana de 96 años a la que el Ayuntamiento concedió una ayuda domiciliaria dos veces en semana, por considerar este servicio un ingreso como retribuciones en especies, me ha venido a la cabeza lo que le pasó a mi padre.
Cuando se jubiló, le correspondió una pensión muy pequeña, incluido cónyuge a cargo. Había sido autónomo los últimos años y las pensiones para este colectivo eran irrisorias.
Seis años después, mi madre cumplió sesenta y cinco años y fue, acompañada de mi hermano, a solicitar su pensión. Por una serie de circunstancias largas de explicar, en lugar de una pensión de jubilación, le correspondía la llamada del SOVI (seguro obligatorio de vejez e invalidez), por un importe que equivaldría a 250 euros. Mi hermano le preguntó al funcionario de turno si había que realizar alguna modificación en la pensión de mi padre, ya que cobraba por cónyuge a cargo. La respuesta fue negativa, el SOVI no se consideraba (falso) una pensión contributiva.
Transcurrió el tiempo, y un día recibió una carta de la Seguridad Social reclamándole el pago de lo que había estado cobrando indebidamente los últimos diez años, por cónyuge a cargo, con intereses por supuesto.
Le embargaron la cuenta, tuvimos que recurrir porque una pensión inferior al salario mínimo profesional no se puede embargar. Lo pusimos en manos de un abogado amigo, que no cobraba honorarios, pero un año después perdimos el juicio y decidimos no continuar porque, para hacerlo, había que hacer un depósito en previsión de la condena en costas.
La sentencia, la misma que cuenta David González en Twitter «Ignorantia juris non excusat», la ignorancia de la ley no te exime de cumplirla.
Como mi padre no disponía del dinero que le exigían, le concedieron pagar la deuda en cómodos plazos que le descontaban, cada mes, de su ya exigua pensión.
Los funcionarios desinformados, que no sólo no ayudan sino que hacen un grave perjuicio a las personas a las que atienden, abundan en nuestro sistema público a todos los niveles y, como siempre, las consecuencias las sufren otros.

Acabo esta historia contando una triste curiosidad. A mi padre le dedujeron el último pago en la pensión que le abonaron en agosto de 2004 y falleció el 8 de septiembre.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Siete libros para Eva: Mi opinión


Cuando publiqué mi pequeña reseña de Muerte sin resurrección, hace unos días, todos los comentarios me animaron a leer Siete libros para Eva, e hice algo que no suelo hacer, leer dos libros seguidos del mismo autor.

Sinopsis

Cuando en una calurosa noche del verano de 1999, la joven Eva aparece en una gasolinera, malherida y ensangrentada, todo el mundo se sorprende de que siga con vida. Había desaparecido dos semanas antes, tras pasar la noche con un compañero de universidad, y desde el primer momento todas las pistas apuntaban a un crimen pasional. Dos tensas semanas de ausencia, en las que se pondrá de manifiesto lo mejor y lo peor de cada persona relacionada con el caso.

Mi opinión:

Me ha gustado. Me he implicado en la investigación tratando de ser más lista que el autor y conocer, antes del final, quien era el secuestrador y casi, casi, lo consigo, pero unos giros en los acontecimientos hacen que el lector vaya por otro camino y se olvide, momentáneamente, de buscar al culpable.
Me ha gustado muchísimo el perfil que hace de los protagonistas principales de la historia, de la podredumbre política a todos los niveles, de la hipocresía pero, sobre todo, me ha encantado el personaje de Lina, la madre de Eva. Describe a una mujer maravillosa, que se merecería una novela para ella sola. De Lina es una de las frases que más me gustó «La peor ceguera no es la de la persona que cierra los ojos a la realidad, sino la de quien se acomoda a soñar en blanco y negro»
Sólo puedo ponerle un pero que no explico mejor para no hacer spoiler, le sobran los párrafos finales.

Muy buena novela.

Los siete libros elegidos por el secuestrador, que dan título a éste del que hablo, son también muy recomendables.