jueves, 7 de diciembre de 2017

Siete libros para Eva: Mi opinión


Cuando publiqué mi pequeña reseña de Muerte sin resurrección, hace unos días, todos los comentarios me animaron a leer Siete libros para Eva, e hice algo que no suelo hacer, leer dos libros seguidos del mismo autor.

Sinopsis

Cuando en una calurosa noche del verano de 1999, la joven Eva aparece en una gasolinera, malherida y ensangrentada, todo el mundo se sorprende de que siga con vida. Había desaparecido dos semanas antes, tras pasar la noche con un compañero de universidad, y desde el primer momento todas las pistas apuntaban a un crimen pasional. Dos tensas semanas de ausencia, en las que se pondrá de manifiesto lo mejor y lo peor de cada persona relacionada con el caso.

Mi opinión:

Me ha gustado. Me he implicado en la investigación tratando de ser más lista que el autor y conocer, antes del final, quien era el secuestrador y casi, casi, lo consigo, pero unos giros en los acontecimientos hacen que el lector vaya por otro camino y se olvide, momentáneamente, de buscar al culpable.
Me ha gustado muchísimo el perfil que hace de los protagonistas principales de la historia, de la podredumbre política a todos los niveles, de la hipocresía pero, sobre todo, me ha encantado el personaje de Lina, la madre de Eva. Describe a una mujer maravillosa, que se merecería una novela para ella sola. De Lina es una de las frases que más me gustó «La peor ceguera no es la de la persona que cierra los ojos a la realidad, sino la de quien se acomoda a soñar en blanco y negro»
Sólo puedo ponerle un pero que no explico mejor para no hacer spoiler, le sobran los párrafos finales.

Muy buena novela.

Los siete libros elegidos por el secuestrador, que dan título a éste del que hablo, son también muy recomendables.


domingo, 3 de diciembre de 2017

Córdoba, ciudad de sensaciones


Pisar tierra cordobesa es recordar mis raíces. Mi madre y mis abuelos nacieron en Rute, villa que se extiende en la ladera de la Sierra de Rute, a noventa y cuatro kilómetros de la ciudad que hoy visito.
De Córdoba me gusta todo pero, para mí, es un lugar de sensaciones. Las que me trasmite el río Guadalquivir, sus patios y su historia.
Cuando visito cualquier sitio me gusta empaparme de su pasado. Al cruzar el Puente romano, desde la Torre de la Calahorra, en la que me imagino vigilando a los musulmanes protegiéndose de los reyes cristianos, hasta la Puerta del Puente, estoy recreando en mi cabeza veinte siglos de historia.
La entrada a la Mezquita, a través del Patio de los Naranjos, con esa mezcla de olores, es otro viaje al pasado. El bosque de columnas de su interior, único en el mundo, y por el que yo imagino paseando a Abderramán I. Porque aunque en la Mezquita hay parte cristiana con arquitectura gótica, renacentista y barroca, a mí me hace evocar nuestro pasado andalusí.
Por la judería, sus estrechas calles me envuelven y me pierdo en ellas.
¿Y qué decir del Alcázar de los reyes cristianos? En sus jardines veo a Isabel la Católica con sus pesados ropajes y rodeada de sus damas, que guardan una distancia prudente, porque lleva un libro entre las manos y le apetece leer en soledad bajo la sombra de algún árbol.
Está cayendo el sol, cambiando los colores que me han recibido al entrar.
Ya de noche, recorro los alrededores de la Mezquita, me adentro en la estrecha calle de Las Flores y paseo hasta la Plaza del Potro, desierta a estas horas, la Plaza de la Corredera, con edificios castellanos y una tenue iluminación, todavía sin el bullicio de os restaurantes. Acabo mi paseo en la Plaza de la Ventilla, una explosión de gente y de color, comienzo de la Córdoba moderna, con su recién inaugurado mercadillo de Navidad.
No puedo acabar este resumen sin comentar una cena con espectáculo flamenco, a la que yo era muy reacia y que, sin embargo, me ha calado hasta lo más hondo, sobre todo el joven guitarrista Blas Martínez, toda una promesa de futuro.

Ciudad de embrujo para ser sentida, para ser querida, para ser recordada.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Córdoba: Un paseo por la ribera del río.


Una de las cosas que más he disfrutado de mi reciente visita a Córdoba, han sido los paseos por la ribera del Guadalquivir.
Desde el Puente Romano hasta el de San Rafael, es un paseo relajado, sin gente, disfrutando de una zona protegida, los Sotos de la Albolafia, con innumerables plantas de diferentes colores en esta época de otoño. Leo que se pueden avistar hasta ciento diez especies de aves diferentes, entre las que se encuentra el águila pescadora.
Ambos lados los he paseado de día y de noche. La noche, envuelve la zona con una iluminación suave, que invita a las confidencias, aunque también nos cruzamos con mucha gente caminando deprisa o corriendo con ropa deportiva.

Durante la mañana, la marabunta de turistas en la avenida del Alcázar, dificulta el camino, ya que aquí paran muchos autocares, por lo que es más agradable caminar por la avenida de fray Albino, además de tener unas vistas espectaculares del Puente romano, La torre de la Calahorra, la Mezquita y el Alcázar de los reyes cristianos. Por supuesto hay que repetirlo de noche.
Los reflejos en el río cambian según van pasando las horas, las fotografías son muy diferentes, el color del agua e incluso el color de la piedra romana.
Si caminamos hacia el puente de Miraflores, además de poder fotografiar desde el otro lado, conoceremos la zona de restauración más moderna, los lugares donde se ha intentado fusionar la cocina andalusí, con la moderna cocina de diseño y, en sus terrazas, agradables zonas para tomar una copa.

Y llega la puesta de sol, esa hora mágica que dura unos minutos, en la que se nos va escondiendo la luz dejando unos reflejos increíbles en el agua del río y en el cielo cordobés.

Este pequeño paseo es uno de los rincones más bellos que me he encontrado.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Paseando por Ávila


Hace tiempo que tenía pendiente volver a Ávila, pasear haciendo turismo, despacio. El pasado trece de Octubre fue la fecha elegida.
No me había dado cuenta de que el domingo 15 se celebra el día de Santa Teresa, patrona de la ciudad, por lo que todo Ávila estaba vestido de fiesta.
Al dejar el coche en el aparcamiento de la plaza de Santa Teresa, por ahí inicio la ruta. Esta plaza, también llamada del Mercado Grande, alberga las grandes celebraciones. Sus soportales recuerdan los de otras plazas de otras ciudades. Al fondo la iglesia de San Pedro.
En la casa de la Carnicería, en la propia muralla, decido sacar la entrada para hacer el paseo por su superficie, que está dividido en dos tramos. El primero de ellos, el más largo, lo inicio en este momento, con audio guía (está incluida en el precio), empapándome de la historia de esta ciudad. No voy a relatar todo lo que vi, porque sería muy largo, sólo deciros que hay que hacer este recorrido porque es la única forma de tomar conciencia de lo aquí ha ocurrido, de la forma de vivir de sus gentes a lo largo de los siglos, de sus diferentes barrios de los que se tiene, desde las alturas, una magnífica perspectiva, de sus iglesias y sus palacios y, por supuesto, de la Catedral.
El paseo me maravilla y me detengo más de lo que tenía previsto por lo que se me echa encima la hora de comer. Salgo junto al precioso Parador ubicado en el palacio de Piedras Albas del siglo XVI. Uno de los muchos palacios adosados a las murallas.
Aunque parece que me he alejado mucho, enseguida me doy cuenta de que en Ávila todo está cerca. Camino poco hasta llegar a un rincón frente a la capilla de Mosen Rubí, que me agrada para comer antes de adentrarme en todo el centro. Comida típica y bien cocinada. Una pena las patatas revolconas que tengo que devolver por estar demasiado picantes, incomibles.
Continúo mi paseo, contemplando de cerca algunos de los monumentos que he visto desde arriba, como la Basílica de San Vicente.
Mi siguiente visita es la Catedral. Para acceder al interior también hay que pagar, pero creo que merece la pena. Se considera la primera catedral gótica de España. La piedra arenisca ferruginosa, conocida como «piedra sangrante» es una de las cosas que más me llama la atención. En general me parece magnífica y poco mencionada entre las grandes catedrales españolas. Aunque yo no lo hago, se puede subir a la torre para contemplar las vistas. Todo su entorno tiene mucho encanto.
En la ruta que me he fijado llego a la iglesia convento de Santa Teresa, para lo que atravieso bonitas calles y plazas, sin dejar de contemplar la muralla. La más importante, la plaza del Mercado Chico o plaza Mayor.
El mirador al que se accede a través de la Puerta de Santa Teresa, me ofrece una magnífica panorámica del valle de Amblés. Entro otra vez en el recinto amurallado por la Puerta del Rastro.
Me queda visitar el segundo tramo de la muralla y quiero intentar fotografiar la puesta de sol, aunque todavía anochece demasiado tarde.
Este segundo tramo, el más corto, me permite contemplar la Plaza de Santa Teresa en todo su esplendor, el horroroso edificio diseñado por Moneo, y la cabecera de la catedral. También hay una bella panorámica de la plaza de Adolfo Suarez, con una fuente en la que se reflejan los rayos de sol.
Es viernes y esta zona se está llenando de gente, es hora de abandonar la ciudad, no sin antes comprar unos dulces típicos que me recomiendan, que no sean las yemas de Santa Teresa, que no me gustan.

Volveré porque es uno de esos rincones con encanto que no me canso de visitar.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Manuela cumple dos años

Querida Manuela:
Hace muy poquitos días que has cumplido dos años y esta vez sí que has tenido noción de que algo diferente ocurría.
Has cambiado mucho, y no me refiero a físicamente. Te has convertido en una niña más sociable, que disfruta en la escuela infantil, jugando con sus compañeros y que corres al encuentro de la gente querida para darles besos y abrazos.
Hablas poco pero tienes una expresividad en la cara que te hace ser comprendida con pocas palabras. Te ríes por todo, aunque también tienes un carácter fuerte y quieres imponer tu voluntad, o al menos lo intentas.
Te gusta muchísimo hablar por teléfono, en tu idioma, del que no tenemos traductor, y escuchar una y otra vez los mensajes de voz que te enviamos.
Te encanta mirar como papá hace construcciones, con la meticulosidad que le caracteriza, para luego destruirlas con una patada y una enorme carcajada.
Te gusta cantar, bailar y disfrazarte. El día de tu fiesta te vistieron de princesa con una capa con estrellas y en la escuela infantil te coronaron y  tus compañeros te cantaron el cumpleaños feliz.
Pensábamos que eras pequeña para los álbumes de cromos, pero te encanta pasar las páginas del de Gorjus que te regalé, y buscar el cromo del perrito, al que das un beso. Tú los llamas pegatinas y te tiene que ayudar mamá, porque los pegas en cualquier sitio, pero disfrutas abriendo los sobres y rellenando huecos.
Con tu prima Almudena, la bebé, tienes verdadera pasión, aunque no te gusta que papá la tenga demasiado tiempo en sus brazos. Tu papá es tuyo.
Tu sillita de pasear muñecos te sirve para ir recogiendo todo lo que encuentras en el suelo y te gusta. Se puede encontrar en ella un muñeco, una galleta, una fruta y casi cualquier cosa que quepa. Por eso han decidido ampliar el volumen y regalarte un coche de capota, para que te quepa todo.
Has descubierto lo divertido que es hacer puzles y mirar cuentos, aunque te gusta más que te los lea mamá.
Disfrutaste con tu fiesta, con las celebraciones y con los regalos. La guinda fue la bicicleta que te regalo la tía Almu, tu primera bicicleta, a la que te subiste sin dejarnos quitar las cintas y lazos de regalo.
Así eres, una niña feliz que no recordará nada de lo que te estoy contando porque eres pequeña para tener recuerdos, pero para eso están mis cartas.

¡Un millón de besos!

Muerte sin resurrección: Mi opinión

Ya sabéis que yo leo a mi ritmo, voy cogiendo de mi lista de pendientes según me va apeteciendo en cada momento y esta vez he elegido éste, me apetecía novela negra.
Conocía a Roberto Martínez Guzmán leyendo Café y cigarrillos para un funeral, el segundo caso de la inspectora Eva Santiago, pero que para mí era el primero. Es una novela corta que me leí en una tarde, me gustó.
La que he leído ahora es el primer caso de la inspectora, una mujer agradable, una profesional que parece poner su trabajo por delante de su vida personal. Me ha gustado el personaje aunque la protagonista indiscutible del libro es la asesina.

SINOPSIS: 

Una serie de asesinatos amenazan la tranquila ciudad de Ourense, sin aparentemente relación alguna entre ellos. Pero una señal de identidad de la asesina deja claro que se trata de la misma persona, Emma, una chica sumamente inteligente con un plan elaborado y un motivo que la lleva a actuar de esa forma. Eva, inspectora de policía, es la encargada del caso. Así comienza una carrera contrarreloj para evitar más muertes.

MI OPINIÓN:

Esta novela es curiosa porque casi desde el comienzo, conocemos la identidad de la persona que comete los asesinatos, también nos damos cuenta a lo largo de la lectura de sus motivos, pero los giros que nos va dando el autor, los diálogos, las explicaciones, nos van introduciendo en la propia investigación,  sabemos más que la policía, nos enteramos de todo antes que la inspectora Santiago y sus compañeros.
La confesión del comienzo, el Domingo de Ramos, nos adentran en una Semana Santa trágica, en Ourense, en la que cada día habrá un asesinato con firma, una pelota de golf junto al cadáver. ¿Podrá la inspectora atrapar a la asesina antes de que complete la semana?
También me ha gustado mucho como el autor ha conseguido que sienta empatía hacia la asesina, la comprenda y me plantee hasta dónde habría llegado yo en sus mismas circunstancias. Una mujer inteligente, fría, calculadora, casi digna de admiración, si no fuese la mala.
Una trama muy bien tejida y un gran final, el que se merece una buena obra, con lo difíciles que son los finales.


Me ha gustado mucho. Muy recomendable.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Los patios cordobeses en otoño


No pensaba que pudiese viajar a Córdoba en noviembre y disfrutar de la visita a los patios cordobeses.
En el barrio del Alcázar Viejo, más conocido por el barrio de San Basilio, todas las casas siguen el tipo de construcción árabe con un patio central. Es además un barrio blanco, de paredes encaladas y calles estrechas.
En el primero que visito, en la calle Martín de Roa, me recibe su propietaria Araceli, que me contó toda la historia de su casa, de su patio, el único que tiene un pedazo de la muralla del siglo XIII integrada en el muro, y que ella ha convertido en un museo con un pozo árabe, aparejos antiguos de labranza que le han regalado anticuarios o que ella ha comprado para decorar su pequeño oasis. Es tan agradable su conversación que se me pasa el tiempo sin darme cuenta.
Mi siguiente visita, el patio de Blanca, es más sombrío y no llama tanto la atención, aunque el tipo de edificación, con una parte de arquitectura cordobesa y una parte de arquitectura castellana, es muy curiosa. También converso un buen rato con Carlos, la persona que me lo enseña, contándome tradiciones cordobesas y el éxito que ha sido «Flora» en su primera edición, un Festival Internacional de Flores.

Mi última visita de esta ruta, el patio de la Costurera, el único que conserva la arquitectura original de la casa, me trasporta a otros tiempos.
Me muestra cada uno de sus rincones, su restauración tras unos años de abandono en el que se habían cubierto los materiales originales, la recuperación de un antiquísimo pozo al que se le calculan 800 años de antigüedad, y una exposición de menaje de cocina antiguo, que merece por sí sola, otra entrada en este blog.

Los tres patios están llenos de flores de invierno y de bellísimas plantas sin flor.
Un último patio, el de la Asociación de Amigos de los Patios de Córdoba, no pude disfrutarlo porque como su visita es gratuita, tenía tanto público que no se podía apreciar.

Pero quedaban más sorpresas porque en el barrio de Santa Marina, me adentro en los doce patios del
Palacio de Viana. ¡Qué maravilla!
Los paseo despacio, admirando las plantas y la arquitectura que los conforman. Me llaman la atención, sobre todos, el patio de recibo y el de los gatos. Este último es el patio de vecinos documentado, más antiguo de Córdoba.
Salgo de allí con la mirada perdida entre tanta planta y con una increíble sensación de paz.
De verdad que no me lo esperaba, y ahora sólo puedo pensar cómo serán estos patios en primavera, cubiertos de flores, y como embriagarán sus olores, tendré que volver para contároslo.