martes, 19 de septiembre de 2017

Tiempos de cambio


Vuelvo a Madrid después de vivir durante todo el verano en la Sierra.

Los cambios siempre cuestan, colocar todo, poner la casa a punto, llenar la despensa y, sobre todo, acoplarse a horarios y costumbres diferentes.

Pero en esta ocasión, me he encontrado con algunos que no esperaba.
Las modistas que tenían local al lado de casa, se han ido. Han buscado un lugar con más encanto para recibir a sus clientes, hacen los arreglos de Hugo Boss y visten alguna serie de televisión. Habrán pensado que mi calle no tiene glamour y se han mudado al barrio de Salamanca. Ahora ya no puedo pasar un momento a que me modifiquen un abrigo o me acorten un vestido, que siempre me están muy largos.

El bar de la esquina, en el que tomaba mi café desde hace más de treinta años, ha cerrado. Alfonso, el dueño, se ha jubilado. Hay obras, y se reabrirá en breve, pero ya no será lo mismo. Nos conocíamos, sabíamos de nuestras vidas, de nuestras familias.

La tiendecita de zapatillas, lencería y bañadores, liquida porque se traspasa. La dueña está mayor y no quiere seguir con el negocio.

La entidad bancaria a la que acudía habitualmente, se ha trasladado.

Eso sí, han inaugurado una cafetería que, por cinco euros la media hora, te permite merendar rodeada de gatos (no sé si la merienda está incluida)

En mi mundo virtual, las redes sociales, también ha habido cambios importantes.
Los grupos son complicados porque los integran personas muy diferentes y es difícil que se mantengan en el tiempo y eso es lo que ha ocurrido con los que yo tenía en wasap y en facebook. Movimientos de personas, cambios de nombre, ya veremos lo que nos depara el futuro.

Mis amigas en las redes, las de verdad, se quieren tomar un respiro porque se pierde mucho tiempo y tienen razón, quizás debería yo también poner un poco de distancia para hacer muchas cosas que tengo pendientes y que me ilusionan. Proyectos relacionados con escribir mis cosas, sin ánimo de nada, para divertirme y llenar mis espacios. También bordar baberos, que tengo varios niños de gente querida en camino y mi trenecito se ha convertido en un clásico.

Este año el otoño comienza el 22 de septiembre a las 22 horas y 2 minutos, todo doses.

Será una estación de cambios, no sólo en lo meteorológico. Espero poder contar, dentro de noventa días, que todos ellos han sido para mejor.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Tomando un refresco con Maria José Moreno

Conocí a María José Moreno, la escritora, leyendo “Bajo los tilos”, un libro que me cautivó y me llevó a querer saber más de esta autora, algo que hoy es relativamente sencillo gracias a las redes sociales.
Me cuenta Facebook, que nos hicimos “amigas” en enero de 2014. Podría haber quedado en un trato amistoso como tengo con tantos escritores a los que sigo, leo y admiro, pero con ella fue diferente.
Nos unen muchas cosas: una edad similar, su Córdoba natal es la Córdoba de mi madre y de mis abuelos, nuestro amor incondicional por la familia, el orgullo que sentimos hacia los hijos, nuestra ilusión por tener unas personitas que nos llaman abuela, y nuestra pasión por la literatura.
Hemos compartido grandes momentos, agradables conversaciones, nos hemos sincerado en infinidad de ocasiones, y hemos ido fraguando una amistad verdadera.

Siempre que María José viene a Madrid -mi viaje a Córdoba está pendiente- procuramos compartir unas horas en las que charlar a solas, o en compañía de amigas comunes.
En esta ocasión, hemos quedado para tomar un refresco en una de las cafeterías de la Estación de Atocha. Tenemos por delante dos horas hasta que salga el AVE que la llevará de vuelta a su casa y hemos decidido hacer de nuestra conversación una pequeña entrevista.
La veo llegar a lo lejos, menuda, sonriendo, con su maleta de viaje y un libro en la mano.
Como solemos “dialogar” por escrito, siempre me sorprende con su acento cordobés, suave, envolvente.

-¿Qué tal ha ido la Feria? ¡Qué rabia no haber podido acudir!
-No ha estado mal. No he arrasado, pero algunas personas se han acercado a conocerme después de leer la Trilogía del Mal. Aunque ya sabes que lo mejor es el reencuentro con la gente de Madrid, en ese sentido, te he echado mucho de menos.

-Estás viviendo un año sabático, porque necesitabas descansar de la dureza que supuso escribir “La trilogía del Mal”, por ese motivo no me apetece hablar de tus libros, si no de tu vida.
-Por mí genial, pero el año ya se ha cumplido y ya es hora de que me meta a escribir algo, porque creo que como lo deje mucho me va a acostar adentrarme. Se está demasiado bien sin hacer nada, jajaja.

-¿Qué supone para ti la familia, tu familia?
-La familia lo es todo. Sin ellos, no sería como soy y por ellos me levanto cada día con ilusión por seguir haciéndolo bien.

-Cuando tu hija decidió estudiar Medicina y, posteriormente, especializarse en Psiquiatría, como tú, ¿qué le aconsejaste?
-Lo cierto es que nunca le insistí para que estudiara Medicina. Es una carrera muy larga, dura y además se necesitaba una nota de Bachillerato y Selectividad muy alta para entrar. Durante muchos años estuvo debatiéndose por otras carreras hasta que en el último (creo que cuando supo que iba a sacar nota suficiente) ya  se decidió por Medicina. Por otro lado, me preocupaba que la estudiara en Córdoba. Como sabes yo soy profesara de la Facultad de Medicina y temía que sus compañeros le hicieran la vida imposible. Sin embargo, no fue así. Ella estudió más que el resto y supo labrarse el respeto entre ellos. A lo largo de la carrera, también dudó en qué especializarse, pero al final lo tuvo claro, sin que yo le dijera nada, que quería ser psiquiatra. Yo la mandé a la Unidad de Agudos del Hospital, la más dura, para que viera si de verdad le gustaba y vino encantada. En realidad, nunca he intervenido en sus elecciones. Creo que hay que dejar que ellos escojan por sí mismos, se equivoquen o no.

-¿Qué se te viene a la cabeza del día que acabó la carrera?
-Para mí fue muy emocionante porque yo hice la conferencia de clausura en el acto de imposición de becas. Recuerdo como la voz casi no me salía del cuerpo, tenía un nudo que me atenazaba la garganta. Veía su carita toda emocionada y me sentía tan orgullosa de que lo hubiera logrado y de manera tan brillante, que no cabía dentro de mí. Igual me pasó cuando leyó su Tesis Doctoral.

-Las dos hemos vivido, como madres, los nervios del examen de MIR, la elección de plaza, los duros años de residencia.
»¿Cómo valorarías el sistema de especialización de la Medicina en España?
-Todos los sistemas tienen fallos pero dentro de lo peor este es de lo mejor porque si estudias puedes tener una plaza asegurada. Otra cosa es que saques un número que te asegure la plaza en concreto que deseas. Por eso son muchos los que después de terminar una especialidad vuelven a examinarse para ver si consiguen obtener nota y hacer lo que ellos querían. Es cierto que los años de residencia son muy duros, pero creo que son a los únicos licenciados, ahora graduados, que les pagan por formarse.

-Si tuvieses que resumir en un corto recuerdo el día de la boda de tu hija, ¿qué me contarías?
-Su sonrisa de felicidad y el brillo de sus ojos, nunca los olvidaré.

-En tus libros plasmas anécdotas y vivencias del día a día. Tu despacho, el portero de la finca en la que tienes tu consulta privada, están reflejados en la Trilogía del Mal. ¿Te has planteado escribir algo que se desarrolle en la Facultad de Medicina, con los estudiantes, tus alumnos, de protagonistas?
-Hasta ahora no lo había pensado, pero igual algún día puedo planear un asesinato en el campus, eso daría mucho juego. Me has dado una gran idea jajaja.

-Si te digo, háblame del mar, ¿qué se te ocurriría?
-Para mí el mar es vida. Representa las vacaciones, la tranquilidad, el disfrute, escribir, leer, compartir con familia y amigos. No puedo pasar mucho tiempo sin verlo, así que me escapo cuanto tengo unos días libres.

-¿Y qué me dirías de Córdoba?
-Una ciudad preciosa que a veces no valoro demasiado por aquello de la costumbre y la rutina. Cuando acompaño a alguien que no es de aquí y recorro con ellos su calles, callejas y monumentos es cuando vuelvo a apreciar el valor tan inmenso que tenemos y lo afortunados que somos de compartir tantas culturas diferentes.

-Tus comienzos en las redes sociales, en Facebook en particular, fueron con la famosa Granja, FarmVille. ¿Cómo era la granjera María José? ¿Qué te hizo dejarla?
-¡Dios mío, qué recuerdos! Nos juntamos unos pocos amigos, algunos nos reencontramos por Facebook y otros los hicimos a partir de la granja. Estábamos hasta altas horas de la noche jugando. Éramos vecinos, nos cuidábamos unos a otros, nos inventábamos perfiles falsos en FB de granjeros para obtener más recursos y entre todo eso, compartíamos y nos echábamos unas risas, que era lo más divertido. El problema estaba en que la granja necesitaba mucha dedicación para tenerla en condiciones y yo tenía poco tiempo, ya había comenzado a escribir, por lo que al final tuve que sacrificarla en pos de la escritura. Pero nunca olvidaré aquella época. Fue muy especial.

-Leí en una entrevista, al poco de conocerte, que tu gran ilusión era ser abuela. Esa ilusión se vio satisfecha en diciembre de 2015, con la llegada de Alberto. ¿Qué es tu nieto para ti? ¿Cómo te ha cambiado la vida?
-Es verdad, recuerdo haberlo dicho. Pero, aquella ilusión no tenía nada que ver con lo que luego sentí cuando nació Alberto. Fue un instante, cuando vi salir del paritorio a mi hija con su hijo entre los brazos y cómo lo miraba, sentí como si un ciclo se hubiera cumplido. Emocionada y con lágrimas en los ojos disfruté de aquella visión y desde entonces esa personita se me ha metido tan dentro que me ha cambiado la vida por completo. Verlo por la mañana es mi alegría de cada día y hasta ahora he podido disfrutar de ese privilegio. Pienso continuamente en él y estoy deseando ver su sonrisa. Además ahora que ya es más persona e interacciona se disfruta mucho más de su compañía, aunque está hecho un pequeño terremoto. Te confieso que cuando mi hija se quedó embarazada deseaba que fuera una niña, pero ahora no cambio a Alberto por nadie.

-¿Cómo te llama?
-Me llama yaya J

-Me emocionó cuando publicaste el cuento “Pepe Pepino”. Eso sí que era romper todos los esquemas de lo que habías escrito hasta entonces. ¿Por qué lo escribiste?
-Escribí el cuento pensando en ese futuro nieto/a que anhelaba tener. Era una manera de que supiera que su abuela escribía y que siempre pudiera tenerlo a mano y recordarme. Mi idea y, aún no la descarto completamente, era hacer una serie con el personaje. No sabía lo difícil que era tener que compaginarlo con una ilustradora.

-¿Qué pensaste cuando la Reina Sofía lo compró para sus nietos en la Feria del Libro de Madrid?
-Cuando Ramón Alcaraz me escribió y me lo dijo, no me lo creía. Recuerdo que estaba en casa de Mercedes Gallego, nos había invitado a comer a Mayte Esteban y a mí. Según Mayte, puse una cara de boba inmensa. Ni en sueños lo habría imaginado. Pensé que igual era el tirón que necesitaba para darse a conocer, pero no fue así. Pepe Pepino no ha encontrado aún su sitio, confío en que algún día sea suficientemente apreciado.

-Cuando iba a nacer tu nieto, nos sorprendiste haciendo cosas preciosas para su canastilla. ¿Haces labores habitualmente?
-De siempre me ha gustado mucho la costura, el punto de cruz, el petit point y el punto de media. Recuerdo desde muy pequeña ponerme a coser junto a mi madre, mientras ella lo hacía y me enseñaba. Me encantaba hacer vainica doble, me salía genial. Lo último que he hecho fue la canastilla de Alberto y no creo que pueda hacer muchas cosas más. Tengo artrosis de las manos desde que los cuarenta años y últimamente ha avanzado muchísimo (cosas de cumplir años), ya casi no puedo escribir a mano, y el médico me ha prohibido que haga esfuerzos con ellas. De todas maneras si viniera otro nieto o nieta, a pesar del dolor, algo le haría.

-También te encanta cocinar, sobre todo con la Thermomix. ¿Cuál es tu plato preferido?
-La Thermomix me encanta porque me ahorra tiempo. Mientras la máquina cocina yo puedo seguir leyendo o escribiendo. Sin embargo, mi plato preferido son los huevos fritos con patatas, pimientos y chorizo. Tanto nos gusta que es la comida que hacemos, clásicamente, el día de Navidad que celebramos desde hace muchísimos con los amigos.

-Nómbrame hasta tres escritores que hayas leído en tu juventud y que consideres que te han influido.
-Daphne du Maurier el autor de Rebeca.
»Emily Brönte y su novela Cumbres Borrascosas
»Maxence van der Meersch con la novela Cuerpos y almas
»Todas estas novelas las he leído un sinfín de veces.

-¿Qué tipo de cine te gusta?
-Cualquier película que sea buena y que no solo me entretenga sino que me haga pensar.

-¿Que te gustaría que se supiese de ti, que no hayas contado?
-Soy una mujer inquieta, disfruto con todo y me encanta aprender. Creo que es una de las facultades humanas más importante que no cesa con la edad.

-Me voy a poner seria que queda poco tiempo para que nuestra charla llegue a su fin. ¿Qué proyectos tienes?
-Como sabes he estado un tiempo sin escribir después de terminar la Trilogía del Mal. Ahora he vuelto a retomar un personaje muy querido para mí, Baldomero Puerto Casillas, el protagonista de Vida y milagros de un ex. Estoy escribiendo una nueva aventura y planeando de qué manera darla a conocer. También tengo otras cosas en mente que prefiero guardarme hasta que haya algo más concreto.

-¿Qué suponen las dos brujillas Pilar Muñoz y Mayte Esteban en tu vida?
-Son mi apoyo y sustento en este complicado mundo literario en el que normalmente te encuentras muy sola. Nos ayudamos mutuamente a la hora de escribir con idea de hacerlo cada vez mejor y presentar un producto final cuidado; en los malos momentos (suele haber muchos) nos sujetamos entre las tres y nos alegramos de los triunfos que cada una va consiguiendo con gran esfuerzo. En definitiva son mis «amigas».

-¿Cómo ves el panorama editorial y de autopublicación?
-No lo veo bien, Almudena. La autopublicación ya no es como cuando yo autopubliqué Bajo los tilos. Amazon cada vez está más repleto de novelas por lo que hay una gran competencia y pocas ventas. Por otro lado, la publicación por editorial tampoco te asegura las ventas a no ser que des un «pelotazo» como yo le digo a mis brujillas. Es decir, una editorial de las grandes que apueste al 200% por ti. Muchos lo intentan pero muy poco son los escogidos.

-Además de tus libros, has acudido a todos los medios de comunicación para explicar el peligro de las redes sociales en niños y adolescentes y la presencia del Mal a nuestro alrededor. ¿Crees que has conseguido que estemos más atentos? ¿Tiene solución el problema o va unido a las nuevas tecnologías?
-Siempre que acudo a la radio o a la televisión como ha ocurrido desde que se ha publicado la Trilogía del Mal, intento no solo hablar de mi novela sino de la aquellos aspectos preventivos que intento trasmitir también con ellas. Como sabes cada una de ellas trata de  aspectos muy concretos del mal: el maltrato psicológico, los abusos sexuales en la infancia, la pedofilia y el ciberacoso. Todos estos problemas me preocupan mucho porque se dan con excesiva frecuencia y, a veces, ni nos damos cuenta de que están pasando a nuestro lado. Y respecto al problema de las redes sociales, lo que estamos penando es nuestra ignorancia. Todos, adultos y niños, tenemos que aprender a movernos con seguridad en este mundo tecnológico.

-¿Cuál ha sido tu última lectura?
-Acabo de terminar una novela que me ha gustado mucho porque está muy bien tramada, con unos personajes bien trazados y con mucha carga psicológica bien llevada, se titula Tan tuyo como tu muerte de Emili Bayo, de Versátil ediciones. Un thriller psicológico que te  recomiendo.

-En tu consulta de psiquiatría verás todo tipo de pacientes. ¿En algún momento has sentido miedo?
-Llevo más de treinta años de profesión y creo que solo en dos o tres veces me he sentido vulnerable ante un paciente. Al contrario de lo que pensamos, el enfermo mental no es agresivo a no ser que tenga alucinaciones o delirios. Mucho más agresiva es la gente normal.

-Ahora que está muy de moda escribir sobre el arrepentimiento de algunas mujeres después de vivir la maternidad, como mujer, ¿qué opinas sobre este tema?
-Yo nunca he creído en el instinto maternal. La maternidad debe ser un hecho responsable, de manera que cuando uno se decide a traer un hijo al mundo debe de ser consciente de todo lo que eso conlleva. Quien es madre y se arrepiente es porque no ha valorado todos los pros y contras de lo que supone ese hecho; suelen ser personas muy egocéntricas.
-Hay autores que ven un error que se cuente en las redes sociales cosas de la vida privada, que defienden que hay que limitarse exclusivamente a la promoción de sus libros. ¿Qué opinas?
-En realidad, los expertos advierten que nadie debe de hablar de su vida privada en las redes sociales. El problema está en que el clásico espacio público ha desaparecido a favor de un nuevo espacio privado (el de las redes sociales) en el que a veces se airea hasta lo más íntimo. Un escritor utiliza normalmente las redes para promocionar sus novelas, pero es verdad que el hablar de tu vida privada te acerca a los lectores, que en definitiva son los que compran tus novelas.

-¿Piensas en tu jubilación? ¿A qué te gustaría dedicar tu tiempo?
-Mucho. A partir de los 60 años (el año que viene) ya me podría jubilar en la Facultad de Medicina. Pero aún no sé cuando lo haré. Depende de algunos factores que tengo que controlar antes de irme. Cuando me jubile me gustaría dedicarme a mí un poco más. Estoy tan liada siempre que apenas me escucho. Hacer algo de deporte, pasear, tomar café con los amigos, visitar exposiciones, librerías… y, por supuesto, dedicar más horas a mi nieto y a escribir.

Nuestro tiempo se está acabando. El AVE no espera.
Dejamos los últimos minutos para enseñarnos en nuestros móviles lo guapísimos que están nuestros nietos, aunque nos enviamos fotos muy a menudo, siempre está esa última que no hemos mostrado todavía.


Nos despedimos en el estanque de las tortugas con la promesa de vernos pronto y la seguridad de mantener nuestro contacto día a día.

Después de conocer un poco mejor a esta gran mujer, seguro que os apetece leer a esta magnífica escritora. Estos son sus libros publicados:
Su blog: blogdemjmoreno.blogspot.com/
Y acaba de estrenar otro en la revista Zendalibros «En el diván» 





martes, 12 de septiembre de 2017

Mi Doctora

Muchos desconocen lo que es hacer un Doctorado, que no está vinculado con la medicina, si no con cualquier área de estudio.
Es, según la RAE, el más alto grado académico universitario.
Mi hija, se ha doctorado hoy, con un trabajo de investigación en el tratamiento del cáncer de páncreas.
Han sido cuatro años de estudio, de dejarse los ojos en el ordenador con las bases de datos, de perder muchas horas de ocio y de sueño, para compaginar su trabajo y su vida con la preparación de la memoria.
Durante este tiempo, no se ha encontrado con un camino de rosas, ha habido muchos baches, en las instituciones, en las personas, en los trámites administrativos, incluso hoy lo ha sufrido con un ordenador obsoleto que no leía la presentación, y que se ha podido subsanar gracias a un bedel que ha puesto todo su empeño en solucionarlo.
Pero, como le ha dicho su amiga y colega, Esther, era su día y estaba preparada para lucirse.
Y lo ha hecho.
Una presentación magnífica, explicada haciendo docencia y dejando un halo de esperanza a un cáncer tan agresivo como el de páncreas.
Una tesis que, según el tribunal, es innovadora y abre la puerta para que otros sigan por ese mismo camino.
Después de leer sus conclusiones, han ido desgranando preguntas que aclarasen distintos temas tratados, algunos muy complejos para los que no somos médicos.
El tribunal se ha quedado sólo para deliberar y, unos minutos después, con todos los presentes en pie, han anunciado que la doctoranda se ha convertido en doctora, con la máxima nota que les está permitido comunicar, sobresaliente. Si es o no "cum laude", se vota en sobre cerrado y lo notificarán oficialmente pasados unos días.
Las fotografías, los besos, las sonrisas de felicidad, y la dedicatoria de su libro, que yo no quise que me hiciese hasta que no fuese doctora, ponen punto final a este acto.
Se cierra un ciclo que comenzó hace mucho tiempo, cuando una joven de diecisiete años, pisaba por primera vez la Facultad de Medicina.

Hace dos años, cuando su vida laboral dio un cambio radical, dejando la clínica y pasándose a la industria, escribí un cuento precioso, que no quiso que publicase, que se titulaba “Las alas de la princesa”.
Hoy ha vestido de oro esas alas y se volverá a preguntar si lo que ha hecho le acerca al lugar en el que quiera estar mañana, tal vez las alas puedan ayudar.

Yo solo puedo decir lo orgullosa que estoy de lo que es y, sobre todo, de cómo es.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Tiempos nuevos


Hoy siete de septiembre, quedará para siempre en mi recuerdo.

Hace aproximadamente dos años, decidí quedarme por las mañanas con Victoria, con poco más de siete meses. Contaba con la ayuda de mi marido, tenía tiempo y me apetecía disfrutar de la infancia de mi primera nieta.
Nuestra casa fue el sustituto perfecto de la guardería.

Lo que, en principio, iba a ser un año, lo alargamos con un «segundo curso» en el que mis paseos con la niña «Paseando con Victoria» fueron sustituidos con las mañanas en la Plaza de Oriente, en el parque a la que la llevaba su abuelo.

Durante los veranos, hemos compartido también mucho tiempo juntas, sobre todo este último, en el que se ha convertido en una señorita con la que mantener una conversación, jugar a cientos de cosas, o ser una magnífica escuchadora de cuentos.

Hemos vivido sus alegrías, sus rabietas, sus ilusiones, y todo aquello que, como padres, se nos escapó en muchas ocasiones con nuestros propios hijos, por falta de tiempo, inmadurez, inexperiencia…
Y ha llegado el día de hoy, y se ha trasformado en una colegiala en su primer día.

Ha acudido con ilusión a la Escuela Infantil de su colegio. Dice su maestra que no ha llorado y que le han gustado la cantidad de cuentos que había en las estanterías. Ella nos ha contado que, en el patio, ha jugado con una bicicleta amarilla y que todavía no tiene amigos y que ha llorado cuando ha visto que su mamá y su papá no estaban (por lo visto no ha pasado de ser un sollozo).

Lo que está claro es que ha decidido que no quiere volver.

Se me encoge el corazón, aunque sé que es lo mejor para ella.

Este es su primer gran cambio de los muchos que tendrá que asumir a lo largo de su vida y es duro, pero seguro que, en unos días, volverá a ser una niña feliz.

martes, 29 de agosto de 2017

Azul tormenta, lluvia añil. Mi opinión.

«Azul tormenta, lluvia añil» de A. V. San Martín.

No recuerdo cómo llegó a mi pequeña biblioteca digital esta novela, ni porqué empecé a seguir a su autora, conocida o amiga de alguien a quien ya conocía.
Si sé que elegí su lectura porque pasando páginas en mi lector electrónico,  para decidir cuál iba a leer, siempre se me abría ésta, sin yo querer, y me pareció que era la señal de que había llegado su momento.

Sinopsis:

¿Y si existiera la posibilidad de retroceder al pasado y corregir los errores cometidos? ¿Y si la mayor equivocación hubiera sido enamorarse de la persona incorrecta? ¿Cómo evitarías volver a hacerlo? ¿Cómo lo alejarías de tu vida?

Ana lleva escrito en su mirada la derrota. Su cuerpo soporta las huellas indelebles de los miles de golpes recibidos. Gastada y vencida deja que se escape cualquier signo de resistencia y deja de luchar por una vida que parece que ya no le pertenece, pero... a veces de los peores instantes y las épocas más lúgubres surgen las posibilidades más prodigiosas. ¿Se puede renacer de las cenizas? Ana descubre, tras despertar, que es 1999 de nuevo y vuelve a tener 18 años. Pese al misterio que entraña este retroceso en el tiempo, trata de sacar el máximo partido a esta segunda oportunidad reviviendo su etapa universitaria y sobretodo, alejando de su vida al hombre que la torturó, humilló y maltrató durante ocho años de matrimonio.


Mi opinión:

Partiendo de una premisa que me pareció absurda, la lectura me fue envolviendo en la historia, hasta hacerme casi olvidar ese comienzo, al que empecé a buscarle explicación.

Una historia dura, en la que se sufre con Ana, la protagonista, en cada desplante, en cada paliza.

Una historia tierna, en la que Ana tiene el privilegio de volver a tener dieciocho años, pero recordando todo lo vivido en los años posteriores, por lo que la amistad y el amor, se valoran de forma muy diferente.

Nos hace recordar un mundo que no es tan lejano en el tiempo, en el que los móviles estaban comenzando, las conexiones a internet no estaban generalizadas y el wasap no existía. 

Y así, página a página, nos va contando su historia, durísima, pero trasmitida de manera que no se convierta en una lectura desagradable.

Me han resultado pesados algunos pasajes en los que Ana, que cuenta la historia en primera persona, divaga por sus pensamientos.

Un par de giros importantes, poco antes del final, ponen un broche de oro a esta lectura.

A pesar de tener el maltrato como fondo es, ante todo, una novela de amor, amistad y compañerismo.

Bien escrita, muy cuidada.

Es una lectura muy recomendable.



domingo, 27 de agosto de 2017

Misa fin de verano.


Esta mañana se ha celebrado en la urbanización en la que paso el verano desde hace muchos años, la misa que marca el final de esta época vacacional. 

Es algo que ha quedado como recuerdo de lo que fue, y ya no es, esta comunidad. 
Esto era un como un pequeño pueblo, en el que nos conocíamos todos y, para la mayoría, era nuestra segunda residencia, en la que huir de Madrid, los fines de semana y las vacaciones.

En la actualidad, pocos quedamos de esos vecinos “fundadores” (nosotros o nuestros padres) y ahora es la vivienda habitual de muchos, un diez por ciento musulmanes, un veinte de búlgaros, algún sudamericano y, la última incorporación, una familia china. Viviendas humildes por su falta de infraestructura en unos edificios que se han quedado anticuados, con cuatro alturas sin posibilidad de ascensor, fachadas con cámara de aire escasa y rodeados de chalets, en lugar de prados, eso sí, con una magnífica zona común.

Antes, durante todo el mes de agosto, organizábamos diferentes fiestas y eventos, como olimpiadas infantiles, concursos, campeonatos de cartas y dominó, merendolas y fiesta de disfraces para los más pequeños. Todo esto se cerraba, el último sábado de agosto, con la celebración de la misa en la terraza del club social, la entrega de trofeos y una cena al aire libre.

Ahora, como digo, sólo queda la misa y por el empeño que pone la organizadora, Isabel, que año tras año, habla con el párroco del pueblo para que la oficie.
Yo acudo, por respeto hacia quien lo hace, y se mezclan en mi cabeza la nostalgia, el recuerdo y la pena.

Nostalgia de lo que fue y ya no es. Las niñas, nuestras hijas, hoy madres, ensayando varios días antes para acompañar con un magnífico coro; la gente de pie, porque no había sillas para todos; el altar decorado con rosas de nuestros rosales, que ya no existen porque el vandalismo de los chavales, que no respetan ningún espacio con los balones de fútbol, los han ido matando y nadie los ha repuesto.

Recuerdo de lo mucho que he disfrutado a lo largo de todos estos años.

Y pena porque, si hubiésemos puesto una silla vacía por cada miembro querido de nuestra comunidad que ya no está, incluidos mis padres, no habríamos tenido sillas suficientes.
Pero, como hay que ser positivo, un año más he asistido a esta misa diferente, en la que la media de edad es octogenaria, por lo que a mí me llaman la niña. Haciendo un cálculo rápido, los asistentes, pocos más de cincuenta, sumaban cuatro mil años.

Con la esperanza de la renovación, tanto arquitectónica como, lo que es más importante, viviendo la alegría de nuestros nietos disfrutando otra vez de estos espacios, empezamos a poner punto final a este verano, en este lugar especial.






miércoles, 23 de agosto de 2017

Tres años después (Carta a mi madre)


Me parece increíble que hayan pasado mil noventa y seis días sin que estés conmigo, con nosotros.
No sé porqué este verano me he acordado muchas más veces de ti.
Te he recordado el día que hice arroz con conejo porque a Carlos y a Mónica les encanta, y siempre pienso que no he conseguido igualarte. O cuando juego al escondite con Victoria y con Manuela, como hacías en tu casa con mis hijos, o el día de La Paloma, tan especial…Y cuando veo a tus amigas, las que yo llamo «de la quinta edad» jugar a las cartas.
También cuando le canto «La ovejita Lucera» a Almudena para que se duerma, siguiendo la tradición que tu iniciaste con su madre y sí, antes de que lo preguntes, sigo cantando igual de mal, pero la pobre es un bebé y no se sabe quejar, así que cierra los ojos por aburrimiento.
¿Qué te puedo contar de tus biznietas? Son muy diferentes.

Victoria se nos está haciendo mayor, razona mucho, se enfada, es bastante cabezota, le gusta ver fotos y vídeos en el móvil de su abuelo, que le leamos cuentos y, sobre todo, le encanta la música y bailar.
Manuela es alegre y testaruda. Le gusta caminar libre, que no le den la mano, no habla casi nada, pero se explica perfectamente y come regular…si, ya sé que estás pensando que es igual que su padre, por el que siente verdadera locura. Por cierto, también tiene su pelo, sus rizos.
Tiene pasión por su prima Almu y no veas como maneja el móvil buscando sus dibujos preferidos, deslizando su dedito.
De Almudena sólo puedo contarte maravillas. Es un bebé bueno, duerme bien, come bien, tiene una sonrisa encantadora, está siempre contenta y es extraño oírla llorar. Está rolliza y tiene la piel morenita, de tanto estar al aire libre. Es muy rubia y nos tiene a todos embobados.
Me gustaría hablarlas de ti, que te conozcan, pero son todavía muy pequeñas. Victoria, que es la mayor, todavía no tiene claro que yo pueda ser, además de su abuela, la madre de su mamá y del tío Carlos y que me llame Almudena como su hermanita. Esperaré a que puedan entender quien eres y lo que significas en nuestras vidas.
Te puedes imaginar que tus nietos están felices con las familias tan maravillosas que han formado y nosotros con ellos.
Ari, que acaba de volver de Cantabria y se vuelve a ir, creo que a Malta, está contenta con su trabajo y con su chico y disfruta de sus sobrinas siempre que tiene un huequito.
Y aquí seguimos, viviendo con intensidad cada día, los buenos y los menos buenos, que los hay, y añorándote, muchísimo.

Un beso, mamá.